CARDIOLOGÍA/ Los expertos discrepan sobre las ventajas de realizar rutinariamente ‘electros’ a los amateurs, y ecocardiogramas a los profesionales

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Tecnología y genética buscan la forma de evitar los casos de muerte súbita en jóvenes sanos estudiando su carácter familiar y hereditario

La controversia tiene en su coste-eficacia y la especificidad de los resultados con ellas obtenidos los principales puntos de discusión

| 2010-07-09T17:42:00+02:00 h |

e. sAINZ cORADA

Madrid

Hacer el diagnóstico de una patología que no muestra síntomas y se presenta en personas jóvenes y, en apariencia, sanas y deportistas es, sin duda, una tarea complicada. Más aún si cuando ésta lo hace de forma fulminante y fatal. Eso es lo que sucede con la muerte súbita (MS). Y ése es el reto que se presenta a los expertos que la estudian, que se han propuesto encontrar la forma de adelantarse a los acontecimientos y evitar más muertes.

Sobre ello ahondaron dos cursos de verano la semana pasada —uno bajo el título “Cardiopatías, deporte y medios de comunicación” organizado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP); el otro, “Cardiología y Genética: oportunidades para un manejo más específico”, celebrado en El Escorial— en los que se dejo constancia de dos cosas: los grandes avances producidos en este campo especialmente en el área de la Genética, y la falta de acuerdo respecto a la realización de pruebas necesarias para su detección precoz.

De lo primero habló Roberto Elosúa, coordinador del Grupo de Epidemiología y Genética Cardiovascular del Instituto Municipal de Investigación Médica del Hospital del Mar de Barcelona, apuntando que en los últimos cinco años se han identificado más de 20 características genéticas asociadas con un mayor riesgo de presentar una cardiopatía isquémica: “Hay estudios que indican que algunas de estas características pueden ser útiles para calcular con mayor precisión la probabilidad que cada uno de nosotros tiene de presentar un acontecimiento cardiovascular en el futuro y actuar sobre ellos”.

Ahora, cuenta, evalúan si estos marcadores genéticos pueden ser útiles para identificar, dentro del grupo de personas con riesgo moderado, a aquellas que con más probabilidad desarrollen la enfermedad. “Estamos analizando unas 8.000 personas en España y EEUU y las hemos seguido durante más de 10 años y los resultados preliminares indican que la información genética sí que ‘reclasifica’ a riesgo alto a un subgrupo de personas de los grupos moderados que son las que posteriormente van a presentar enfermedad cardiovascular —asegura—. Por tanto podrían ser utilizados y tener utilidad clínica real”.

Para ello trabajan con nueve marcadores genéticos, los que son totalmente independientes de los factores de riesgo clásico (los otros once están relacionados con colesterol HTA o diabetes), y espera tener los resultados definitivos y publicarlos antes de 2011.

Evitar la muerte súbita

Donde existe un debate a nivel internacional es a propósito de qué pruebas se deberían someter a los jóvenes que quieran hacer deporte. La enfermedad coronaria causa la mayoría de las MS en el paciente mayor de 40 años, sin embargo, en el joven suele ser causada por enfermedades genéticas, hereditarias. De hecho son responsables de la mayoría de casos en deportistas de élite que, a pesar de ser poco frecuentes, causan un enorme impacto en la sociedad.

Según los datos recogidos por el Grupo de Trabajo de Muerte Súbita de la Federación Española de Medicina del Deporte, en nuestro país se producen unos cien casos en deportistas con estudios anatopatológicos al año. Por eso, como sostuvo Ramón Brugada, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Josep Trueta de Gerona y responsable de la Unidad de Muerte súbita de ese centro en su ponencia “Diagnóstico de MS: retos de la genética”, tras la historia clínica, los antecedentes familiares y la exploración, la realización de un electrocardiograma debería ser obligatoria.

