Medicina fetal/ Hasta ahora ha sido difícil diferenciar si el problema de crecimiento es genético e ‘inocuo’ o causará daños al feto

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c. ossorio Barcelona | viernes, 28 de junio de 2013 h |

Un algoritmo desarrollado íntegramente en Barcelona permite predecir con bastante precisión qué fetos que presentan restricción de crecimiento van a sufrir programación cardiovascular, según se presentó en el 12º Congreso Mundial de Medicina Fetal, celebrado en Marbella.

Como explica Eduard Gratacós, jefe de Servicio de Medicina Maternofetal y Neonatal de los hospitales Sant Joan de Déu y Clínic de Barcelona, uno de los retos en el abordaje del retraso del crecimiento fetal es poder diferenciar qué casos resultan patológicos (crecimiento intrauterino retardado, CIR) y cuáles son genéticamente pequeños sin que suponga ningún problema (pequeño para la edad gestacional, PEG).

Por tanto, del 10 por ciento de fetos que se consideran pequeños, poder predecir cuáles de ellos, cuando sean niños y tengan un año, van a ser hipertensos, permite obtener mayor eficiencia y destinar los recursos a aquellos que realmente presentan un riesgo. Además, como puntualiza Gratacós, cada vez hay más evidencia de que en muchos de estos niños, con medidas dietéticas, se puede corregir el problema.

Mientras que antes se intentaba predecir el riesgo en base a la gravedad del retraso, una medición que resultaba muy imprecisa, con el nuevo algoritmo basado en ecocardiografía, se miden tres parámetros aplicables en cualquier equipo moderno (desplazamiento valvular en modo-M, índice de esfericidad ventricular y periodo de relajación isovolumétrica) que permiten identificar a más del 90 por ciento de los fetos que serán hipertensos.

En lo que respecta a la clasificación del feto en CIR o PEG, durante muchos años se ha utilizado la ecografía doppler de la arteria umbilical para examinar el flujo de sangre del bebé. A partir de un índice, comprobaban si ese flujo estaba reducido, lo que constituye una señal de placenta enferma y de retraso de crecimiento real.

Sin embargo, Gratacós puntualiza que utilizando este método clasificaban como CIR aproximadamente al 15 por ciento, y el otro 85 por ciento quedaba valorado como PEG.

Después de trabajar durante años, han podido demostrar que esa clasificación era errónea. “Hemos descrito que cuando combinas una serie de parámetros, como la circulación de la arteria umbilical, la arteria cerebral media, la arteria uterina, o el percentil fetal, obtenemos un resultado real”, añade. Así, a partir de este algoritmo la cifra cambia radicalmente del 15 por ciento al 65 por ciento de los fetos.

La repercusión es importante porque, tal y como señala el experto, cuando el feto presenta restricción de crecimiento fetal, se provoca el parto a las 37 semanas, porque si no está demostrado que sus resultados serán peores, pues tienen mayor riesgo de muerte intraútero. Sin embargo, si se planifica como “pequeño para edad gestacional”, no habrá que tomar medidas adicionales y se obtendrá un resultado perinatal prácticamente normal, evitándole una intervención que le sometería a riesgos.

Es uno de los grandes cambios que marcará la medicina fetal en los próximos años, como también lo harán las nuevas técnicas de diagnóstico prenatal en sangre materna para detectar el riesgo de síndrome de Down.

DNA sin pinchar el útero

Si hasta ahora se ha realizado un test de screening para cribar a la población de más riesgo en la que era necesario realizar una amniocentesis o una biopsia de corion, utilizando hormonas en sangre y marcadores en el feto, como el pliegue de la nuca o la circulación en la válvula tricúspide, ahora se ha logrado detectar el DNA del feto en sangre materna.

Según puntualiza Gratacós, alcanzar este logro ha costado 15 años de investigación, y consiste en aprovechar un mecanismo natural, pues hay una pequeña proporción de células del feto que pasan a la madre, se rompen y liberan su DNA al plasma materno. “Aunque es muy complicado, se ha conseguido recuperar ese DNA del feto y aislarlo para estudiar sus cromosomas, con una fiabilidad del 99,8 por ciento”, declara el experto, subrayando que ese nivel de precisión lo convierte en “inmensamente superior” a todos los métodos usados hasta ahora.

Actualmente, ya existen test comerciales a los que se puede acceder en la sanidad privada, con un coste de entre 600 y 700 euros, si bien se estima que en los próximos años su precio se abaratará.