Oncología/ La prevención, el diagnóstico precoz, la información al paciente y el abordaje multidisciplinar son claves en el cáncer de cabeza y cuello

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Aún existe desconocimiento sobre la prevención y las alternativas terapéuticas

Formación y un sistema ágil de recepción de pacientes en ORL y maxilofacial, básico

| 2011-10-14T16:48:00+02:00 h |

JOSÉ GARCÍA

Madrid

“Me dolía una muela. Fui al dentista y aproveché para pedirle algo para una llaga que tenía en la lengua. Lo miró y rápidamente me mandó una biopsia. El diagnóstico: carcinoma en la lengua. Tiene muchos nombres técnicos, pero éste fue el único que me sonó. Aunque al principio me sentí muy abrumada, el abordaje multisdiciplinar de mi tumor incluso me ayudó a coordinarme. Tuve que organizar mi vida en función de que un día tenía que acudir a un especialista y al siguiente, a otro. Por mi parte, puse el deseo. Tenía que poder hablar y comer a pesar de que me costara media hora tomar un yogur, perdiera once kilos y me quedara anémica. A los especialistas, les pedí que me informaran en todo momento. Tenía que saber a lo que me enfrentaba y lo que esperar, que me dieran esperanza, no sólo de vida, sino de calidad de vida. Y recibí una información clara y honesta. Los especialistas me dijeron desde el primer momento que mi actitud sería lo más importante, el 50 por ciento de mi curación. Tanto mi oncólogo, como mi cirujano maxilofacial y mi médico de familia, estuvieron muy pendientes de mí. El factor humano para mí fue muy importante. Es fundamental que no te traten como un número”.

Es el testimonio de uno de los rostros más queridos de la televisión en España, Mayra Gómez-Kemp, que ha padecido uno de esos tumores que muchos oncólogos califican de “olvidados” o de “segunda clase”, los de cabeza y cuello, a pesar de que cada año se diagnostican 12.000 nuevos casos y es el quinto tumor con mayor incidencia en el mundo y el tercero en prevalencia, sólo superado por el cáncer de mama y el cáncer colorrectal.

“Estamos todos luchando para que a este tipo de tumores se le de la importancia que merecen, sobre todo por esa gran incidencia y gravedad”, explica Javier Martínez Trufero, oncólogo del Hospital Miguel Servet y miembro del Grupo Español de Tratamiento de Tumores de Cabeza y Cuello (TTCC). El experto reconoce que en algunos ámbitos sociosanitarios existe cierto desconocimiento sobre la prevención y las alternativas terapéuticas que se plantean. “En algunos casos sólo —dice— se valora el tratamiento quirúrgico, y la realidad es que existe un abordaje multidisciplinar, en el que habitualmente intervienen el otorrino, el cirujano, el oncólogo radioterapeuta y el oncólogo médico. Lo más importante es plantear las opciones terapéuticas disponibles, ver qué posibilidades hay, y en algunos casos, conseguir mantener la funcionalidad del órgano, bien sea la laringe o la faringe. Desde el TTCC intentamos que haya mayor información de esta patología”. Igual que Martínez Trufero opina Juan Jesús Cruz, jefe del servicio de Oncología del Hospital Universitario de Salamanca y presidente del TTCC, que añade que los profesionales sanitarios tampoco se implican de la misma manera en el abordaje de estos tumores.

Ahora bien, no todos los especialistas consideran estos tumores tan desconocidos. El presidente de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Patología Cérvico Facial (SEORL-PCF), Primitivo Ortega, sí cree que el profesional sanitario se implica en todos los tumores, y los de cabeza y cuello —matiza— son “altamente preocupantes a nivel social y sociosanitario” porque, según apunta, “durante muchos años la cirugía ha conllevado mutilaciones muy importantes y visibles”.

