C. S. Madrid | viernes, 30 de octubre de 2015 h |

Conocer cuáles son los estíulos, las barreras y los miedos que en un momento determinado impiden que las pacientes de cáncer de mama entren a formar parte en un ensayo clínico (EC) y, a su vez, qué les impulsa a participar, son los principales objetivos del estudio Activas ‘Necesidades y percepciones de las pacientes oncológicas sobre los ensayos clínicos’, llevado a cabo por el grupo académico en cáncer de mama Solti.

Además, ha servido para valorar el nivel de conocimiento, información y respeto a los principios bioéticos del participante en la investigación clínica, evaluar el feedback resultante del proceso de participación y proponer recomendaciones de mejora centradas en el paciente.

Un trabajo pionero en España en el que participaron 39 pacientes con esta patología tratadas en el Hospital Vall d’Hebron, el Hospital Universitario 12 de Octubre, el Hospital Universitario Virgen del Rocío y el Consorcio Hospital General Universitario de Valencia y en el que se sintetizan dos años de investigación.

“Hemos intentado reclutar con la máxima representatividad posible, dado que con un grupo de 39 personas, se busca una muestra de tipo teórico y, por tanto, su tamaño no influye en los sultados obtenidos”, explicó Laura Fernández, coinvestigadora del estudio. Lo que sí se debe tener en cuenta, prosiguió, es la consistencia de los discursos y la interaccion entre las participantes.

Los resultados destacan la necesidad de centralizar los EC en la paciente, teniendo presente cada caso concreto y la diversidad existente en sus vivencias, contexto, situación geográfica, etc. Aparte, se ha conocido que la experiencia previa de cada participante o de alguno de sus allegados, en relación con el acceso al EC modula su determinación para acceder o no al mismo.

En este sentido, Ana casas, oncóloga de la Unidad Multidisciplinar de Cáncer de Mama del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) y coordinadora del comité de Relaciones Institucionales del grupo Solti, afirmó que es importante conseguir que las pacientes consideren el EC como “una oportunidad para acceder a los mejores tratamientos”.

Asimismo, apuntó a que este desconocimiento sobre el proceso de los EC se mantiene antes, durante y al finalizar el ensayo e incumbe tanto la definición en sí de lo que es un ensayo clínico, hasta información más específica como pueden ser las fases del mismo e incluso sus resultados.

Giovanna Gabriele Muñiz, también coinvestigadora del estudio, habló de otros resultados observados, como por ejemplo los miedos y preocupaciones que tienen las pacientes —la pérdida de cabello una vez comiencen el tratamiento; la pérdida de capacidad de control sobre la propia vida o la oportunidad de ser madre—, y de que su personalidad, especialmente si es constructiva, optimista y colaborativa, favorece su autonomía y un mejor estado psico-emocional.

A esto añadió que entre las motivaciones para participar en el ensayo clínico están el espíritu altruista que genera el sentimiento de ser de utilidad para el avance científico, la propia supervivencia y el sentimiento de agradecimiento por acceder a la “oportunidad terapéutica” y que el proceso de toma de decisiones no es percibido como “compartido” ni “debatido” o “reflexionado, según la práctica totalidad de participantes en el estudio.

Ahora que ya se conocen los resultados de esta fase cualitativa, se podrá proceder a la siguiente, la cuantitativa; que se desarrollará en 2016 y, en ella, se aplicará un cuestionario a una muestra de 1.200 pacientes sobre los aspectos remarcados durante la primera fase.