Planificación/ Las CCAA idean fórmulas para garantizar profesionales suficientes y evitar colapsos ante un repunte del H1N1 en otoño

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Zarco denuncia que no haya protocolos coordinados entre la primaria y la urgencia hospitalaria y medidas consensuadas con las organizaciones

Molero insta a incrementar la atención telefónica y establecer circuitos con triajes para que la enfermería realice valoraciones clínicas

| 2009-09-20T18:01:00+02:00 h |

José García

Madrid

“La mayoría de los pacientes deben ser atendidos por Atención Primaria y su seguimiento será domiciliario. Tan sólo deberán acudir a Urgencias —preferiblemente remitido y tras ser valorado por su médico— por su situación clínica”. Se trata de una recomendación del “Grupo de Crisis para la Gripe A” de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), que alerta también de un posible colapso de los servicios de Urgencias si no se activan planes de contingencia específicos.

Ahora bien, ¿está el primer nivel asistencial preparado desde un punto de vista estructural y de dotación de plantillas para hacer frente a un otoño complejo con un posible estallido de la gripe estacional, al que se puede sumar un incremento de casos de gripe A y la alarma social que ello genere?

Los expertos consultados por GACETA MÉDICA aplauden que los diferentes servicios de salud estén adoptando medidas e ideando planes de contingencia ante hipotéticos escenarios —la Comunidad Valenciana aprobó la semana pasada reforzar sus plantillas con más de 200 médicos de cara al invierno—, pero también censuran que el Ministerio de Sanidad no haya consensuado mensajes con las organizaciones profesionales, ni se haya dirigido a las mismas para planificar y ver posibles escenarios que se pueden producir. El objetivo habría sido generar unos patrones de conducta comunes para que los servicios de salud los adapten de acuerdo a su realidad.

Así lo plantea Julio Zarco, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), partidario de mantener un equilibrio “entre los alarmismos más apocalípticos y la dejadez más absoluta” al tratarse el H1N1 de un virus de “comportamiento incierto”, con un nivel de mortalidad mucho más bajo que el de la gripe estacional, pero de infectividad más alta.

La primaria, un colchón

Zarco también critica que no se hayan elaborado protocolos coordinados entre la primaria y la urgencia hospitalaria —“la primaria se quedará como un colchón para amortiguar toda la presión asistencial”— ni medidas consensuadas por todas las organizaciones profesionales. “Cada sociedad o sindicato tiene su plan, y la Administración, los suyos. Como consecuencia, se ha producido un caos de exceso de información, que ni está canalizada ni centralizada”, denuncia.

Para Zarco, una medida básica es informar al médico día a día, más que formarle, ya que “un médico de primaria tiene formación suficiente para manejar una gripe, bien sea estacional o A”. “Los dispositivos sanitarios deben organizarse a partir de la reestructuración de las consultas derivada de la información del día a día”, explica y reclama planes de contingencia, “que deberían estar ya funcionando”, pero “sin caer en alarmismos de, por ejemplo, tener que reclutar a médicos jubilados, sino haciendo más operativas las consultas de los profesionales”.

Información más estrecha

Partidario de una información más estrecha, sobre todo a los pacientes, es Andrés Cánovas, secretario general de CESM-Comunidad Valenciana. “Hay que informar de que la gripe A es benigna y que no se debe acudir a urgencias si no se tiene una sintomatología”, señala.

Convencido de que el colapso en las urgencias y la primaria se va a producir, Cánovas plantea como medidas estructurales, además de reforzar las plantillas, la contratación de enfermería de apoyo para un control domiciliario y la reducción de la burocracia del médico.

En lo de reforzar las plantillas coincide tanto con Ángel Tocino, vocal de Primaria del Sindicato Médico Andaluz, como con Levy Cabrera, vicesecretario del Sindicato Médico de Tenerife. Tocino defiende un nivel máximo de sustituciones para no sobrecargar las plantillas. En Andalucía, explica, se ha elaborado un plan con diferentes niveles según afluencia y demanda con vistas a mantener una cobertura mínima. “Está previsto un plan de sustitución del 60 por ciento”, indica.

Por su parte, Levy considera que el refuerzo de las plantillas de primaria podrá solucionar el problema de sobreasistencia, frenando casos que pueden colapsar la asistencia programada en hospitales, aunque, según dice, en Canarias aún no se ha contratado personal específico de refuerzo, pero sí se han mantenido reuniones con los colegios para tener un listado de médicos que pudieran ayudar en el caso de necesidad, tirando, por ejemplo, de médicos jubilados.

Estrategia por escalones

Esta hipótesis también está prevista en el plan que ha realizado Madrid. Beatriz Ogando, secretaria de Salud Laboral de CESM, explica que se ha planteado una estrategia por escalones para evitar el colapso y garantizar que haya profesionales suficientes para atender las demandas de la población. Con un déficit generalizado de médicos y enfermeros, el problema es saber de dónde se sacan. En Madrid, según las previsibles necesidades en función del aumento de casos, se recurrirá a médicos suplentes, refuerzos de personal que doblen jornadas, suspensión de permisos y profesionales sin actividad asistencial, como pueden ser jubilados o estudiantes de medicina.

Para Ogando, la primaria en Madrid está haciendo esfuerzos por determinar circuitos de atención y plantear escalones para sacar recursos, ahora bien, advierte que en los planes que se están acometiendo, no sólo en Madrid sino en casi todas las autonomías, se está olvidando un aspecto determinante: el refuerzo de la atención pediátrica, ya que la población más afectada es la infanto-juvenil.

Desde la Sociedad Española de Médicos de Familia y Comunitaria (Semfyc), José María Molero, del Grupo de Enfermedades Infecciosas, insiste en que partimos ya de un déficit de profesionales y unas plantillas muy ajustadas, por lo que, en su opinión, hay que articular medidas excepcionales. Según él,“iniciativas como recuperar a médicos no asistenciales o el doblaje de jornadas suplirían el número de bajas que se van a producir como consecuencia de la enfermedad e incrementarían entre un 15 y un 20 por ciento los recursos disponibles”.

Atención telefónica

Otras medidas, concluye Molero, pasarían por establecer circuitos asistenciales con triajes para que determinadas valoraciones clínicas puedan ser realizadas por la enfermería e incrementar la atención telefónica dentro de los equipos a los pacientes, obviando planteamientos que no se ajusten a una evidencia como alejar de la asistencia a las profesionales embarazadas.