A. C. Madrid | viernes, 25 de septiembre de 2015 h |

Existen diversos dispositivos cardiacos electrónicos implantables con un gran abanico de funciones. Unos tienen función exclusivamente diagnóstica, como los Holter insertables y otros destacan tanto por sus capacidades de diagnóstico, como de tratamiento.

María López, del Hospital Doce de Octubre, explica que entre estos últimos se encuentran los marcapasos —para los pacientes con un ritmo cardiaco “anormalmente” lento de forma “continua o episódica”—, los desfibriladores implantables (DAI) —para pacientes que han sufrido arritmias ventriculares que ponen en riesgo su vida o corren el riesgo de sufrirlas— y los dispositivos de resincronización cardiaca —para quienes presentan insuficiencia cardiaca (IC) y un bloqueo de rama—.

En las últimas décadas, los avances que se han producido en este campo han sido “muy significativos”, como asegura el director de la Unidad de Arritmias y Electrofisiología Cardiaca del Hospital Virgen de la Salud, Miguel Ángel Arias, quien incide en que, además de haberse simplificado la técnica de implante, se ha reducido el tamaño de los sistemas y se han añadido mejoras “muy sustanciales en algoritmos de diagnóstico y tratamiento”. Asimismo, la tecnología ha permitido aumentar su longevidad, lo que evita tener que realizar reemplazos con excesiva frecuencia.

Eso sí, de entre todos los avances y novedades del panorama cardiológico, la que destaca el experto por ser “clínicamente relevante” es la compatibilidad de los dispositivos para que a un paciente portador puede someterse a una resonancia magnética (RM).

“Tradicionalmente, ningún dispositivo tenía compatibilidad con RM, pero desde hace unos años todos los fabricantes ofrecen compatibilidad con sus marcapasos”, afirma Arias, al tiempo que puntualiza que, recientemente, se ha agregado esta característica a los desfibriladores implantables y dispositivos para resincronización cardiaca.

Al respecto, López explica que el problema de la RM es que crea “un potente campo magnético que puede afectar a los componentes y al funcionamiento de los dispositivos cardiacos implantados”. Si bien es cierto que los portadores de los dispositivos compatibles con esta prueba pueden someterse a esta exploración bajo determinadas condiciones, no hay que olvidar que “se debe realizar inmediatamente antes de la prueba una programación especial para evitar interferencias”.

En los DAI, se debe desactivar la detección de arritmias y la estimulación —motivo por el cual los pacientes con desfibrilador, dependientes de la estimulación, no pueden someterse a esta prueba— y en los portadores de marcapasos, dependientes de la estimulación, hay que programar de modo fijo. “El paciente debe tener monitorización del ritmo durante toda la prueba”, apostilla López.

En este sentido, la compañía Boston Scientific ha recibido el marcado CE para su familia actual de DAI de larga duración y MINI, así como del desfibrilador con terapia de resincronización cardíaca X4. Esto garantizará que los pacientes que vayan a recibir en el futuro o que sean ya portadores de estos sistemas puedan someterse a pruebas de RM cuando estas estén indicadas. Esto, para los especialistas en arritmias, “supone más trabajo” porque es necesario programar el dispositivo “de una forma especial y revisarlo después”, pero sin duda, prosigue la especialista del Doce de Octubre, el beneficio es para el paciente.

Para Arias, este paso permite a los profesionales poder realizar “con seguridad para sus pacientes pruebas de diagnóstico de imagen, que antes no se podían obtener, garantizando que la integridad del dispositivo cardiaco implantable no estuviera comprometida ni pusiera en riesgo al mismo paciente”.

Asimismo, señala que no se debe pensar que el beneficio es únicamente para los cardiólogos, sino que son muchos los especialistas que pueden aprovecharlo.

Arias subraya que la capacidad diagnóstica de la RM es superior a la de cualquier otra técnica en determinadas patologías, por lo que en caso de no poder realizarse, “el paciente no obtendrá los mismo beneficios diagnósticos”.

Finalmente, Arias dice que, si bien es cierto que cualquier primoimplante en el que se haya utilizado un desfibrilador Autogen o Inogen, —siempre y cuando sea el sistema completo (dispositivo y cables)—es compatible con RM de 1.5 Teslas, en la actualidad, aún no se cuenta con el dispositivo perfecto compatible con esta prueba. “El objetivo es conseguir que la compatibilidad sea en equipos de 3 Teslas, para el cuerpo completo, sin límite del tiempo de exposición, tanto en primoimplantes como recambios y que exista compatibilidad entre todos los dispositivos y cables de los fabricantes”, concluye.

No todos los pacientes son susceptibles de recibir un dispositivo cardiaco implantable. En general, van dirigidos a quienes padecen trastornos del ritmo cardiaco en forma de ritmos lentos sintomáticos, pacientes en riesgo de sufrir arritmias ventriculares que pueden comprometer su vida y algunos que sufran insuficiencia cardiaca, con determinados perfiles clínicos.

Ahora bien, ¿cómo es la calidad de vida este colectivo? De acuerdo con López, tras un implante, la mayoría de los pacientes se reincorporan a sus actividades cotidianas, “estando habitualmente más limitados por la cardiopatía subyacente que por el propio dispositivo”. Todos los pacientes a los que se les ha colocado un dispositivo en España recibe un manual con sus características, posibles interacciones con los aparatos utilizados en la vida diaria, recomendaciones de cuidado personal, etc. “La información de todos estos aspectos y el seguimiento estrecho sin necesidad de desplazarse al hospital que brinda la monitorización domiciliaria, hace que en general el paciente acepte el dispositivo como un amigo que le ayuda a vivir más y mejor”, agrega.

A su vez, Arias pone el ejemplo de aquellos pacientes que tienen terapias del desfibrilador en forma de descargas frecuentes. En este caso, “ven mermada su calidad de vida y pueden presentar secuelas psicológicas”, informa el experto, quien añade que las formas de programación de los dispositivos dirigidas a minimizar el riesgo de descargas por arritmias benignas, u otros problemas, contribuirán a que la calidad de vida del paciente no se vea reducida por este motivo.