| viernes, 01 de abril de 2011 h |

Qué alto cargo de la Consejería de Sanidad de Madrid ha decidido cerrar una planta entera de la maternidad de O´Donnell? ¿Cuántos partos se han producido y cuantos se calcularon que se producirían? ¿A qué conocido hospital irán los ginecólogos que sobran en la maternidad?

Qué correduría de seguros va a despedir a la jefa de prensa de un colegio de médicos?

A qué “Núñez” le ha comunicado ya el doctor Alarilla que se presentará a las elecciones al Colegio de Médicos de Madrid, para suceder a la desaparecida Juliana Fariña?

Qué conocido representante médico a nivel nacional se dedica a hacer “bolos” y no hace casi nada en su hospital?

Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’

Cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. Esta frase tan manida es de uso común en lo que se refiere al fútbol, al cine y, si me apuran, hasta a la economía y a la vida en general. Incluso, aunque haya poco de cierto en ella. En Sanidad, sin embargo, parece acertada no sólo en el ámbito ministerial, sino, sobre todo, en lo tocante al peso específico y a la solvencia de los principales responsables de las consejerías autonómicas. Aunque ya se sabe que las comparaciones son odiosas, éstas resultan ahora necesarias para comprender mejor el escenario en el que se desenvuelve el sistema sanitario español y el camino tan sorprendentemente allanado con el que se ha encontrado una ministra tan floja como Leire Pajín a la hora de capitanear el modelo y hacer y deshacer a su antojo.

Frente a una mayoría de políticos bastante endeble, con conocimientos más bien escasos de la Sanidad, como la que configura ahora la realidad autonómica, los tiempos pretéritos nos ofrecen abundantes muestras de verdaderos “sabios” o gurúes que lograron impactar en el sector, con gran fuerza decisoria en sus respectivas formaciones políticas. Gente con fino olfato y especial sentido común, desgraciadamente el menos común de los sentidos. Guillermo Fernández Vara, antaño consejero de Salud de Extremadura y hoy presidente autonómico en esta comunidad, es un ejemplo de ello. Xavier Trías y Eduard Rius, también lo son. La lista de nombres podría ser interminable, pero puestos a resaltar algunos, no conviene tampoco olvidar a Iñaki Azkuna, hoy alcalde de Bilbao y antaño titular sanitario del País Vasco, al valenciano Joaquín Farnós, o a los madrileños Manuel Lamela y Juan José Güemes, ambos por razones distintas. Interesantes fueron, asimismo, el canario Julio Bonis hoy desaparecido de la primera línea sanitaria, o el andaluz José Luis García de Arboleya, al que no favoreció en nada su paso a la industria farmacéutica. Otro hombre pionero pese a la oposición que encontró en las farmacias fue Santiago Cervera, ex consejero navarro cuya trayectoria política no ha hecho más que empezar pese a llevar ya un largo recorrido sobre sus hombros, y que hoy ejerce como portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso y aspirante a la Presidencia de la Comunidad Foral.

Todos ellos, por razones diversas, innovaron y comprendieron que la Sanidad precisaba de nuevos aires para seguir subsistiendo. Unos apostaron por la autogestión en primaria; otros, consolidaron el modelo de empresas públicas, lo que implicó el reconocimiento tácito de que el Derecho Administrativo no es válido para la gestión sanitaria. Farnós introdujo la gestión mixta y los titulares de Madrid la consolidaron. Frente a aquellos hombres, con predicamento en sus partidos, la Sanidad se topa hoy salvo honrosos casos como los de Fernando Lamata, Javier Fernández Lasquetty y algún otro, con consejeros complacientes que sólo saben enfrentarse a los problemas cuando los tienen ya encima, sin anticiparlos. El retrato de esta nueva etapa lo aporta el Pleno del Consejo Interterritorial que se celebró hace justo un año bajo la etapa de Trinidad Jiménez. Doce meses después, el acuerdo unánime que se alcanzó entonces en aras de la sostenibilidad del sistema ha acabado en nada: centrales de compras etéreas; unidosis ridículas y un sistema de precios de referencia que ha tardado casi un año en articularse son los únicos avances logrados. Como se ve, los líderes autonómicos actuales no parecen especialmente aptos para sacar al sistema del atolladero ni para poner palos en las ruedas de una de las ministras más flojas que se recuerdan en la Sanidad.