libro/ En caso de que el médico tome decisiones unilaterales sin justificación

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Sánchez apuesta por potenciar la comunicación para decidir ante conflictos éticos
| 2011-05-27T16:11:00+02:00 h |

M.R.

Madrid

Los casos clínicos relacionados con tratamiento de enfermos al final de la vida, con sedaciones terminales, con la utilización del placebo o con la retirada del soporte de hidratación y nutrición son ejemplos de escenarios de “conflictividad” en el plano ético en los que se ve implicado el farmacéutico hospitalario dentro de su práctica habitual y en los que tiene que tomar postura de acuerdo con su libertad de conciencia.

Según expone Amelia Sánchez, del servicio de Farmacia del Hospital Puerta de Hierro-Majadahonda de Madrid, en uno de los capítulos del libro ‘Libertad de conciencia y medicamento’, la complejidad de la atención sanitaria ha derivado en la formación de equipos multidisciplinares en los que estos profesionales son “protagonistas indiscutibles” en las decisiones farmacoterapéuticas lo que también les hace partícipes de los problemas éticos que rodean la asistencia del paciente.

Por ello, considera necesario potenciar las vías de comunicación con el médico y su participación en las comisiones clínicas para compartir decisiones relacionadas, por ejemplo, con la sobreutilización de recursos terapéuticos o de terapias de reciente comercialización en otros países pero no autorizadas en España, en las que se hace precisa una valoración correcta de la utilidad terapéutica en relación al coste de las decisiones. Sánchez recuerda que la ley atribuye al farmacéutico de hospital una responsabilidad directa sobre la adquisición, la calidad y la cobertura de las necesidades de medicamentos para las actividades intrahospitalarias lo que puede generarle problemas de conciencia si, por diversas consideraciones, se realiza una utilización irracional de los mismos.

En su opinión, aunque no se deben tomar estas decisiones en base a criterios exclusivamente economicistas, resulta muy difícil olvidar el valor monetario al realizar una evaluación del riesgo-beneficio en una sociedad donde los recursos son limitados y existe preocupación por el aumento del gasto sanitario. Sin embargo, cree que si el médico adopta decisiones unilaterales sin la justificación suficiente habría que reconocer la legitimación del farmacéutico hospitalario para poner objeciones fundamentadas a la dispensación.

Por otra parte, la experta señala que este profesional también se puede ver envuelto en situaciones que pueden atentar contra su libertad ideológica, moral y religiosa, por lo que puede alegar objeción de conciencia sin perjuicio de las medidas que adopten los gestores de los centros para garantizar las prestaciones.