c.m.l Madrid | viernes, 24 de octubre de 2014 h |

Los modelos actuales en el sistema sanitario están viviendo un momento crucial debido a las políticas de ajustes y a la crisis, agravadas por el incremento de la cronicidad y multimorbilidad de una sociedad en un proceso acelerado de envejecimiento. Ante esto, los servicios de salud han iniciado profundas transformaciones principalmente por motivos de sostenibilidad y la mejorar de la calidad de la atención a los pacientes. Así, la presión sobre los responsables y líderes sanitarios por encontrar modelos más eficientes es creciente. Estas soluciones demandan innovación y cambios organizativos y tecnológicos, así como un nuevo liderazgo que permita definir un nuevo marco más sostenible del sector. Así quedó recogido en el marco de las XII Jornadas de Gestión y Evaluación de Costes Sanitarios que se celebraron la semana pasada en Huesca, organizadas por la Fundación Signo.

En este contexto, varias comunidades autónomas han hecho del proceso de transformación una prioridad y han implementado iniciativas enfocadas a conseguir la triple meta de mejorar los resultados de salud de la población, la calidad de la prestación sanitaria y simultáneamente hacer un uso más eficiente de los recursos disponibles. A juicio de Patricia Arratibel, responsable de Proyectos, Gestión y Coordinación de Deusto Business School Health, estas iniciativas están basadas en la promoción de estilos de vida saludables y en la prevención, en la integración sanitaria y sociosanitaria, y en el apoyo al desarrollo de un paciente informado y comprometido con el autocuidado de su enfermedad.

Sin embargo, para todo ello hay que empezar a implementar cambios reales en los distintos niveles de actuación. A nivel macro (administración), Arratibel incide en la necesidad de que los recursos económicos se asignen en función de los resultados en salud, de tal manera que de una financiación por actividad se pase a financiar por objetivos. A nivel micro (gerencia hospital), se hacen necesarios cambios en la planificación de los recursos, “no sólo desarrollar qué hay que hacer, sino cómo gestionar”, explica Arratibel. En este sentido, explica que el nuevo marco tiene que ser más proactivo, incorporando las nuevas tecnologías, potenciando el rol de enfermería como agente conector de la gestión de casos, consolidando la continuidad de cuidados mediante organizaciones integradas y la implicación de los profesionales en la gestión de recursos.

Con estas premisas, los expertos son conscientes de que los dispositivos asistenciales actúan de forma diferente atendiendo a si son evaluados respecto a la actividad realizada, o en función de los resultados de salud en la población.

Evaluación

Sin embargo, se plantea la tesitura de el sistema puede asumir las necesidades en los posibles cambios de ubicaciones de profesionales, tareas, variaciones de partidas presupuestarias, etc. que surgen al plantearse una orientación a resultados de salud. Un enfoque que obligaría a un rediseño de los actuales dispositivos asistenciales, forzándoles a buscar una mayor integración. Con todos estos ingredientes, los expertos plantean si el SNS está en condiciones de reenfocar la gestión de estos recursos. En este sentido, el pago por incentivos se abre paso como una posible solución. Josep Pomar, patrono Fundación Signo, asegura que hay que centrarse en la financiación de resultados olvidando los presupuestos basados en la historia o la actividad del hospital. Aunque se están consiguiendo avances en materia de medición y evaluación, ahora hay que analizar si el SNS es capaz de hacer públicos estos datos. Algo que para Pomar no está tan claro ya que “aún faltan evidencias y mucho trabajo de análisis y formación para poder hacerlo”, precisa Pomar al tiempo que recuerda que es necesario hablar de resultados no sólo clínicos, sino teniendo en cuenta la visión del paciente.

La toma de decisiones

En este proceso de cambio, la toma de decisiones es cada vez más compleja. De esta forma, durante las jornadas se abordó la necesidad de implementar herramientas que optimicen el liderazgo. Una de ellas, es a través de sistemas de información con herramientas de Business Intelligence (BI), es decir, a través de tecnologías orientadas a la transformación de datos en información, y a la información en conocimiento, de manera que pueda optimizarse el proceso de toma de decisiones. De este modo, Pol Pérez, director de la Dirección de Sistemas de Información del ICS, señala que en un sistema de BI los datos están estructurados para permitir consultas de elevado rendimiento a los sistemas operacionales que están diseñados para dar soporte a las propias tomas de decisiones. Así, apunta a que “el modelo debe ser flexible al acceso a los datos, debe presentar tiempos de respuesta adecuados, información dirigida al usuario del modelo, exhaustividad y veracidad de los datos”. En este sentido, requiere disponer de los datos con la máxima desagregación y la mínima temporalidad posible (Reporting Operacional).

Con todo, los expertos llegaron a la conclusión de que los sistemas de BI se diferencian de los sistemas operacionales en que están optimizados para responder preguntas y distribuir información. Además, no se puede comprar, ha de ser construido. “La construcción y la implantación es un proceso en evolución continua, tiene un principio pero no tiene fin”, indica Pérez.

Eficiencia y gestión han sido dos de los conceptos en los que han insistido los responsables políticos durante las jornadas. En este marco, el consejero aragonés, Ricardo Oliván, incidió en la necesidad de evitar duplicidades entre los distintos servicios que ofrecen los centros hospitalarios y eliminar las “fronteras administrativas” que impiden llevar a cabo esta labor. A su juicio es necesario adoptar medidas para tratar de ajustar la demanda los usuarios a lo estrictamente necesario a fin de evitar que los pacientes utilicen el sistema como “la carta de un restaurante”. Oliván se mostró partidario de implicar a los profesionales en un “uso racional” de la sanidad y en enseñar a los pacientes el “uso por necesidad” del sistema. Por su parte, el consejero de Valencia, Manuel Llombart, explicó que a causa de la crisis, los profesionales sanitarios se han concienciado “más que nunca” de la importancia de sus decisiones en la sostenibilidad del sistema. Una responsabilidad que les ha llevado a colaborar en el sostenimiento de la sanidad mediante la aceptación, entre otras cuestiones, de reducciones salariales. En la misma línea de su homólogo aragonés, propuso la puesta en marcha de acciones dirigidas a formar a los pacientes en un uso racional del sistema de salud e invitó a reflexionar de que el gasto “fundamental” es el que generan los pacientes crónicos. Por su parte, el consejero de La Rioja, José Ignacio Nieto, considera que en su comunidad se han aplicado distintos criterios de eficiencia para gestionar la demanda de los usuarios, con unos resultados que calificó de satisfactorios. La organización de las agendas médicas, los conciertos sanitarios y la implicación de los usuarios en la gestión sanitaria son algunos de los criterios que destacó. Nieto defendió, además, la necesidad de conseguir una mayor implicación de los profesionales sanitarios en esta forma de gestión mediante “cambios” en el sistema retributivo e, incluso, en el régimen jurídico. Por su parte, la consejera murciana, Catalina Lorenzo, se mostró partidaria de dar mayor “preponderancia” a la atención primaria, como fórmula para conseguir una gestión más eficiente de las demandas de servicios de los usuarios. A este respecto, y en línea con su antecesor en la palabra, abogó porque los profesionales y el propio sistema asumirán la responsabilidad de formar e informar a los ciudadanos en un uso racional de los recursos.