“Abogamos por que los que quieran hacer deporte, a todos los niveles, además del examen físico y la historia tengan que hacer como mínimo un electrocardiograma, que de momento es una asignatura pendiente en nuestro país. Y los que lo hagan a nivel profesional se hagan además un ecocardiograma. Éstos son los niveles que consideramos que estos deportistas deberían hacerse”, asegura. “Significa un gasto importante a nivel de clubes, pero uno tiene que asumir los riesgos que hay, y el gasto más inútil es el que haya una MS que se ha podido evitar haciendo una prueba que cuesta 30-40 euros, que es la realidad de un ecocardiograma”.

No opina igual Julián Villacastín, director de la Unidad de Arritmias del Hospital Clínico de Madrid “Perspectiva clínica de la muerte súbita” durante su intervención en el curso de la UIMP. “No se puede discutir la eficacia del ‘electro’, pero sí si realmente merece la pena realizarlo a todos los pacientes, porque por un lado es verdad que a un 1 por ciento les detectas anormalidades que pueden hacer que se le recomiende que no lleve a cabo una práctica deportiva. Pero también que encuentras alteraciones que son lo que llamamos ‘grises’, porque no se tiene mucho conocimiento de lo que significan, y creas una falsa alarma, ansiedad o estudios muchas veces innecesarios. “

Respecto a las exigencias en el deporte profesional tampoco se muestra partidario de las ecografías, alegando que científicamente no hay una evidencia clara. “Aquí lo que hay que hacer son estudios de coste eficacia y ver los pros y los contras de las pruebas. El eco me parece fenomenal para aprender o adquirir información pero que sea obligatorio hacerles a todos los deportistas es motivo de debate”.

No al ‘screening’ genético

En lo que sí están de acuerdo ambos expertos es en desaconsejar el uso de los test genético indiscriminadamente en los deportistas profesionales, como ya vienen haciendo algunos clubes. “Como prueba en personas bien seleccionadas estoy totalmente a favor; como screenings en jugadores de fútbol como se está haciendo no tiene ningún sentido salvo que no sea para estudio”, dice Villacastín.

“Es malgastar el dinero y engañar a los deportistas si se hace así sin ton ni son porque soluciones les vas a dar pocas, y resultados positivos, poquísimos. Y esto lo único que hace es despreciar el trabajo de una buena herramienta”, añade Brugada.

Como ejemplo, Villacastín cuenta que si se cogen cien personas caucásicas “normales aparentemente”, y se les hace un test de este tipo, el 3 por ciento va a mostrar alteraciones en los genes que codifican los canales de sodio, que son los que están relacionados con la muerte súbita en algunos casos, “pero la probabilidad de que mueran por una causa cardiológica es ínfima, luego son falsos positivos”. “Lo único que hace es despreciar el trabajo que llevamos haciendo muchos años los que trabajamos en Genética intentando hacerla costo-eficaz y una buena herramienta”, termina Brugada.

¿Es coste-eficaz hacer de forma sistemática un ‘electro’ a todo aquel que quiera hacer deporte? Una prueba piloto realizó hace tan sólo un mes electrocardiogramas a 280 alumnos de 2º de ESO en Bañolas (Gerona). Y el resultado fue que encontraron a una persona que hacía taquicardias. “Lo diagnosticamos ( si no lo hubiéramos hecho seguramente dentro de unos años habría tenido problemas de insuficiencia cardiaca) y le haremos una ablación para curarlo”, cuenta Brugada. “Tardamos cuatro tardes, con estudiantes de Medicina que además aprendían a hacer los ‘electros’. Para mí esto ya compensa no sólo los ‘electros’ que hicimos sino los que podamos hacer en 5 años. ¿Qué nos costó? Dos máquinas que tenemos en la facultad para prácticas, la luz de dos ordenadores y el tiempo de cuatro estudiantes que lo hicieron con todo el gusto”, sentencia. “Lo que hay que ver es si compensa tener a un profesional entrenado haciendo pruebas a gente que es normal donde la probabilidad de que detectar una posible anomalía es de una entre 500 y ni siquiera sabemos que vaya a significar que el paciente tenga que tratarse — alega Villacastín—. Creo que los recursos hay que dirigirlos a quien más lo necesita y hay muchas personas con arritmias potencialmente peligrosas que están todavía sin tratar y esperando meses hacerse uno”.