café de redacción/ “Alzhéimer: luces y sombras”

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Instan a eliminar las desigualdades autonómicas y crear unidades de demencia
| 2010-07-16T16:26:00+02:00 h |

ALBA RUIZ

Madrid

Durante el transcurso del café de redacción “Alzhéimer: luces y sombras”, celebrado en la sede de Contenidos e Información de Salud, Manuel Fernández, del servicio de Neurología del Hospital de Cruces de Bilbao, y Jesús Cacho, director de la Unidad de Demencias del Hospital Universitario de Salamanca, comentaron las fortalezas y debilidades en el manejo de esta enfermedad.

Fernández denunció que “no hay un plan a nivel nacional para combatir la enfermedad y hay muchas diferencias en cuanto a cómo se trata el proceso en las diferentes comunidades autónomas”, a lo que Cacho añadió que “esta falta de coordinación general se ha suplido gracias a que nos hemos ido organizando como hemos podido”.

Ambos expertos solicitaron la creación de unidades de demencia multidisciplinares para potenciar la investigación clínica, neuropsicológica, genética y farmacológica, así como la asistencia médica y social. Aunque, como recordó Cacho, existen “unidades fantasma”, no tienen una acreditación oficial, lo que genera falta de coordinación. “Todo eso ya está escrito —comentó Fernández —, lo que pasa es que hay que creer en ello y darle un empuje para coordinarlo”.

Hacia la prevención primaria

Hoy los esfuerzos se centran en establecer factores predictivos que determinen quiénes presentan deterioro cognitivo leve (es anterior a la demencia) para retrasar en ellos la aparición del alzhéimer. “En los próximos años no vamos a pretender curar la enfermedad, pero sí retrasar sus manifestaciones. La mayor parte de los ensayos clínicos se tendría que dirigir a los pacientes que presentan deterioro cognitivo leve y con alzhéimer incipiente”, explicó Fernández. Según Cacho, “ya hay factores predictivos que permiten saber qué pacientes con deterioro cognitivo leve amnésico van a desarrollar la EA”, aunque esta diferenciación se encuentra en un punto experimental.

En cuanto a técnicas de neuroimagen, el avance ha sido espectacular. Un ejemplo de ello es cómo ha evolucionado la medición del volumen del hipocampo, una tarea que antes podía requerir ocho horas y que ahora se puede realizar en muy poco tiempo de manera automática gracias a la morfometría basada en vóxels.

Fernández apuntó también a los marcadores de líquido cefalorraquídeo y de medición de amiloide en el cerebro (PIB) como otras pruebas que se van a emplear más en la práctica médica. “En el futuro no habrá un único marcador, sino que se dará la combinación de imagen, biológicos en líquido cefalorraquídeo y en sangre, y la clínica, que sigue siendo lo más importante”, pronosticó.

De acuerdo con él en que la clínica sigue siendo la clave, Cacho resaltó la importancia de este aspecto para distinguir dentro del grupo de pacientes con pérdida de memoria a los que pueden padecer alzhéimer. Al respecto de este asunto, apuntó que “hay que discriminar y separar a las personas que puedan padecer el deterioro cognitivo por otra causa, por ejemplo por trastornos de ansiedad o depresión, y no como factor de riesgo asociado al alzhéimer”.

Terapia de dos fármacos

Los fármacos empleados actualmente en la EA son los anticolinesterásicos, con indicación en las fases de leve a moderadamente grave, y la memantina, con indicación en las fases moderadamente grave a grave.

A pesar de que entre los neurólogos se cree que la eficacia de ambos es discreta, Cacho reconoció que hay pacientes que mejoran espectacularmente, aunque sea de modo transitorio: “El tratamiento con anticolinesterásicos los dos primeros años es eficaz, es lo que se llama el honeymoon anticolinesterásico”.