Premios BiC 2020
| viernes, 12 de marzo de 2010 h |

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

El modelo Muface corre grave peligro de muerte. Y lo peor de todo es que no sólo está en juego su supervivencia, sino la del sector privado en España y, posiblemente, la de la sanidad pública. Al menos, en la forma en que la conocemos. Desde luego, el derrumbe del sistema desencadenaría un tsunami que afectaría en cascada a los principales eslabones de la atención sanitaria en nuestro país. Lo que algunos tildaban hace meses como una exageración periodística, como una hipérbole desmesurada, ha terminado calando en el sector, y no son pocos ya los representantes laborales, entidades o especialistas de prestigio que cuestionan duramente la labor de la actual directora general de la Mutualidad, Ángeles Fernández Simón y, sobre todo, la infrafinanciación que ha sufrido el modelo a través del convenio suscrito a finales de 2009.

Posiblemente, los que más luz aportan en esta controversia son un grupo de expertos moderados por dos ex ministros: los añorados Julián García Vargas y Ana Pastor. El primero fue precisamente el último gran salvador de Muface durante la grave crisis que sufrió en los años noventa, tras la salida de Sanitas. Con la segunda, la entidad vivió posiblemente la mayor época de esplendor de su historia. Congregados bajo el paraguas de Ignacio Riesgo y la consultora PricewaterhouseCoopers, Juan Abarca, Margarita Alfonsel, Pilar Farjas o Jordi Ramentol, entre otros, se detienen en el problema de la infrafinanciación y defienden el valor añadido de este modelo, ante la marcha voluntaria del mismo que han protagonizado en diciembre las compañías Mapfre, Caser y Nueva Equitativa. “Por su implantación nacional, el modelo Muface es el que permite en gran medida que haya una provisión privada en todo el territorio español. Una eventual desaparición del modelo podría significar una no viabilidad de muchos centros privados, con el consiguiente cierre, lo que afectaría al grado de implantación de la provisión privada. Esto a la larga podría afectar también al sistema público, que se vería desprovisto de las posibilidades de concertación y colaboración que le ofrece el sistema privado”, subraya el documento de conclusiones elaborado de forma atinada por la prestigiosa consultora.

La opinión de estos expertos no es aislada ni casual. Carmen Lopez, secretaria del Sector Salud de UGT, un sindicato nada sospechoso de atacar gratuitamente al Gobierno socialista ni a sus altos cargos, defiende la supervivencia de Muface y su relevancia no sólo para el sistema privado, sino también para el sistema público, y alerta de los graves riesgos que le rodean. En la misma línea, Domingo Fernández, presidente de CSI-CSIF, rebate con cifras la defensa numantina de su labor que ha efectuado la directora general de Muface, y lamenta la política de “estrangulamiento” financiero de las entidades que trabajan para la mutualidad, aludiendo para ello a un informe de Unespa, la patronal del seguro, que, según dice, la Administración conocía, haciendo caso omiso de su contenido. Importante, pues, la jornada de reflexión de la entidad sindical sobre la viabilidad futura de Muface y los peligros que acechan sobre el modelo.

Las perspectivas no son, a la vista de todo ello, halagüeñas. Los datos de este año corroboran en parte las funestas previsiones y el baile de entidades por parte de los funcionarios adscritos al modelo no ha sido menor. En total, según datos del propio Muface, casi 140.000 empleados públicos se han visto en la tesitura de tener que cambiar de aseguradora, un 17,5 por ciento del total. De ellos, 3.654 han optado por la pública, una cifra aparentemente menor, pero abultada en estos tiempos de crisis y de sobrecarga asistencial contra la que nada ayudan los recortes presupuestarios. El Ministerio de Sanidad, ausente hasta el momento en el debate público sobre Muface, puede hacer valer su peso en favor de este sistema. La conexión José Martínez Olmos-Consuelo Rumí puede ser tan decisiva como la que protagonizó en su época García Vargas en favor de la entidad, dejando a un lado todo sesgo ideológico trasnochado y anacrónico.