Gaceta Médica Madrid | lunes, 19 de mayo de 2014 h |

En una época “normal” los estudios que miden la relación coste eficacia del tratamiento farmacológico tienen mucho peso en la toma de decisiones clínicas. Sin embargo, en un contexto de crisis, los gestores miran el presupuesto a 31 de diciembre en lugar de los estudios de coste eficacia a cinco o diez años. Es la impresión de José María Gatell, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínic de Barcelona, que asegura que la sociedad tiene que presionar a políticos y a quienes toman decisiones para que tengan en cuenta que lo importante no son los presupuestos a final de año, sino que una tecnología o una intervención médica aporte una buena relación coste eficacia a medio y largo plazo. “Hay que convertir a los políticos en hombres de estado, conseguir que miren a diez años vista, en lugar a diez meses”, asegura.

El especialista está convencido de que no hay otro camino: “Si queremos apostar por un país serio, con los mismos estándares que los países más avanzados del mundo occidental, hay que hacerlo así”.

No es la primera vez que Gatell sostiene que la relación coste eficacia del tratamiento antirretroviral está entre los mejores de la historia de la Medicina. A pesar de que parece caro, lo que se ha de pagar para conseguir un año con muy buena calidad de vida es poco si se compara con otros procedimientos médicos como un bypass aortocoronario o la diálisis para la insuficiencia renal crónica, asegura. Además, en un momento en el que se habla de inequidades en el acceso a las terapias en otras patologías, los antirretrovirales sólo protagonizan estas polémicas cuando la barrera de acceso es el derecho a la prestación sanitaria, como sucede con los inmigrantes ilegales. Con pequeñas excepciones, el acceso a estos medicamentos es bastante uniforme en todo el país, matiza.

El impacto de los genéricos

Dentro de este área, la vía de ahorro llega de la mano de los genéricos. “Algunos de nuestros fármacos tienen ya diez y quince años de antigüedad, las patentes han caducado y se convertirán en genéricos, lo que permitirá ahorrar bastante dinero”, sostiene. No obstante, recalca que esa transición de fármacos de marca a genéricos hay que hacerla de forma ordenada, bien hecha, sin que se modifique lo que sea más conveniente para los pacientes.

El especialista espera que no vuelvan a darse situaciones como la ruptura de los combos en algunas comunidades autónomas a raíz de la aparición de los primeros genéricos. En aquel momento, combinar un fármaco de marca con un genérico resultaba más barato que emplear dos fármacos originales integrados en un combo.

La negociación puede evitar que vuelva a suceder, apunta, y cree que la industria tiene un cierto grado de sensibilidad sobre ello. De hecho, a día de hoy, subraya, los combos han bajado sustancialmente los precios y se acercan bastante a los de los genéricos. Habría que ir en esa dirección, aunque también habría que asumir que, llegado el caso, se pague un pequeño precio adicional por un pequeño valor añadido, destaca.

Con el mismo objetivo de ahorro se perfila en Cataluña la “tarifa plana” en fármacos de VIH, fijada por el ejecutivo regional en 625 euros por paciente al mes. Como ya avanzó el especialista de Gesida (ver GM nº511), la cantidad se ajusta a los 7.500 euros de coste medio anual, aunque habría que corregir matices, por ejemplo en pacientes con resistencias. En cualquier caso, Gatell duda de que tenga consecuencias clínicas: “no es muy diferente del coste real y no va a suponer ningún cambio dramático. Además, no se ha acabado de discutir del todo, se está negociando”, apunta.

Quienes sí acusan las estrecheces económicas son los enfermos con VIH coinfectados con el virus de la hepatitis C. El acceso a los nuevos tratamientos, que permitirán la curación de la enfermedad, se complica para los afectados por VIH no sólo por las restricciones presupuestarias, sino también porque, de partida, este perfil de paciente se ha excluido de los ensayos científicos. Gatell explica que la gran mayoría de estudios se han llevado a cabo dejando fuera a estos pacientes, y las agencias reguladoras los aprueban para pacientes sin VIH. “Son una parte del problema”, sostiene, puesto que si hubieran pedido que se incluyeran lo habrían hecho, indica.

Como consecuencia, varios medicamentos llegarán con retraso a los pacientes VIH positivos. No obstante, se está corrigiendo y algunos nuevos fármacos se desarrollan también para estos enfermos. “La segunda generación de medicamentos ya no tendrá este problema”, sentencia.

Problemas de acceso

Para Antonio Rivero, jefe de la Unidad de VIH del Hospital Reina Sofía de Córdoba y secretario de Gesida, en un periodo de crisis como el actual, el coste del tratamiento también es un obstáculo y es previsible que los nuevos fármacos para la hepatitis C lo incrementen. “Desde la comunidad científica y la trinchera de la consulta, donde vemos pacientes con la enfermedad, que han fracasado, con situación avanzada, etc., es una urgencia que reciban estos tratamientos”, reclama.

Las nuevas opciones terapéuticas serán fundamentales para aumentar la supervivencia de algunos subgrupos de pacientes. Es un mensaje clave y contundente que Rivero considera que hay que hacer llegar a las compañías farmacéuticas y la administración sanitaria: “Es prioritario conseguir el mayor número de pacientes curados”.

Rivero admite problemas de acceso a fármacos como telaprevir y boceprevir en algunas comunidades. Pese a ser más baratos que los nuevos, incrementan el coste y hay acceso limitado en algunos centros y regiones. De los nuevos, una parte están aprobados por la agencia europea y otros en negociación con el ministerio de Sanidad. La única vía es el uso compasivo, que exige autorización de hospital y comunidad autónoma.