Rocío chiva Madrid | viernes, 23 de octubre de 2015 h |

Según estimaciones norteamericanas que, en opinión de Javier Cobo, jefe de Sección de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, podrían ser también extrapolables a Europa, “las infecciones por prótesis articulares se multiplicarán por tres o por cuatro en los próximos 15 o 20 años”. Entre los motivos, este especialista señala el envejecimiento poblacional y la durabilidad de las prótesis. Y es que, a día de hoy, es muy factible que un paciente al que se le coloca una prótesis a los 68 años necesite un recambio a los 15 o 20 años más o menos.

Pero, en un contexto en el que las resistencias bacterianas son un problema y las opciones antibióticas escasas, la decisión acerca de si mantener o no el implante o de si cambiar o no la antibioterapia a un paciente se vuelve complicada. Para intentar aclarar estas y otras cuestiones como, por ejemplo, la posibilidad de quitar la prótesis antigua y colocar una nueva en el mismo procediminto quirúrgico —con el consiguiente ahorro en el consumo de recursos y una menor limitación de la movilidad del paciente, que ya no tendría que esperar entre dos y tres meses para la colocación de la prótesis—, se ha celebrado una reunión multidisciplinar sobre ‘Avances en las infecciones sobre prótesis articulares’ en el Hospital Ramón y Cajal.

En ella, además de destacar la necesidad de “discutir y adaptar los protocolos para seleccionar a los pacientes en los que estaría indicada esta técnica de un solo tiempo quirúrgico”, ha destacado Cobo, se ha incidido también en la importancia de que existan equipos multidisciplinares en los que traumatólogos, infectólogos y microbiólogos clínicos trabajen de manera coordinada.

Otro de los temas que se trató durante el encuentro fue el de las infecciones que obligan a tratar al paciente de manera indefinida con un antibiótico. Sobre todo en personas mayores, Cobo apunta a que “una intervención puede ser más perjudicial que beneficiosa y lo mejor en muchos de estos casos es lidiar con la infección, aunque sea sin curarla”.

El problema es que, al haber pocos casos —unos cuatro o cinco al año en el Ramón y Cajal—, no hay mucha evidencia científica en la literatura. Por eso, Cobo apuntó a la puesta en marcha por la Red Española de de Investigación en Patología Infecciosa (Reipi) de un estudio observacional que pretende acumular más evidencias de casos para ampliar el conocimiento sobre esta terapia antibiótica supresora. De momento, entre 14 o 15 hospitales españoles se han adherido ya a la iniciativa de crear esta gran base de datos. Además, Cobo también destacó que se han puesto en contacto con algunos grupos europeos que se dedican también a este tema para que participen.