R.C. Madrid | jueves, 30 de abril de 2015 h |

Hace menos de un mes, la Comisión Europea autorizó el uso del inhibidor del factor de crecimiento epidérmico (anti-EGFR) panitumumab, comercializado como Vectibix por Amgen, como tratamiento de primera línea, en combinación con folfiri —un régimen de quimioterapia basado en irinotecán—, en cáncer colorrectal metastásico wild-type (CCRm wt), es decir, sin mutación en RAS. Una “buena noticia”, como la define Alfredo Carrato, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Ramón y Cajal, en Madrid, ya que significa más opciones para los pacientes y una mayor disponibilidad de alternativas para los profesionales.

Pero ¿qué implica esta aprobación en la práctica clínica de los oncólogos? ¿Dónde deja esto a otros fármacos con indicación también en primera línea como el anti-EFGRcetuximab, comercializado como Erbitux por Merck, o el antiangiogénico bevacizumab, comercializado como Avastin por Roche? Una pregunta complicada, ya que la decisión de dar uno u otro fármaco en primera línea va a estar condicionada por las características de cada persona e incluso por el tipo de quimioterapia que se vaya a dar —mientras que, señala Carrato, “existen dudas sobre la combinación de cetuximab con folfox, régimen quimioterápico basado en oxaliplatino, no existen resultados negativos con la combinación de panitumumab y folfox”—.

De hecho, este oncólogo apunta a los resultados del estudio Planet, realizado por el Grupo de Tratamiento de Tumores Digestivos (TTD), de comparación de dos brazos de tratamiento, panitumumab y folfox versus panitumumab y folfiri, que demostraron, en ambos brazos, “un porcentaje de respuesta superior al 70 por ciento y una factibilidad de cirugía metastásica superior al 30 por ciento”. Además, la supervivencia fue superior a los 30 meses en ambos brazos de tratamiento, por lo que Carrato considera que se podría usar una u otra quimioterapia indistantemente con este fármaco.

En cuanto a las diferencias con cetuximab, este especialista alude a las fichas técnicas de ambas moléculas y señala que panitumumab es un “anticuerpo totalmente humanizado”, por lo que produce menos reacciones de hipersensibilidad, y con una periodicidad de administración de dos semanas, frente a las dosis semanales indicadas para cetuximab. A pesar de ello, Carrato reconoce que la mayoría de las veces este último también se pone cada dos semanas, por lo que vuelve a insisitir en la necesidad de “ajustar los tratamientos al perfil de cada paciente y en función de los objetivos que queramos lograr”. Así, por ejemplo, si la meta es la cirugía, lo lógico sería empezar por un tratamiento más agresivo, la estrategia inversa a la que se adoptaría en casos en los que el objetivo es lograr una mayor secuenciación de fármacos para obtener una mayor supervivencia.

Un “Calgb” con panitumumab

Para comenzar a resolver estas dudas, numerosos investigadores internacionales se reunirán en el próximo Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO), que se celebra anualmente en Chicago, para plantear la posibilidad de llevar a cabo un ensayo clínico independiente de comparación entre panitumumab y bevacizumab. “No obtenemos una respuesta del cien por cien en todos los pacientes RAS wt a los que damos un anti-EGFR y eso quiere decir que nos faltan datos para hacer todavía más el traje a medida”, afirma Carrato, que espera que la puesta en marcha de un ensayo como el Peak, pero con una muestra de pacientes parecida a la del Calgb, pueda arrojar luz.Carrato señala además la importancia de recoger muestras tumorales y sanguíneas de estos pacientes para seleccionar mucho mejor a estos pacientes que se van a beneficiar de estos tratamientos.

Pero la historia no se acaba aquí porque, además de los fármacos citados y de aflibercept —indicado en segunda línea tras un anti-EGFR o un antiangiogénico—, la EMA acaba de aprobar un nuevo antiangiogénico, ramucirumab, y el ministerio acaba de aprobar en España regorafenib, de momento en tercera o cuarta línea de tratamiento, dependiendo de las líneas que se hayan utilizado anteriormente. Todo un “galimatías” para cuyo descifrado es necesario “el arte de un oncólogo capaz de diseñar con perspectiva el mejor esquema de tratamiento dependiendo de los objetivos a lograr”, incide Carrato.