C. S. Madrid | viernes, 17 de julio de 2015 h |

Una de las preguntas planteadas y que más ampollas levanta —por falta de consenso— entre profesionales y sociedades científicas es la apuesta (o no) por el tratamiento de mantenimiento en MM.

Al respecto, Mateos corroboró que existe “un gran debate” sobre este tema. “Los estudios que se han hecho no dejan dudas de que lenalidomida es eficaz para pacientes con mieloma que han recibido un trasplante, ya que duplica la supervivencia libre de progresión entre 20 y 40 meses”, apuntó la jefa del Servicio de Hematología del hospital salmantino, al tiempo que incidió en el hecho de que evitar que esta patología avance es sinónimo de evitar que el paciente se sienta cansado, tenga anemia, insuficiencia renal, dolor, etc., y por consiguiente pueda llevar una vida normal.

Lahuerta suscribió las palabras de Mateos, diciendo que, pese a que “hay polémica”, el beneficio de un fármaco “no debe estar limitado porque una agencia lo apruebe o no”.

“Las agencias reguladoras no son observatorios de la ciencia, sino que actúan a instancias de la industria y, además, la EMA no tiene las mismas indicaciones, limitaciones o inclusiones de ficha técnica que, por ejemplo, la agencia americana (FDA), la canadiense o la peruana”, apostilló, añadiendo que si tuviese flexibilidad a la hora de actuar haría lo que considerase “más beneficioso y conveniente” para el paciente.

Asimismo, resaltó que para que pueda afirmarse que un tratamiento aumenta la supervivencia es necesario que se den tres condiciones: un tiempo de observación prolongado, ensayos clínicos que permitan determinar “precozmente” diferencias muy pequeñas y que estos estudios homogeneicen los modelos de tratamiento de rescate.

En este punto, los expertos hablaron de cómo mantener la sostenibilidad del SNS sin olvidarse de la incorporación de las innovaciones. Así, Mateos advirtió de que “no tiene sentido” que las compañías farmacéuticas realicen “la gran inversión económica” para desarrollar importantes ensayos clínicos que se traducen en aprobaciones de fármacos y combinaciones “más eficaces” que las que se utilizaban hasta el momento si luego no se pueden aplicar en la práctica clínica.

Dicho de otro modo, “cada vez que aparece un tratamiento nuevo, hay continentes que se quedan sin él”, apuntó Lahuerta, haciendo referencia al hecho de que este no es un problema que afecte solo a las comunidades autónomas, sino que “supera a los estados e incluso a la Comunidad Económica Europea (CEE)”.

A este ritmo, según el especialista, dentro de unos años existirá un nuevo panorama de enfermedades oncológicas que tendrán curación, pero esta no se podrá aplicar a todo el mundo. Y dado que la realidad en España es la falta de equidad, Lahuerta puso el ejemplo de que en Madrid hay hospitales que siendo públicos y que tienen gestión privada “no tienen la misma posición ante la llegada de nuevos fármacos, sino que es muy distinta”.

No obstante, en Castilla y León la situación es, de acuerdo con Mateos, diferente ya que todos los especialistas se han puesto de acuerdo sobre los estándares de tratamiento que han de recibir los pacientes, según la fase en la que se encuentren.

Aparte, ambos profesionales lamentaron que en los últimos años se han retirado del mercado algunos fármacos que tenían beneficios considerables y se han sustituido por otros más caros.

Sin duda, tal y como concluyó Mateos, “es necesario que exista diálogo y respeto” entre todos los actores del sistema para que este siga funcionando con normalidad.