TRIBUNA DE OPINIÓN

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| viernes, 23 de julio de 2010 h |

Dr. Antonio Rivas Pérez

Colegiado 2813078 de Madrid.
Ex secretario General del Sindicato Médico de Madrid

Es una pregunta que me hago a diario. Los médicos siempre hemos creído que estábamos considerados como una profesión seria y completa. Nuestras funciones, con el trabajo diario en las consultas, el trabajo en los hospitales o en las clínicas, el estudio o la investigación, y la docencia en las facultades o en los hospitales, son trabajos que la sociedad aprecia por su gran labor y entrega. Siempre ha sido la profesión médica una de las más valoradas por la sociedad.

Los médicos siempre hemos creído que teníamos en la Organización Medica Colegial, en los colegios médicos provinciales o de comunidad y en los sindicatos médicos los mejores representantes para defender nuestros derechos a desempeñar nuestra profesión de una manera justa y ganar, con nuestro trabajo, lo suficiente para tener una vida digna.

Hace unos años, en 2003, y siendo ministra de Sanidad Ana Pastor, logró aprobar tres leyes que venían a desarrollar y a dar valor a la profesión médica con el fin de evitar el cúmulo de despropósitos que, con frecuencia, presidía nuestro trabajo. Primero fue la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud, después la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias y finalmente la Ley del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud. Parecía que con su aplicación habíamos logrado un ‘estatus jurídico y laboral’ adecuado para nuestra profesión y para reconocer nuestros méritos académicos y asistenciales. Sólo quedaba obligar a las instituciones políticas a desarrollar adecuadamente las leyes promulgadas. Confiábamos que la OMC, los colegios provinciales, las sociedades médicas y los sindicatos médicos usarían, cada uno, todas sus fuerzas en obligar a ponerlas en práctica. Han pasado siete años y la puesta en marcha de las tres leyes está, prácticamente, en mantillas.

Nadie defiende adecuadamente a la profesión y, por tanto, tampoco se defiende a los médicos que la desarrollan y la practican. La OMC se dedica más a los politiqueos banales y a las luchas interiores y aparentar que desarrolla y mejora la función de los médicos de la beligerancia y altanería de las instituciones políticas. Su presidente hace años que estuvo en entredicho y fue denunciado por su propio compañero el médico de los Yébenes, Dr. García Condado (R.I.P.) que falleció antes de poder judicializar su denuncia. Sus razones tendría para denunciarlo. Los colegios provinciales o de comunidad no hacen nada, su misión es recaudar dinero para ellos y para la OMC. No se ocupan de la situación de sus colegiados y lo disimulan con altanería prometiendo mejoras que nunca se realizan, como la desaparición de los ‘contratos basura’ o la subida de sueldo en las compañías de seguro libre, como prometió la actual presidenta del Colegio de Médicos de Madrid. Un engaño más. Los sindicatos médicos se han dividido y subdividido para obtener pequeñas parcelas de poder por provincias o por comunidades. Ahora no existe un líder adecuado y querido que pueda adoptar medidas serias, concretas y adecuadas a las distintas situaciones profesionales. Su unidad es totalmente ficticia. Cada vez se nota más la ausencia de un ‘líder’ que dirija y sepa aglutinar a los médicos para plantear soluciones a las distintas situaciones. El Dr. Patricio Martínez, secretario general de la CESM, viaja a Madrid desde Barcelona cada semana, pero a pesar de su voluntad, es prácticamente un desconocido para los médicos. No es el líder que la profesión necesita. Trata de mejorar su imagen con la formación de ‘foros de la profesión’ pero esto cada vez difumina más el valor de los sindicatos médicos.

Los médicos españoles somos los peor pagados de Europa. La financiación de la sanidad pública a través de los Presupuestos Generales del Estado está debajo de la media de los Estados de la Unión Europea. La Administración central hace caso omiso de nuestras reivindicaciones y derechos. Las comunidades autónomas deciden y mandan en los profesionales de su comunidad según sus propios criterios sin ninguna conexión entre ellas. No existe un Ministerio de Sanidad que sea capaz de imponer criterios a los distintos ‘reinos de Taifas’ en que se ha convertido el antiguo Insalud. Nadie protesta por este desmán administrativo, y si protestan, no buscan el medio para solucionarlo. Nos degradan, nos ningunean y finalmente nos congelan y disminuyen nuestros míseros sueldos. Nadie protesta adecuadamente. Todos nuestros representantes callan por desidia, intereses políticos o personales, o lo que es peor, por incapacidad intelectual para proteger a los colegiados que representan. Hacemos paros, manifestaciones y concentraciones y en todas estas acciones hacemos el ridículo. Hace unas semanas nos manifestamos ante el ministerio y asistieron más farmacéuticos que médicos. Entre los médicos “había más jefes que indios”.

Tengo la absoluta seguridad que los médicos no son profesionales sin conciencia, sino todo lo contrario. Las huelgas no les atraen. Las manifestaciones o las concentraciones tampoco. Desean ser escuchados y oídos por las autoridades con el fin de defender la profesión y el Sistema Nacional de Salud. ¿Qué tienen que hacer para conseguirlo?

Sólo se nos ocurre una cosa, forzar a todas las administraciones para que tomen conciencia de la situación en que se encuentra la sanidad pública y lograr que políticamente se tenga que realizar un Pacto de Estado por la Sanidad que reduzca el déficit económico adquirido y logremos una financiación adecuada al servicio que se merecen los ciudadanos. Evitando que falle la sostenibilidad del sistema público.

¿Qué podemos hacer los médicos para lograrlo? Es difícil de explicar, pero creo que la única solución es trabajar más y mejor con nuestros pacientes. Hacer una medicina total, aunque sea más cara. No escatimar en nuestras recetas. No hacer caso de los indicadores de EFG que tratan de coartarnos por estar debajo del percentil del 20 por ciento en nuestras prescripciones. Usar el tiempo necesario para explorar y ver a los pacientes. No restringir exploraciones para lograr un buen diagnóstico. Sólo de esta forma estaremos de acuerdo con nuestras conciencias y pondremos en un dilema grave al Estado si no logra hacer un adecuado Pacto de Estado por la Sanidad.

Aprovecho esta tribuna de opinión para romper una lanza por los médicos de Madrid. Mi sindicato, antes Sindicato Medico de Madrid, después de unir sus fuerzas con el sindicato de CESM, pasamos a ser Médicos de Madrid. Ahora, creo, formamos una Federación de Médicos y Titulados Superiores (Femyts). Todo muy sugestivo de intereses pero poco claro. La unidad de los médicos es imprescindible. Sobran las camarillas. Falta que los médicos sepan quién les dirige, que conozcan a sus delegados, que informen si los que mandan están lo suficientemente preparados para dirigirnos, para ser nuestros “líderes”. No quiero que nos ocurra como esta pasando con Patricio Martínez, buena persona pero equivocado en sus formas de resolver los problemas. Todo lo soluciona con el Foro de la Profesión. No se da cuenta de que la CESM está perdiendo su poder. Debemos evitar las luchas entre atención primaria, especializada y Summa 112 y SAR. En Madrid todos somos médicos, cobramos de los mismos presupuestos y no debe haber diferencias que nos separe.