Rocío chiva Madrid | viernes, 16 de octubre de 2015 h |

De la misma forma que estar delgado no significa estar metabólicamente sano, tampoco estar gordo se traduce en ser un sujeto metabólicamente enfermo. Pero, ¿por qué unos individuos desarrollan complicaciones y otros no? Y lo más importante, ¿cómo distinguir a unos de otros? Para intentar contestar a estas preguntas, el equipo de investigación de Manuel Portero-Otin, profesor de la Universidad de Lleida, en colaboración con José Manuel Fernández-Real, investigador del Ciber de Fisiopatología de Obesidad y Nutrición (CiberObn) y jefe de Sección de Endocrinología del Hospital Josep Trueta, han analizado con técnicas de metabolómica y lipidómica muestras de tejido adiposo y plasma sanguíneo de una muestra de sujetos, con el objetivo de intentar identificar biomarcadores.

Los datos, presentados durante el Congreso Internacional del CiberObn, celebrado en Madrid, muestran por ejemplo que los intermediarios que hacen posible la omegaoxidación —un tipo de oxidación mitocondrial que produce lípidos impares en su cadena: C17,C19,C21…— son más abundantes en aquellos pacientes que, en el futuro, sufrirán complicaciones metabólicas.

Otro posible biomarcador de riesgo de complicación metabólica es el aumento de la proporción de oxiesteroles enzimáticos y no enzimáticos, lo cual hace pensar que “estos oxiesteroles podrían estar implicados en la diferenciación del tejido adiposo”, explica López-Otín.

De hecho, tanto en el caso de los oxiesteroles como en el de la omegaoxidación, la investigación apunta a un problema a la hora de concluir este proceso de diferenciación. “Es como si los tejidos adiposos de las personas con complicaciones metabólicas tendieran a acumular menos grasa, lo que da la oportunidad a esa grasa de difundirse hacia otros tejidos como el hígado o el músculo, donde podrían contribuir a causar esas complicaciones”, destaca López-Otín.

La otra parte del trabajo, señala el científico, era “ver si, independientemente del tipo de flora intestinal, estas personas con futuras complicaciones metabólicas tienen también un perfil de moléculas circulantes distintas”. Y la respuesta también ha sido afirmativa, ya que se ha detectado la presencia en plasma de ácidos grasos de cadena mediana como el ácido caproico y de un derivado de aminoácidos como es el N-acetil-glutámico. Los investigadores confían ahora en que estas moléculas ayuden a entender la relación entre la flora intestinal y el etjido adiposo.

Asimismo, se ha comprobado que los niveles de estos biomarcadores vuelven a la normalidad en pacientes que se han sometido a una cirugía bariátrica y que incluso podrían utilizarse para prever la recaída de estos pacientes tras la intervención. Aunque su mayor potencial sería el de informar a la gente con sobrepeso del riesgo futuro que tiene de desarrollar complicaciones como resistencia a a la insulina o diabetes tipo 2.

Micobioma

Aunque ya existen multitud de estudios que destacan la relación que existe entre la obesidad y la flora bacteriana, hasta ahora no había ninguna publicación que relacionara la comunidad de hongos presente en el intestino con la obesidad. Ahora, un estudio publicado en Scientific Reports y liderado por Fernández-Real revela, entre otros resultados, las diferencias existentes en la población de hongos mucor entre personas obesas y no obesas y la posibilidad de diferenciar entre sujetos metabólicamente sanos y metabólicamente no sanos según la cantidad de hongos eurotiomycetes.

Ahora, son dos las preguntas que quedan por responder. Por un lado, se desconoce todavía si la presencia de ciertos tipos de hongos predispone a la obesidad o si, por el contrario, es el estar obeso lo que hace que proliferen determinadas familias de hongos. Y, por el otro, es necesario ampliar la muestra de pacientes para descububrir si, al igual que ocurre con las bacterias, tambien existen diferencias según el país.