gm Madrid | viernes, 19 de diciembre de 2014 h |

Si bien no es la primera vez que el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) publica estudios que demuestran la capacidad de la enzima telomerasa para reparar daños celulares producto del envejecimiento, sí es la primera vez que publican datos que muestran que la reactivación de esta enzima es útil también en enfermedades asociadas al propio proceso de envejecimiento.

Tal y como ya anunció hace aproximadamente un año María Blasco, directora del CNIO, su equipo se encontraba investigando en el potencial de la terapia génica para la reactivación de la telomerasa tras un infarto de miocardio, una línea de investigación con la que manejaban porcentajes del 20 por ciento de supervivencia en modelos preclínicos de ratón. Ahora, los resultados definitivos de este estudio, en el que han colaborado los grupos de Fátima Bosch, de la Universidad Autónoma de Barcelona, y de Kai Wollert, de la Facultad de Medicina de Hannover, han sido publicados en la revista Nature Communications.

En el texto, los autores hablan de una supervivencia del 17 por ciento en aquellos ratones a los que se les inyectó telomerasa a partir de un virus modificado genéticamente, frente a los ratones control. Además, los autores también señalan que, según su estudio, “los corazones que expresan telomerasa muestran menos dilatación cardiaca, mejor función ventricular y cicatrices más pequeñas debidas al infarto”.

Asimismo, los resultados obtenidos apuntan a que, al mismo tiempo que tienen lugar estas mejoras, también se produce una regeneración de los cardiomiocitos, uno de los objetivos más buscados en la investigación en tratamientos postinfarto. “Uno de los objetivos de la cardiología en el tratamiento del infarto de miocardio y la prevención del fallo cardiaco es la regeneración cardiaca eficiente, pero hasta ahora no ha habido avances significativos”, destacan.

Los efectos beneficiosos en supervivencia coinciden además con la presencia de células del miocardio con telómeros más largos y con la activación de varias vías asociadas a protección cardíaca y regeneración, una “prueba de concepto para el desarrollo de estrategias innovadoras”, apostillan los autores, que esperan poder aplicar en breve esta terapia génica en cerdos, como paso previo a un ensayo clínico en humanos.

Para Francisco Fernández-Avilés, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón y colaborador en este futuro ensayo clínico en cerdos, “el trabajo es impresionante por su ingenio y metodología, además de totalmente disruptivo desde el punto de vista clínico, ya que abre puertas a vías nunca antes exploradas en patologías cardiacas”.

En su opinión, esta investigación “supone dos hitos fundamentales” ya que demuestra, por un lado, que los mecanismos naturales de preservación de la información genética están implicados en la protección y regeneración miocárdica y, por otro lado, enseña que estos mecanismos pueden ser reactivados de forma terapéutica.