Almudena Fernández Madrid | lunes, 05 de enero de 2015 h |

La Unidad de Hospitalización a Domicilio de La Rioja, dependiente del Hospital San Pedro, extiende su cobertura a un total de 82 municipios de seis zonas de salud de la región —que aglutinan a 25.381 habitantes— y alcanza ya una cobertura de más del 99,2 por ciento de la población riojana.

Francisco Antón, coordinador de Hospitalización a Domicilio del Hospital San Pedro, explica a GM que el primer paso es que un médico que esté atendiendo a un paciente valore que éste es candidato a entrar a formar parte del programa, es decir, la solicitud no parte de otros profesionales sanitarios o del paciente y su entorno —aunque pueden sugerirlo y, de hecho, es frecuente que lo hagan—, sino de un médico que en ese momento esté ocupándose de la persona.

Lo más frecuente es que se trate de un paciente que lleva ya algún día ingresado en una planta del hospital, que ha respondido adecuadamente al tratamiento y está evolucionando bien, pero que aún necesitaría más días de ingreso para completar el tratamiento o requeriría vigilancia clínica o cuidados de enfermería. Por ejemplo, es el caso de los que necesitan seguir con alguna medicación intravenosa, requieren oxígeno y medicamentos aerosolizados, tienen algún drenaje tras una intervención que habrá de mantenerse y vigilarse, una herida de cura compleja que no se puede hacer en AP, o bien si se trata de un paciente que ha estado especialmente grave o es sumamente frágil y que, aunque no necesite nada de lo anterior, haya que visitar a diario durante unos días o que repetirle análisis con frecuencia.

En este caso, lo más habitual es que procedan de plantas médicas (medicina interna, infecciosas, respiratorio, digestivo u oncología), y en menor medida quirúrgicas, aunque varía mucho de un hospital a otro, asegura Antón. En el caso concreto de La Rioja, en torno a un 65 por ciento de sus ingresos tienen esa procedencia. Otra posibilidad, que supone el 30 por ciento de sus pacientes, es que procedan directamente de las urgencias del hospital, es decir, personas que acuden a urgencias y, tras ser estudiados, se decide que requieren ingreso hospitalario, pero su situación clínica es buena y el tratamiento que necesita se puede llevar a cabo en el domicilio. En este caso, tras permanecer unas horas en urgencias, la persona pasaría a ser atendida por Unidad de Hospitalización a Domicilio en su propia casa. El resto, en torno al cinco por ciento, procede de consultas externas y de AP al ser personas que requieren de un tratamiento hospitalario pero que se puede administrar en su domicilio, por lo que estaría evitando pasar frecuentemente por el hospital.

Una vez que ha surgido esta solicitud de atención, el médico de la unidad de hospitalización tiene que determinar que ese paciente puede ser tratado con seguridad en su casa, y el enfermo y su entorno tienen que aceptar esta modalidad de asistencia. “La hospitalización en el domicilio es siempre voluntaria y una alternativa a la hospitalización convencional”, subraya.

Para determinar la indicación del ingreso, los profesionales siguen una serie de criterios clínicos, algunos recogidos en protocolos escritos y otros que se basan “en el sentido común”, como valorar el pronóstico del paciente, el tratamiento que necesita y la posibilidad de administrarlo en casa. Finalmente, existen otros factores: el lugar de residencia del paciente, la existencia de un cuidador cuando es preciso y la disponibilidad de teléfono en el domicilio. Y es que la figura del cuidador es necesaria en la mayoría de los casos para colaborar en la administración de determinados tratamientos, vigilar al paciente y servir de enlace con la unidad.

“Se suele decir que el paciente candidato es el que, si no existiera esta unidad, tendría que ingresar o seguir ingresado en el hospital”, apunta para añadir que es similar a una hospitalización convencional, con una intensidad de intervención alta y una duración limitada. No se debe confundir con programas de atención domiciliaria, dependientes de AP y tampoco se incluyen los cuidados paliativos domiciliarios al haber una unidad independiente que se ocupa de ellos.

El perfil de pacientes susceptibles de ser ingresados en su domicilio es muy amplio, aunque predominan las patologías más frecuentes, como los trastornos respiratorios y cardiacos, y problemas infecciosos, de hecho, prácticamente cualquier enfermedad en algún momento de su evolución puede ser candidata. Las más frecuente son descompensaciones de enfermedad pulmonar obstructiva crónica, de insuficiencia cardiaca crónica, infecciones respiratorias incluyendo neumonías, infecciones de la piel y tejidos blandos e infecciones de las vías urinarias. Se excluyen la psiquiatría y la pediatría, aunque existen unidades específicas de esta última disciplina.

Una vez que el paciente está ingresado, esta unidad se encarga de la atención en el domicilio. Proporcionan el aparataje que se pueda precisar, la formación necesaria para su utilización, la medicación y el material fungible necesarios, y visitan a diario al paciente para hacer su seguimiento clínico. En casa se hacen también extracciones para analítica y electrocardiogramas, aunque para las técnicas de imagen se organiza el traslado del paciente al hospital. Más de un 70 por ciento de los que ingresan llevan algún tratamiento intravenoso y disponen de la tecnología para adaptarse a las distintas pautas terapéuticas. Además, al paciente se le proporciona atención continuada y hay un teléfono al que puede llamar las 24 horas durante su ingreso.

La hospitalización en el domicilio ha demostrado en publicaciones internacionales que, con una selección adecuada de pacientes, “obtiene los mismos resultados clínicos” que la hospitalización convencional en términos de curación, complicaciones, reingresos y mortalidad. Se muestra superior en el área de satisfacción del paciente y sus cuidadores. “En nuestro caso, un 99 por ciento se muestra muy satisfechos o bastante satisfechos, el 97,5 piensa que no hubieran estado mejor en el hospital y el 98,5 repetirían este ingreso si lo precisase”, subraya.

Este equipo está formado por médicos y enfermeras y la multidisciplinariedad a que hace referencia se basa más en la interrelación con otros profesionales de dentro y fuera del hospital, ya que reciben a pacientes de todos los servicios y el seguimiento domiciliario se hace muchas veces en colaboración con ellos. La relación es similar con los médicos de primaria y de urgencias.

La ampliación del área de cobertura es, tal como afirma, por un lado un reconocimiento, pero también un desafío. Cuanto más alejado está un paciente del hospital, más cuidadoso hay que ser con la selección, más hay que contar con la colaboración del paciente y su entorno, y más complicado es organizar de forma eficiente la asistencia, pero es un hecho que, en cualquier localidad, existen pacientes candidatos a ser atendidos por esta unidad.