Almudena Fernández Madrid | viernes, 22 de enero de 2016 h |

Nunca ha sido presentado en un estadio como Cristiano Ronaldo ante miles de seguidores ni ha protagonizado páginas de Marca, pero para muchos equipos, Antonio Escribano ha sido su fichaje ‘estrella’ en la sombra. Ha supervisado la alimentación de casi una decena de equipos de Primera División y ahora lo hace con las selecciones de fútbol y baloncesto. En su caso, el carácter ‘mediático’ viene dado por su colaboración en el programa El larguero.

Pregunta. Umbral estaría encantado con esta entrevista porque vamos a empezar hablando de tu libro…

Respuesta. Lo titulé Come bien, vive más y mejor. La comida es la excusa para ponerlo todo en marcha y en este libro he concretado en 17 hábitos las cosas que he estado anotando durante muchos años, son cosas importantes para hacer lo posible por tu salud. Como se dice en mi tierra, por mí que no quede.

P. Devorar comida puede provocar empachos… ¿Y devorar tu libro?

R. Devorar mi libro lo único que va a hacer es que te pongas en forma. Los 17 hábitos que propongo son 17 jugadores que, si los entrenas y los tienes en forma, te van a defender muy bien de cualquier ataque del equipo contrario, que es la enfermedad.

P. Como supervisor de la alimentación de los futbolistas, ¿también hay que señalarte como responsable cuando aseguren tener ‘hambre de títulos’?

R. Aunque son distintos tipos de hambre, el entrenamiento biológico sí genera en los deportistas la sensación de que se hace todo lo posible por ellos.

P. Otros nutricionistas de equipos de fútbol aseguran que madres y novias son sus aliadas en la correcta alimentación de los jugadores, pero a ti te he escuchado que ahora son los propios representantes los que se preocupan… ¿Esto confirma el dicho de que “con lo que da de comer no se juega”?

R. Fui quizá el primero que reunió a las madres y a las novias de los futbolistas hace ya casi 20 años. Los representantes muchas veces representan a chavales muy jóvenes que todavía no tienen cultura de la alimentación. Si esa vida profesional no se cuida, no pueden ofrecerle algún equipo. Además, cada vez los propios deportistas se preocupan más.

P. La fórmula de tus famosas papillas llegó a ser tan buscada como la de la Coca-Cola. ¿Cuántas veces te la han pedido?

R. Infinidad de veces, ¡y eso que no había ninguna fórmula! Lo que yo hacía es batir los alimentos para facilitar la digestión mecánica y podía ser cualquier cosa. Para hacer la papilla me inspiré en un producto de mi tierra: el salmorejo cordobés.

P. ¿Cómo se lleva combinar la alimentación de Jordi Alba (con su 1,70 y 69 kg.), jugador de la Selección de Fútbol, con la de Marc Gasol (2,16 y 120 kg.), jugador de España de baloncesto? ¡Ay como haya un traspapeleo de dietas!

R. Son muy parecidas. Si piensas en los jugadores como un coche, todos gastan gasolina, lo que pasa es que unos más que otros dependiendo de los caballos de potencia y del modelo.

P. Como experto en alimentos y salud, ¿cuánto de bueno, o de perjudicial, tiene intentar comerse el mundo?

R. El mundo hay que comérselo con el cerebro, el optimismo y el trabajo positivo. El optimismo es una forma de pegarle un bocado al mundo.

P. Ya que me hablas de música, por lo que sé, fuiste guitarrista de un grupo pop en tu juventud… ¿Lo dejaste porque tenías claro que la música no te iba a dar de comer?

R. Lo dejé porque era incompatible con los estudios, pero la música ha seguido siempre siendo parte de mi vida. En mi primer libro establecí un símil en lo que yo llamé melodía de la alimentación porque considero que los alimentos pueden ser como notas musicales. Un atracón es como un ruido, una música muy alta, con lo cual es imposible de entender.

P. ¿Cómo se lleva ir contra natura y no supervisar el adelgazamiento sino el engorde de una persona, como hiciste con el protagonista de ‘Gordos’?

R. Fue interesantísimo conseguir que alguien engorde 32 kilos y luego los pierda, y además hacerlo sin compometer la salud de nadie. Todavía conservo amigos relacionados con el cine.

Si te dieses un ‘homenaje’ culinario, ¿en qué consistiría? Un bonito del Cantábrico con unos espárragos y unas alcachofas de Navarra.

Un alimento que te guste mucho pero tengas desterrado de tu dieta. El helado

Un jugador al que haya muchos alimentos que no le gusten. Me he encontrado más de un juvenil ‘delicado’ al que solo le gustan una o dos cosas.

¿Mejor la escritura o las ondas? Participo en El larguero, he aprendido mucho de la radio, a ser directo, breve, conciso, y la escritura permite expandirse. Sin una cosa no sabría hacer la otra.