juan pablo ramírez Madrid | viernes, 14 de marzo de 2014 h |

La identificación de aquellas tecnologías sanitarias no necesarias en la cartera de servicios, su eliminación y la reinversión en aquellas más coste-efectivas es la principal vía para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. El profesor titular de Economía de la Universidad de Murcia y tesorero de la Junta Directiva de la Asociación de Economía de la Salud (AES), José María Abellán, señala otras dos posibilidades más comunes hasta ahora. Por un lado, los recortes lineales como la bajada de sueldos de los profesionales sanitarios; y, por otro, evitar despilfarros con la puesta en marcha de centrales de compras.

Abellán subraya que en la actualidad la Administración ha apostado por reducir en aquellas “partidas donde resulta más fácil hacerlo como en los salarios o en la guardias, pero se ha demostrado que estas medidas sirven sólo a muy corto plazo”, detalla.

El experto en economía considera que el Sistema Nacional de Salud debe seguir la estela de otros sistemas sanitarios como el australiano, que puso en marcha un proyecto para la detección de ineficiencias; del estadounidense con su programa ‘Choosing wisely’, que identificó 146 rebatimientos de la práctica médica, o del británico ‘do-not-do’ con el modelo NICE. En España ya se han puesto en marcha medidas similares. 12 sociedades científicas han advertido cada una sobre cinco prácticas clínicas ineficaces y que, sin embargo, eran habituales en los hospitales y centros hospitales. El resultado fue un documento de 50 recomendaciones.

Un coste político

El problema para que este tipo de iniciativas pueda llevarse a cabo, según Abellán, es que suponen “un coste político, porque hay que explicárselo a la población, y un coste cultural, porque hay que convencer al profesional sanitario”. El profesor en la Universidad de Murcia insiste en que aquellas prácticas, tecnologías sanitarias o aparatos que resultan ineficaces, que no aportan valor o que suponen un riesgo-beneficio para el paciente poco adecuado deben “desfinanciarse total o parcialmente”.

Abellán subraya que se trata de un debate “delicado y difícil de abordar”, ya que este tipo de reformas suponen costes políticos, económicos y culturales, que se derivan de cambiar “inercias” en la práctica médica e insiste en la necesidad de que las Administraciones asuman el liderazgo.

Los ahorros que se generen en estas partidas “deben reorientarse hacia aquellas tecnologías sanitarias que son más coste-efectivas”. Una vez que las Administraciones central y autonómicas han cargado sus medidas de ahorro sobre los profesionales sanitarios y los problemas derivados de la crisis que impiden el crecimiento, Abellán cree que ésta debe ser la vía por la que se rija el SNS.

Crecimiento económico

“La economía española tendría que crecer un dos por ciento aproximadamente, que es una cifra muy elevada para las circunstancias actuales, para asegurar la sostenibilidad del sistema”, destaca Abellán, que reitera que ante las previsiones económicas del país para los próximos años, deben acometerse “reformas estructurales”.

El primer paso para la puesta en marcha de estas reformas estructurales pasa por un proceso lento “en el que se debe desinvertir en primer lugar en aquellas tecnologías que son inseguras para el paciente”, y posteriormente las que no se usen para enfermedades graves, las que sean muy invasivas, con impactos muy altos en los pacientes, y “las que generen menos resistencia entre pacientes y proveedores”.

Durante la celebración de las jornadas ‘Gestión económica y evaluación hospitalaria’ que organizó recientemente AES en Pamplona, Abellán hizo especial hincapié en prácticas “innecesarias o inútiles”, como el ingreso en la UCI de pacientes terminales, o “inclementes”, como aquellas que producen “una escasa reforma en la cantidad o la calidad de vida del paciente”.

El experto señaló otras medidas “de escaso o nulo valor” como la utilización rutinaria de la placa de tórax en el preoperatorio para pacientes que no hayan presentado antecedentes. También consideró ineficiente, desde el punto de vista de la evaluación económica la utilización de medicamentos como los antitumorales por debajo del umbral de eficiencia, con un coste estimado de 30.000 euros por año de vida.

El jefe del Departamento de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Salud Pública del Instituto de Salud Carlos III y miembro de la Asociación de Economía de la Salud, José Ramón Repullo, identifica tres modelos diferentes de reinversión en un artículo publicado en la ‘Revista de Calidad Asistencial’: clínica, asistencial y sistémica. La primera de ellas es la que realizan los propios profesionales. Según Repullo es la que tiene un mayor potencial de mejora de la calidad, aunque presenta un problema: genera pocos ahorros financieros . Una vez que los médicos dejan de ver pacientes que no necesitan citas tan frecuentes o erradican prácticas de escaso o nulo valor, su tiempo, consultas, quirófanos y camas “tienden a llenarse de demanda inhibida que estaba esperando hueco para ser atendida”.

La asistencial presenta, desde su punto de vista, un potencial de mejora de la calidad bajo, ya que su aplicación “tiende a ser inespecífica”, aunque su capacidad de ahorro económico es mayor, al menos en el corto plazo. La función directiva puede jugar aquí un papel importante con medidas como el cumplimiento de los tiempos contratados, suministros más económicos o menos despilfarro de recursos. La sistémica supone la creación de recursos de conocimiento, estrategias y modelos de organizativos que permiten la posibilidad de consolidar respuestas coherentes y de largo alcance. Es en este ámbito donde existe una mayor vinculación de los sistemas públicos con la desinversión en lo inefectivo y reinversión para la viabilidad del SNS.