josé A. Rodríguez Barcelona | viernes, 13 de noviembre de 2015 h |

La aprobación este año de dicloruro de radio 223 (Ra-223), comercializado como Xofigo por Bayer, para el tratamiento de los pacientes con cáncer de próstata resistente a castración metastásico (CPRCm) supuso una buena noticia en el campo de esta patología tan grave. Asimismo, en el marco de la reunión anual de la American Society of Clinical Oncology (ASCO) se presentaron datos de una programa de acceso expandido con este fármaco en el que han participado varios centros españoles. Como explicó Joan Carles, jefe del Programa de Tumores Genitourinarios, del SNC y Sarcoma en el Vall d’Hebron Instituto de Oncología, durante el 7º Encuentro Multidisciplinario Europeo sobre Cáncer Urológico, los datos de acceso expandido han confirmado los resultados de los ensayos clínicos. “En los ensayos, se registró un aumento de la supervivencia global de 3,2 meses, cuando la supervivencia media es de unos 12 meses, mientras que en el acceso expandido se registró un aumento algo mayor, cercano a los 4 meses”, señaló.

Carles quiso destacar que, a pesar de que la Agencia Europea del Medicamento indica que “este tratamiento debe administrarse sólo en pacientes que sufren dolor, en el estudio de acceso expandido se observa que un 21 por ciento de los pacientes incluidos no presentaban dolor y que van mejor que si se espera a que tengan dolor para administrar el tratamiento”.

Asimismo, este experto señaló que, aunque este fármaco presenta un buen perfil de tolerabilidad, “hay que vigilar que el paciente no esté bajo de defensas”. Como efecto adverso más frecuente indicó que se pueden producir “episodios de diarrea, ya que este fármaco se elimina por vía intestinal, y no provoca náuseas o vómitos, como la quimioterapia”. Carles comentó que este fármaco se está investigando actualmente para su aplicación en el cáncer de mama.

Carcinoma in situ

Por su parte, Luis Martínez-Piñeiro, jefe de la Unidad de Urología del Hospital Infanta Sofía, comentó que el tratamiento conservador en el carcinoma in situ permite evitar la extracción de la vejiga. Consiste en inocular en la vejiga el bacilo de la tuberculosis atenuado para que se produzca “una reacción inflamatoria e inmune, y, al mismo tiempo que se elimina el bacilo, se destruyen las células cancerosas de la vejiga”. Aunque no se conoce con exactitud el mecanismo de acción de esta terapia, este experto explicó que “el organismo reacciona generando una serie de citoquinas y activando los linfocitos natural killers, que eliminan las células malignas”. Entre los efectos secundarios que puede causar esta terapia hay que tener en cuenta “que un porcentaje muy bajo de los pacientes adquieren tuberculosis genito urinaria, mientras que otros pueden sufrir una reacción inmunológica tan fuerte que cause una retracción vesical que obligue a extirpar la vejiga”, indicó este experto. Martínez-Piñeiro señaló que en aquellos pacientes que han recaído habría que optar por tratamientos más agresivos, como la extirpación de la vejiga.

Marcadores en cáncer de vejiga

Maria José Ribal, jefa de la Unidad de Urooncología del Hospital Clínic de Barcelona, comentó que el futuro de los marcadores genéticos en el cáncer de vejiga pasará por los panales de genes. “Un solo marcador genético ofrece un información muy parcial de la patología”, señaló. En cambio, “contar con paneles que incluyan varios marcadores, como en el caso del cáncer de mama, permite abarcar diferentes puntos de la alteración.