rocío chiva Enviada especial a Niza | viernes, 09 de mayo de 2014 h |

Una de las principales complicaciones del tratamiento con anticoagulantes es el aumento del riesgo de sufrir una hemorragia intracerebral (HI), cuyo “pronóstico continúa siendo grave incluso después de revertir los efectos de estos fármacos”, subrayó Bo Norrving, profesor de Neurología de la Universidad de Lund, en Suecia, durante el Simposio ‘Avances en la prevención del ictus en pacientes con fibrilación auricular (FA)’, organizado por Daiichi-Sankyo durante la edición número 23 del Eurostroke, celebrado en Niza, Francia.

Disminuir el consumo de alcohol, reducir la presión arterial (el riesgo de accidente cerebrovascular hemorrágico y de eventos cardiovasculares se redujo en un 34 y un 38 por ciento respectivamente en pacientes con FA y accidente cerebrovascular isquémico, según el estudio Progress) y vigilar de cerca la combinación con terapias antiagregantes son las principales herramientas con las que contaban hasta ahora los profesionales para reducir el riesgo de HI. Al menos hasta la llegada de los nuevos anticoagulantes orales (NACOs) que, como subrayó Norrving, “reducen el riesgo de HI a la mitad”. Unos resultados muy favorables que, en el caso de dabigatrán y rivaroxabán, ya han sido incluso demostrados en la práctica clínica, “con pacientes reales”, señaló este profesional, que también destacó que “el volumen de expansión del hematoma es el mismo o quizá incluso menor con los NACOs que con el tratamiento con warfarina”, destacó.

La pregunta entonces es por qué, ante estas evidencias, continuamos “con las mismas pautas de tratamiento anticoagulante que hace 10 o 20 años”, señaló Werner Hacke, jefe del Departamento de Neurología de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, basándose en los datos del Registro Garfield, un estudio observacional de seguimiento de 55.000 pacientes reclutados en el momento en que fueron diagnosticados con una fibrilación auricular no valvular.

Además, atendiendo a las guías de práctica clínica que sitúan en un nivel de CHAD2 mayor de uno a los pacientes que deben ser tratados con terapia anticoagulante, existe un importante número de pacientes en tratamiento por debajo de este nivel y “puestos en riesgo innecesariamente” y otro porcentaje importante que sí cumplen los requisitos para estar en tratamiento y que no lo están, destaca este profesional. Pero lo más “decepcionante” para Hecke es que, comparando la primera y la segunda cohorte de pacientes, entre las que median “dos años de simposios e información para los profesionales”, la única diferencia es un mayor uso de NACOs. Y no solo eso, sino que apunta Hecke, “hay países en los que la prescripción de antagonistas de la vitamina K es todavía mayor que la de NACOs”. En cuanto al porqué de ello, este profesor apunta sobre todo a las políticas de acceso a medicamentos de los diferentes países europeos.

Un hándicap que no ha hecho mella en la investigación en estos fármacos ya que, tras la comercialización de dabigatrán, rivaroxabán y apixabán, ahora llega edoxabán, un inhibidor de Xa de administración oral, que ya ha demostrado en fase III su no inferioridad a warfarina y un perfil de seguridad satisfactorio en dosis de 30 mg y 60 mg.