Diagnóstico precoz

La prevención y el diagnóstico precoz son esenciales. “Si yo no hubiera fumado, no hubiera tenido este cáncer. Estoy convencida de ello”, alega Gómez-Kemp. “Hay que suprimir el hábito tabáquico”, insiste Ortega y aconseja que en cuanto se tengan dificultades o molestias al tragar, afonía o úlceras en la boca se acuda rápidamente al médico. “Estamos en supervivencias de tumores incipientes por encima del 60-70 por ciento, incluso más altas, del 90 por ciento, en el caso de la laringe o el cuello”, asegura Ortega, “supervivencias —continúa— que se quedan en un escaso 50-60 por ciento cuando estos tumores se diagnostican en una etapa avanzada”. El alcohol es otro factor a evitar, pero los especialistas, confirma Martínez Trufero, hacen hincapié ahora en el virus del papiloma humano, ya que los casos de tumores de cavidad oral y de faringe están aumentando por determinados hábitos sexuales. “Nos estamos planteando incluso realizar un frotis de cavidad oral para la detección de este virus”, indica el oncólogo.

En el diagnóstico precoz es clave no sólo el papel del otorrino, sino el del cirujano maxilofacial, e incluso el del médico de familia y el odontólogo. “El mecanismo normal sería la detección de un síntoma por parte de un médico de familia o un odontólogo que pone la alarma para que el paciente sea valorado por un especialista maxilofacial u otorrino. Son ellos los que dan el diagnóstico preciso”, explica Martínez Trufero, que apela a la formación continuada para detectar determinadas lesiones y no demorar el diagnóstico. “El cóctel perfecto pasa por una mayor formación y alerta, y un sistema ágil de recepción de pacientes en los servicios de otorrino y maxilofacial”, advierte.

Otra de las claves pasa por el abordaje multidisciplinar a través de los comités de tumores, que acelera todo el proceso. “Cada caso se comenta de manera individualiza y el paciente sale ya con un diagnóstico y un tratamiento, y cada especialista de manera homogénea desde su campo empieza a actuar con ese paciente”, señala Martínez Trufero y explica que, aunque cuesten, las decisiones del comité suelen ser consensuadas, pero, destaca, “es muy importante que en los casos en los que hay alternativas, si la opción de la cirugía es igualmente efectiva al tratamiento de inducción con radioterapia, lo ético es informar al paciente y que decida, sobre todo en los protocolos de preservación de órgano”.

En este sentido, Ortega destaca que se ha avanzado “muchísimo” en los tratamientos de quimio y radioterapia, ahora bien, en el último Congreso de la SEORL —puntualiza— especialitas americanos y europeos se preguntaron si merecían la pena los tratamientos de preservación de órgano tan agresivos con quimio y radioterapia, puesto que no incrementaban la supervivencia y sí deterioraban la calidad de vida. Además esos órganos, después de la terapia, quedaban a veces inservibles y la cirugía de repesca era tremendamente complicada.

En este punto, Martínez Trufero apela a estudios internacionales que concluyen que los resultados en el tratamiento a pacientes resecables, con tumores que se pueden extirpar completamente en estadios T3 o T4, son exactamente superponibles a los resultados de la cirugía. Además, hay ventajas del tratamiento sistémico en cuanto a disminución de recidivas con metástasis y un mayor control. Asimismo, insiste el miembro del TTCC, hay una opción terapéutica posterior en el caso de fracaso del tratamiento quimioterápico que es la cirugía de rescate. “Hay un consenso a nivel internacional, y elegir un camino terapéutico quirúrgico o multidisciplinar es lo que se plantea al paciente, y si hay una función del órgano a preservar el paciente suele elegir esta opción de entrada”, comenta.

Con todo, tanto Martínez Trufero como Ortega reconocen que se va por “buen camino” con el abordaje multidisciplinar. “En los últimos años hay un acercamiento de posturas entre el mundo quirúrgico y el del tratamiento quimio y radioterápico, y se está trabajando para elaborar protocolos conjuntos que repercuten en la calidad de vida de los pacientes”. En definitiva —concluyen— en este tipo de tumores el tratamiento multidisciplinar consigue que los pacientes vivan más y mejor y tengan una mejor calidad de vida.