carlos b. rodríguez Madrid | viernes, 11 de julio de 2014 h |

Atención socio-sanitaria integral e integrada; mejoras en la prevención y promoción de la salud; un fomento de la atención no presencial y de la autonomía y corresponsabilidad del paciente y una herramienta clave para evaluar resultados. Estos son las ventajas que aportan las TIC al sector salud. Aún así su introducción está siendo más lenta y complicada de lo esperado, en parte por la necesaria exigencia de evaluación en un contexto de escasez presupuestaria. Una de las conclusiones de la jornada ‘La e-salud al servicio de la cronicidad’, organizada en Madrid por GM, El Global y PwC, fue precisamente la demanda para que las TIC sanitarias no se evalúen en términos de coste-efectividad, como si de un nuevo medicamento se tratara.

“Parece que cada euro que se invierte se tiene que justificar en términos de ahorro o de si el retorno será inmediato o no”, señaló Joan Guanyabens, director de IT Health de PwC, en relación a la implantación de estas tecnologías en el sector salud.

La e-salud es una apuesta del Gobierno desde 2004 (fundamentada en la Ley de Cohesión) que se basa en la tarjeta sanitaria, la historia clínica digital y la receta electrónica. Mientras finaliza la informatización del sistema, y a la espera de la interoperabilidad, Sanidad ha comenzado a poner a disposición de las comunidades nuevas herramientas para afrontar el reto de la cronicidad asociada al envejecimiento.

Una de ellas es el servicio de Estratificación y gestión de enfermedades crónicas, como anunció la directora general de Salud Pública, Calidad e Innovación del Ministerio de Sanidad, Mercedes Vinuesa. De hecho, la pasada semana el BOE recogía la resolución que regula la colaboración entre el Ejecutivo y Cataluña para el desarrollo de este proyecto. Su objetivo es ofrecer modelos normalizados para identificar el nivel de necesidad de cada paciente y facilitar la provisión de intervenciones específicas adecuadas a cada necesidad. Sus beneficios, según Vinuesa, son entre otras cosas, la obtención de ficheros estandarizados de resultados a nivel nacional y de resultados personalizados para cada región o el uso de la misma aplicación informática y por tanto “de la misma lógica de negocio” para todas las CC.AA.

Por su parte, Ángel Blanco, director de organización y procesos de IDC Salud, ofreció pistas de la innovación en servicios: aprender a hacer las cosas sin el paciente (por ejemplo, comunicación de resultados sin necesidad de pedir cita); hacerlas donde está el paciente, y no al revés y un paciente conectado y coautor de su propia historia clínica. Y en ese camino se empieza a andar. Así lo ponen de manifiesto las experiencias de Madrid, Galicia, País Vasco o Cataluña. Sus máximos responsables en la materia, Zaida Sampedro; Julio García; Mikel Ogueta y Francesc García, respectivamente, apuntan a una demanda creciente de servicios como las consultas no presenciales; la telemonitorización; las interconsultas entre profesionales o el autoseguimiento del paciente gracias a carpetas personalizadas.

Aunque el salto está siendo cualitativo, las administraciones también consideran que las nuevas tecnologías se están incorporando con retraso. Según Ogueta, “hay que trabajar más en equipo y elegir adecuadamente a los líderes y falta una cultura de benchmarking para ver lo que hacen otras regiones”. Sampedro también cree que las administraciones del sector sanitario deben ser capaces “de analizar y copiar lo que se ha hecho desde otros sectores”.

Junto a los retrasos también hay peligros. Blanco previene también del que denomina ‘efecto Decathlon’, o sensación de que se está construyendo un nuevo sistema a base de poner a disposición del paciente multitud de aparatos tecnológicos. “Cuando una tecnología madura es invisible. Lo importante es el servicio que damos detrás”, concluyó.

Atención socio-sanitaria integral e integrada; mejoras en la prevención y promoción de la salud; un fomento de la atención no presencial y de la autonomía y corresponsabilidad del paciente y una herramienta clave para evaluar resultados. Estos son las ventajas que aportan las TIC al sector salud. Aún así su introducción está siendo más lenta y complicada de lo esperado, en parte por la necesaria exigencia de evaluación en un contexto de escasez presupuestaria. Una de las conclusiones de la jornada ‘La e-salud al servicio de la cronicidad’, organizada en Madrid por GM, El Global y PwC, fue precisamente la demanda para que las TIC sanitarias no se evalúen en términos de coste-efectividad, como si de un nuevo medicamento se tratara.

“Parece que cada euro que se invierte se tiene que justificar en términos de ahorro o de si el retorno será inmediato o no”, señaló Joan Guanyabens, director de IT Health de PwC, en relación a la implantación de estas tecnologías en el sector salud.

La e-salud es una apuesta del Gobierno desde 2004 (fundamentada en la Ley de Cohesión) que se basa en la tarjeta sanitaria, la historia clínica digital y la receta electrónica. Mientras finaliza la informatización del sistema, y a la espera de la interoperabilidad, Sanidad ha comenzado a poner a disposición de las comunidades nuevas herramientas para afrontar el reto de la cronicidad asociada al envejecimiento.

Una de ellas es el servicio de Estratificación y gestión de enfermedades crónicas, como anunció la directora general de Salud Pública, Calidad e Innovación del Ministerio de Sanidad, Mercedes Vinuesa. De hecho, la pasada semana el BOE recogía la resolución que regula la colaboración entre el Ejecutivo y Cataluña para el desarrollo de este proyecto. Su objetivo es ofrecer modelos normalizados para identificar el nivel de necesidad de cada paciente y facilitar la provisión de intervenciones específicas adecuadas a cada necesidad. Sus beneficios, según Vinuesa, son entre otras cosas, la obtención de ficheros estandarizados de resultados a nivel nacional y de resultados personalizados para cada región o el uso de la misma aplicación informática y por tanto “de la misma lógica de negocio” para todas las CC.AA.

Por su parte, Ángel Blanco, director de organización y procesos de IDC Salud, ofreció pistas de la innovación en servicios: aprender a hacer las cosas sin el paciente (por ejemplo, comunicación de resultados sin necesidad de pedir cita); hacerlas donde está el paciente, y no al revés y un paciente conectado y coautor de su propia historia clínica. Y en ese camino se empieza a andar. Así lo ponen de manifiesto las experiencias de Madrid, Galicia, País Vasco o Cataluña. Sus máximos responsables en la materia, Zaida Sampedro; Julio García; Mikel Ogueta y Francesc García, respectivamente, apuntan a una demanda creciente de servicios como las consultas no presenciales; la telemonitorización; las interconsultas entre profesionales o el autoseguimiento del paciente gracias a carpetas personalizadas de salud.

Aunque el salto está siendo cualitativo, las administraciones también consideran que las nuevas tecnologías se están incorporando con retraso. Según Ogueta, “hay que trabajar más en equipo y elegir adecuadamente a los líderes y falta una cultura de benchmarking para ver lo que hacen otras regiones”. Sampedro también cree que las administraciones del sector sanitario deben ser capaces “de analizar y copiar lo que se ha hecho desde otros sectores”.

Junto a los retrasos también hay peligros. Blanco previene también del que denomina ‘efecto Decathlon’, o sensación de que se está construyendo un nuevo sistema a base de poner a disposición del paciente multitud de aparatos tecnológicos. “Cuando una tecnología madura es invisible. Lo importante es el servicio que damos detrás”, concluyó.