Julio Zarco es presidente del Consejo editorial de GACETA MÉDICA. Blog ‘Ser médico’ – www.juliozarco.com Es bastante habitual que en los últimos tiempos nos levantemos con nuevos hallazgos en el mundo de la ciencia y en especial en el ámbito de las tecnologías. Los que ya comenzamos a tener cierta edad, recordamos con horror los primeros computadores, gigantescamente enormes y pesadamente lentos, cuyos dígitos en color amarillo-verdoso, llenaban nuestras pantallas y nos hacían presumir frente a los demás, que la era de la informatización ya había llegado a nuestras vidas. A partir de aquí, todo cambiaría, se revolucionarían los conceptos, podríamos acceder a cualquier archivo del mundo sin movernos de nuestra mesa y la comunicación sería rápida y prácticamente instantánea. Estoy convencido de que, ni los mejores augurios de la revolución tecnológica, han superado la realidad. Internet ha abierto un proceso de globalización mundial, donde en tiempo real podemos ver hablar, e incluso hacer cualquier cosa a miles de kilómetros de distancia. Los cirujanos pueden intervenir conectados en red, puedo acceder a las mejores bibliotecas, conectarme con un individuo en el otro extremo del mundo, remitir documentos, fotografías… y sin duda, muchas otras cosas que incluso desconozco. Las redes sociales, a través de Facebook, Twitter…, son capaces de crear una comunidad de intereses e interesados. En estos días hemos asistido a un interesante proyecto auspiciado y realizado por la Fundación de Investigación del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, donde se ponía de manifiesto la utilización de los smartphone, es decir teléfonos inteligentes, por parte de los profesionales sanitarios. El estudio ha sido muy restringido, pues se ha realizado en no más de 50 médicos de dicho hospital, pero sus resultados ya avanzan alguna pista de por dónde van a ir en el futuro inmediato los siguientes pasos. Es curioso cómo casi el 50 por ciento de los médicos consulta las webs de salud desde su teléfono y desde la cabecera del paciente, siendo la mayor parte de estas consultas referidas a tratamiento, interacciones y efectos secundarios. Creo y estoy convencido que la aplicación de los smartphone en la salud, no solo para profesionales, sino para los propios pacientes, sobre todo en el ámbito de la cumplimentación y adherencia terapéutica, será un nuevo logro de la tecnología puesta al servicio del bienestar humano. Pero dicho esto, también quiero alertar de los usos indebidos y abusivos de este tipo de prácticas, que pueden hacer perder el norte sobre el objetivo de nuestra profesión, que consiste, como decía el egregio Paracelso, en pocas veces curar, tratar de aliviar y siempre acompañar. El mundo tecnológico nunca puede convertirse en un metamundo que separe al sujeto de la realidad, de tal suerte que confunda el mapa con el camino, nunca puede hipertrofiar la percepción del galeno en la supervisión de pruebas complementarias, convirtiéndole en un Dr. House, donde apenas existe el contacto con el paciente y todo está exactamente definido en un protocolo. En la ciencia medicina esto no sirve de la misma forma que en otras ramas científicas. Bienvenidos el teléfono inteligente, Internet y hasta el Dr. Google, pero preservemos y reforcemos el papel del médico humanista, cercano, humano, técnicamente cualificado y, sobre todo, buen comunicador. Si esto no lo hacemos, podremos dar malas noticias sabiendo lo que dice la web más consultada desde nuestro smartphone, o incluso no tan malas mediante Twitter, pero no sabremos cómo demonios consolar y aliviar el dolor emocional que lo que transmitimos pueda desencadenar. | viernes, 26 de octubre de 2012 h |