Julio Zarco es presidente del Consejo editorial de GACETA MÉDICA. Blog ‘Ser médico’ – www.juliozarco.com Los medicamentos están en el ojo del huracán de las actuales reformas sanitarias del Gobierno de nuestro país y por ello la patronal del medicamento está preocupada, al igual que otros sectores como los profesionales sanitarios, farmacéuticos y asociaciones de pacientes. Desde esta columna ya hemos avanzado en otras ocasiones que los verdaderos ajustes y reformas sanitarias deberían dirigirse más al fondo, a la reorientación del modelo sanitario y no solamente a los recortes en partidas presupuestarias que se terminan convirtiendo en “pan para hoy y hambre para mañana”. Los ajustes en materia de sanidad comenzados por el anterior legislativo ya suponían una fijación excesivamente obsesiva en la política del medicamento, desatendiendo otros capítulos que eran de importancia, como es la reorientación de la Atención Primaria a la sociedad actual, la integración de la información entre niveles asistenciales, la gestión integral por procesos de los contenidos socio-sanitarios, etc. La política de precios de referencia que se ha llevado a cabo no deja de ser una política delirante de ver “quien da más a menor precio”, terminando por convertir el coste de los medicamentos en un carrusel, donde es más barato comprar una caja de paracetamol y antiácidos que un chicle o un caramelo. En este sentido, es importante señalar que España es el país de la Unión Europea que más ha bajado los precios de los fármacos, en aproximadamente un 11 por ciento, siguiéndole a gran distancia Grecia con un 5 por ciento. En la celebración del último Consejo Interterritorial se ha adoptado la decisión de desfinanciar más de 400 fármacos destinados al alivio sintomático, conocidos como de “dudosa eficacia terapéutica”, aunque parece contradictorio que si un medicamento no tiene demostrada la eficacia terapéutica se retire su financiación pública y se sigan aprobando sus patentes de comercialización. Es cierto que dentro de estos fármacos aparecen antitusígenos, mucolíticos, lágrimas artificiales, antidiarreicos, laxantes, etc., es decir, todo el capítulo de fármacos para patologías banales y alivio de síntomas que pueden considerarse menores. Los estudios de farmacoeconomía de expertos ministeriales estiman un ahorro para el sistema sanitario de entre 500 y 1.200 millones de euros, que tendrá que demostrarse cuantificando, monitorizando los costes y supervisando que no se produzca un efecto rebote en los precios de los medicamentos al alza, pero sobre todo con educación ciudadana que corresponderá de nuevo a los facultativos, pues la alternativa en este sentido es por todos conocida: “por favor doctor mándeme otro medicamento que me sirva para lo mismo y que sí entre en la Seguridad Social”. No sería un mecanismo novedoso y tampoco sería la primera vez que se produce este efecto rebote en los precios de los fármacos y en la picaresca ciudadana. Insisto en que, bajo mi punto de vista, no se deben de realizar “políticas gibarizadoras” del sistema sin acometer importantes acciones que supongan reactivación económica y educación poblacional. Esta política de recorte y desfinanciación sería entendible desde la asunción por parte del Ministerio de Sanidad y comunidades autónomas de una política estratégica del autocuidado, de la responsabilidad en la salud, de potenciación de la atención farmacéutica y, en definitiva, de la “cultura de la salud”. El fortalecimiento de la farmacia como establecimiento sanitario, la redefinición del rol de la Atención Primaria y de la enfermería como profesional de dicho nivel, el incremento de estrategias de adherencia terapéutica y otras cuestiones de vital interés deben acometerse, pues de no ser así estamos perdiendo una gran oportunidad en nuestro Sistema Nacional de Salud, y convertiremos la actual y prestigiada sanidad española en el “todo a 100”. | viernes, 29 de junio de 2012 h |