A. L. S. Madrid | viernes, 12 de diciembre de 2014 h |

El 26 de octubre de 1969 un joven Gabriel Núñez comenzaba en el sector de los seguros. Un accidente doméstico agujereaba su traje nuevo, lo que hizo que se propusiese cobrar cuanto antes su comisión para comprarse otro. Después de 45 años, el presidente de Uniteco Profesional sigue conservando el entusiasmo y la ilusión por su profesión.

Pregunta. ¿Qué consejos darías a los que están empezando este campo ?

Respuesta. Para vender se necesita lápiz y papel. Ni siquiera un bolígrafo. Nada más. Hay que dar seguridad.

Tengo dos cosas grabadas en mi mente de mis dos abuelos paternos. De mi abuelo, aprendí el trabajo y el mirar para arriba. El decía: “A mí me toca la lotería todos los años, con el trabajo”. Me recomendaba que levantara la cabeza, mirara todo lo que hay alrededor y vislumbrara el horizonte. Me enseñó que es mejor no meterse en operaciones gordas, es preferible apostar por muchas pequeñas porque si se cae alguna no pasa nada.

Mi abuela, que era también una gran negociante, siempre decía: “La constancia y la afición es el bien de la nación”.

P. ¿Cómo has trasladado eso a la filosofía de Uniteco?

R. Hay que ser constante, hay que saber muy bien lo que quieres, vender, exponerlo y esperar a que te compren, llamando, pero nunca agobiando. El vendedor no puede tener horarios, tiene que tener las 12 horas a disposición para poder atender al cliente. La gente quiere personas que le resuelvan las cosas. Por eso ahora el slogan de la compañía es: “A mí me atiende Uniteco Profesional”.

P. Lo de especializarse en seguros para médicos, ¿te viene de la infancia?

R. Mi abuela siempre me dijo que me dedicara a médicos o a ultramarinos, porque los médicos llevarán “brillo en las culeras” pero nunca pasarán hambre y a ultramarinos porque el que hace y deshace se lleva la mejor parte. Al principio nos dedicamos también a alimentación pero finalmente nos centramos en médicos y dentistas. Me viene de la infancia, no por afección, sino por ese consejo. Luego a la larga he visto que es una de las profesiones más seguras, no la que más gana pero sí económicamente una de las más segura. En la venta me ha ayudado mucho el haberme leído el Refranero Español y también la Picaresca Española, no para ser pícaro, sino para poderte defender y explicar mucho mejor las cosas.

P. Como compañía os consideráis “únicos en el mercado”, ¿esto hace que a veces os sintáis unos ‘raras avis’?

R. Yo he tenido siempre por principio saber como el que más en mi materia. Al mediador de seguros se le exige muchísimas cosas. Nos encargamos del siniestro y a la compañía de seguros se lo damos hecho. En el negocio no hay que tener prudencia, sino confianza con control. Siempre me ha gustado ser fiel a las compañías de seguros y me ha gustado trabajar con ellas. La compañía de seguros tiene que ganar dinero, pero lo menos posible para que mi cliente tenga el mejor producto. Al final, como decía un buen amigo, “el que no da resultado da explicaciones”.

P. Con siete hijos y el peso a tus espaldas de una compañía, ¿cómo has llevado lo de la conciliación familiar?

R. Lo llevaba mejor antes que ahora, que ya no hay ninguno en casa y tenemos el síndrome del nido vacío. La conciliación ha sido fácil porque estamos muy bien organizados y en eso mi mujer que ayuda muchísimo. En Cáceres, de donde provengo, decimos: el primer hijo ata, el segundo desata y el tercero desengarabata. El más pequeño va viendo a los mayores y la disciplina es mucho más fácil. Y además, lo de que cada hijo viene con un pan debajo del brazo es verdad, siempre que trabajes más. Te tiene que gustar lo que haces y a mí me gusta. Nuestro trabajo es precioso. Estás asegurando, estas arreglándole las cosas a otros. En este sector he hecho muchos amigos.

P. Revisas hasta los folletos del buzón de correos, ¿afición o deformación profesional?

R. Me informo para estar al día. Todas las mañanas veo el canal 24 horas y según subo a casa traigo toda la propaganda y me la leo, así estoy enterado. Lectura de libros poca, lo que veo es mucho artículo. Además, todas las mañanas leo Catolico.net, son formación y dan criterios.

P. ¿Andar es uno de tus hobbies ¿llevas a rajatabla eso de menos plato y más zapato?

R. Podemos decir eso o “la salud en la suela, no en la cazuela”. El mejor deporte es andar, lo que pasa es que no está promocionado. La natación y la bicicleta me ha gustado mucho, pero más en mi juventud. De pequeño hacía 9 kilómetros para ir al Palancar, el monasterio más pequeño del mundo, a oír misa.

P. Dices que no crees que vayas a jubilarte nunca ¿eres adicto al trabajo?

R. Yo no soy adicto, soy afecto al trabajo. Tengo afición, y me gusta. Aunque me jubilara haría siempre cosas, siempre tengo que hacer algo.

P. En tu despacho podemos ver un recorrido por la historia. De las máquinas de escribir a lo último de Apple…

R. Me da pena tirar las cosas, conservo las máquinas de escribir que utilizaba mi padre. También tengo la Divisuma Olivetti, que al principio sólo sumaba y restaba.

P. ¿Qué música suena en tu coche?

R. Siempre suena música flamenca. Da mucha alegría y no hay que pensar. De hecho, las películas que más me gustan son las del Oeste, porque siempre sabes el principio y el fin. Antes que las películas, prefiero las noticias o los canales temáticos, confieso que me gusta mucho un programa que subasta trasteros en EE.UU.

¿Tu objeto de colección favorito? Los coches antiguos, algún vejestorio tengo por ahí…

¿Tu libro de cabecera? Repito libros de literatura clásica, y me gusta el por qué de los refranes y las fábulas. También ‘Frutos de Oración’.

¿Tu canción? ’Petite fleur’.

¿Un refrán? “Yo no le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde haya”.