| viernes, 09 de septiembre de 2011 h |

Qué candidato al Colegio de Médicos de Madrid antaño afín a Uniteco busca ahora el apoyo de AMA para suceder a Fariña, a la que da por amortizada?

Por qué no aplica Alarilla el mismo criterio empleado con Abreu y echa del colegio a todos los vocales absentistas

Qué mujer que trabaja en el Colegio va diciendo que levantará las alfombras de Uniteco si la mueven de su puesto, en el que cobra cada mes cerca de un millón de las antiguas pesetas?

Qué dirigente de la CESM ha sido incapaz de parar el escándalo de Valencia, con el presidente del sindicato de por medio?

Qué consejero del PP ha fallado estrepitosamente en las dos primeras decisiones que ha tomado?

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

El Ministerio de Sanidad sigue instalado en su táctica de hacer ver que hace cuando en realidad no hace nada de nada. Después de dos legislaturas en las que ha ninguneado a los profesionales sanitarios, aplicándoles por ejemplo una rebaja de sueldo sin precedentes, y negándoles una y otra vez el debate en los foros, mesas y demás órganos de representación pertinentes, el departamento de Leire Pajín se ha descolgado ahora con una convocatoria de Mesa Sectorial en la que proporciona voz, cómo no, a sindicatos afines y otros corifeos que matarían por salir en la foto. Uno de los asuntos a tratar, como ya hizo con esa entente amorfa llamada Foro de la Profesión Médica, es la formulación de un documento para “apuntalar el sistema”, según reza el departamento. Llama la atención que con el riesgo país por las nubes, los niveles de insolvencia en máximos, las principales variables macroeconómicas derrumbadas y una deuda que sólo en Sanidad supera con creces los 15.000 millones de euros, los altos cargos del departamento traten en estos momentos de demostrar que corren raudos a solucionar los problemas, cuando hace tres años recibieron señales evidentes e inequívocas de la bancarrota y se quedaron con las manos cruzadas. Para los que no lo recuerden, vean el primer borrador de pacto por la Sanidad emanado de las cocinas del Ministerio para juzgar si este Ministerio estaba o no, como todo el Gobierno, en el limbo más absoluto, e instalado en el argumento de que no existe crisis si ésta se niega sistemáticamente, aunque el país se hunda sin remedio, como desgraciadamente está ocurriendo.

Pese a las apariencias, el problema es que siguen en esta tesitura, porque nadie puede negar ya a estas alturas que el documento de objetivos no es más que un texto propagandístico y vacuo, pensado para la mayor gloria de los firmantes, como ocurrió con el programa que suscribieron las dóciles organizaciones médicas que tuvieron a bien reunirse con Pajín antes del verano como si tal cosa, pese al desprecio que han sufrido de las autoridades sus representados en estos últimos siete años. A pesar de ser escandaloso, el papel de Sanidad no sorprende: es el mismo al que nos tiene acostumbrados. Recuerden que en plena efervescencia de la quiebra, con las consejerías empezando a hundirse en el fango y con todo el sector lanzando quejas de los impagos, este departamento tuvo las narices de elaborar una estrategia de salud sexual y reproductiva que llamaba criaturas a los bebés, y se dedicaba a perseguir los refrescos en los colegios mientras el consumo de drogas se disparaba entre la población juvenil a pasos agigantados. No. Lo que llama la atención no es el burdo intento manipulador —uno más— de la ministra y sus lugartenientes, siguiendo fielmente las enseñanzas de sus antecesores. Lo que sorprende y, a la vez, irrita sobremanera es la complicidad de los firmantes: que nadie tenga redaños a abandonar la mesa de diálogo despreciada durante siete años, y que todos los allí presentes presten el nombre de sus organizaciones para mayor gloria de un departamento insensato, que pasará a la historia negra de la Sanidad española. Como sucedió con los médicos, tan obsequiosos con el Gobierno después de que éste aparcara la liberalización de los colegios, los afiliados de base deberían decir basta y pegar un puñetazo en la mesa. No sólo les han machacado durante los últimos meses, sino que ahora, además, tratan de engañarles con una ópera bufa igual que la que Llamazares trataba de vender en el Congreso.