Premios BiC 2020
José A. Rodríguez Barcelona | viernes, 23 de octubre de 2015 h |

A pesar de la progresiva implementación de los dispositivos coronarios biorreabsorbibles en las intervenciones coronarias percutáneas, estos todavía se consideran sólo como una alternativa a los tradicionales stents metálicos. Ahora, el registro Repara, un estudio prospectivo impulsado por la Sociedad Española de Cardiología (SEC), muestra que los dispositivos coronarios biorreabsorbibles son tan eficaces y seguros como los stents en la práctica clínica habitual. El estudio ha realizado un seguimiento a 30 días a un total de 2.400 pacientes de España y Portugal tratados con intervención coronaria percutánea sobre arterias nativas para detectar y analizar posibles eventos cardiacos mayores tras la implantación de un stent biorreabsorbible.

En una primera muestra se incluyeron 1.627 pacientes, de los cuales un 59 por ciento fueron intervenidos tras haber sufrido un infarto de miocardio. De entre todos los pacientes intervenidos, se obtuvo éxito en el 98,4 por ciento de las lesiones. A 30 días de seguimiento, el porcentaje de eventos cardiacos mayores fue del 2,1 por ciento: infarto de miocardio (1,4 por ciento), muerte cardiaca (0,3 por ciento), nueva revascularización (0,7 por ciento) y trombosis de stent (0,8 por ciento).

Como señaló Andrés Íñiguez, presidente electo de la SEC y jefe del Servicio de Cardiología del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo, “uno de los puntos fuertes de este estudio es que se ha realizado con pacientes de la práctica real, no con pacientes seleccionados para un ensayo”.

A diferencia de los stents metálicos, los biorreabsorbibles “son polímeros bioactivos que se reabsorben a los dos o tres años de su colocación, lo que permite una reconstrucción íntegra de la pared arterial coronaria y una muy buena recuperación de la elasticidad de la arteria”, comentó Íñiguez. A su juicio, estos dispositivos irán sustituyendo progresivamente a los stents metálicos.

Este experto también señaló que los stents biorreabsorbibles son más delicados de manejar que los metálicos, ya que su nivel de distensibilidad es menor. Por tanto, “hay que elegirlos muy cuidadosamente en relación con el diámetro y la longitud de la arteria, preparar bien la placa para que no haya problemas de navegabilidad, dilatar bien y asegurarse de que quedan bien colocados”. Asimismo, recordó que del mismo modo que ocurre con los stents metálicos, “los dispositivos biorreabsorbibles precisan de al menos seis meses de antiagregación tras su implantación para evitar riesgo de trombosis”.

A pesar de los buenos datos del registro Repara, Íñiguez señaló que “no existe la suficiente evidencia de que, en los casos más complejos y más desfavorables, los stents biorreabsorbibles hayan probado su eficacia y seguridad”. Estos casos serían “lesiones muy calcificadas, lesiones muy duras, lesiones con varias bifurcaciones o las oclusiones crónicas”.

Péptidos natriuréticos

Por otro lado, también se han presentado los resultados de una encuesta que ha evaluado el uso de los péptidos natriuréticos en el manejo de la insuficiencia cardíaca (ICA) en los servicios de urgencias de 107 hospitales públicos españoles que abarcan una población de más de 31 millones de habitantes. Como explicó Domingo Pascual, jefe de la sección de Cardiología en el Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, “sólo el 65 por ciento de los hospitales tienen disponible esta analítica en el ámbito de urgencias, a pesar de que las guías de práctica clínica tanto europeas como americanas recogen la máxima indicación para su uso en urgencias”.

Según Pascual, la insuficiencia cardiaca exige un abordaje transversal. Este experto avanzó que la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) y la SEC han elaborado un consenso, todavía no publicado, para el manejo de esta patología. La recomendación más importante, comentó Pascual, es que “el sistema de péptidos natriuréticos debe estar disponible en los servicios de urgencias” y que se aconseja su uso en los pacientes con sospecha de ICA que presentan disnea y si existe sospecha de insuficiencia cardiaca de novo.

Como explicó este experto, el corazón también es un órgano hormonal. “En ICA aumenta la presión en las paredes cardiacas, y los cardiomiocitos producen en mayor cantidad una prohormona (proBNP) que se separa en dos sustancias distintas: la hormona en sí misma (BNP) y una porción amino-terminal (NT-proBNP). La medición de ambas sustancias (BNP y NT-proBNP) nos permite identificar la presencia de insuficiencia cardiaca y medir el grado de la misma”. A nivel diagnóstico, la principal utilidad de los péptidos natriuréticos es la exclusión. “El 98 por ciento de los pacientes con valores bajos (menos de 300 pg/mL de NT-proBNP o menos de 50 pg/mL de BNP) no sufren la enfermedad”, señaló Pascual.

Asimismo, en los pacientes ya diagnosticados con ICA, a mayor concentración, existe mayor riesgo de complicaciones y peor evolución clínica.

José Ramón González-Juanatey, presidente de la SEC, presentó un estudio con 877 pacientes que desmonta la “paradoja del tabaquismo” en el infarto de miocardio. Esta paradoja partía de estudios que señalaban un beneficio en la supervivencia de los pacientes fumadores tras el infarto. El modo de analizar los datos hasta ahora había generado confusión, ya que los pacientes fumadores padecen infarto de miocardio hasta diez años antes que los no fumadores, de forma que aún no han desarrollado otros factores de riesgo asociados a la edad y las consecuencias del infarto parecen más leves. Pero al realizar un análisis propensity matched, que uniformiza el riesgo con la única diferencia del hábito tabáquico, los resultados de mortalidad son equiparables (del 16 por ciento).