C. S. Madrid | viernes, 15 de enero de 2016 h |

“Tratar no es solo prescribir, es cuidar al paciente, informarle para que sepa qué puede esperar del tratamiento, que entienda que tenemos un plan para él y que se intentará adaptar lo máximo posible a sus necesidades y expectativas y educarlo para la detección de síntomas, lo que contribuirá a establecer o intensificar el tratamiento lo antes posible”.

Esto es lo que segura el jefe del Departamento de Gastroenterología del Hospital Clínic de Barcelona, Julián Panés, sobre un correcto abordaje de la colitis ulcerosa (CU). Una patología que afecta a unas 200 personas de cada 100.000 en occidente y que repercute en la calidad de vida del 50 por ciento de los pacientes.

Panés resalta que la introducción de los tratamientos anti-TNF ha significado “un avance considerable” después de muchos años sin progresos que beneficiasen a los pacientes. No obstante, “aún hay un porcentaje de pacientes para el que las alternativas disponibles resultan insuficientes por lo que debemos seguir progresando en el desarrollo de nuevos fármacos”, agrega.

Otro de los aspectos en los que incide el especialista es en la adherencia terapéutica, aunque, puntualiza, sobre todo se debe tener en cuenta la accesibilidad a los tratamientos. “Las dificultades económicas para acceder a dichas opciones de tratamiento influyen en el cumplimiento”, subraya.

Calidad de vida

A todo lo anterior, se suma que esta es una enfermedad ‘silenciosa’ por lo que el diagnóstico se sospecha en función de determinas señales como la presencia prolongada (semanas o meses) de diarrea con sangre. “La exploración clave para hacer el diagnóstico es la colonoscopia y tomar biopsias para confirmar el diagnóstico”, indica Panés.

Al respecto, se destaca que la autoestima, las relaciones personales, el trabajo, etc., se ven afectados por la patología, de tal forma que el 41 por ciento de los pacientes considera que la CU determina el tipo de trabajo que desempeñan, el 55 por ciento ha tenido que solicitar una baja laboral a causa de su enfermedad y el 38 por ciento reconoce que ha disminuido su autoestima.