BARTOLOMÉ BELTRÁN,
Jefe de los servicios
médicos de A3media
| viernes, 05 de diciembre de 2014 h |

Las vacunas siguen en fase experimental y supondrán un cambio sustancial en el futuro de la vacunología y salud pública

El Profesor Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Rey Juan Carlos, habló del futuro de las vacunas en el acto celebrado por Sanofi Pasteur MSD, donde se hizo un repaso de sus dos décadas de actividad con la presentación del libro ‘Presente y Futuro de la vacunología. 12 reflexiones imprescindibles’.

El catedrático indicó que “las vacunas que se encuentran actualmente en fase de experimentación supondrán en el futuro un cambio sustancial para el mundo de la vacunología y de la salud pública”.

La microencapsulación consiste en envolver antígenos vacunales en polímeros biodegradables que produzcan liberación lenta y programada de estos antígenos en el organismo, lo que permitiría obviar la necesidad de dosis de recuerdo. Con esta tecnología es posible formular microesferas biodegradables que inyectadas en los primeros meses de vida permitan liberar antígenos vacunales con una cadencia de liberación superponible a los actuales calendarios de vacunación evitando las inyecciones de repetición y las visitas médicas.

Otra de las técnicas serían las adyuvantes inmunes e inmunomoduladores, sustancias que se incorporan a las vacunas para acelerar, prolongar o potenciar la respuesta inmunológica frente a la misma.

Por otra parte, Luis S. Granjel, la figura de más renombre en el mundo de la Historia de la Medicina Española nos deja a los 94 años de edad. Verdadera autoridad moral y científica, su desaparición suponen una gran pérdida para los profesionales de la Historia de la Medicina, para la Universidad de Salamanca, pues era uno de sus grandes catedráticos y referente para toda una generación de médicos formados en su magisterio.

La necrológica del periódico ABC inscribe en su contexto médico, científico y humano a uno de los autores más prolíficos de la historia de las ciencias biomédicas. He bebido muchísima información en sus textos del siglo XVII, joyas literarias e históricas de aquella España matizada con un rigor incomparable de este humanista al que también le debo conocer la vida y la obra del Dr. Andrés Laguna a finales del siglo XVI. Bien nos vendría recuperar en tiempo real en esta parte de la historia aquellos escritos de ‘El médico en la literatura picaresca’ en donde Quevedo hacía los destrozos satíricos oportunos en aquel momento en el que las redes sociales eran sustituidas con precisión y esmero por el verbo y la palabra, tanto oral como escrita, en beneficio de una comunicación que con gran sentido del humor reflejaba los beneficios de los galenos y los perjuicios de algunos barberos.

Esta estampa del médico, trazada por distintas plumas, la resume los siguientes versos puestos por Enríquez Gómez en boca de un hijo de Esculapio: “Mi cotidiano pan, es la sangría; / Mi ganancia suave, / Uno y otro jarabe: / Mi hacienda bien ganada, / Una purga endiablada: / Mi mayorazgo, el pulso; / La muerte, mi recurso; / La orina, mi consejo; / La cámara, mi espejo; / Mi puñal, un barbero”.

José María Urkia Etxabe, profesor titular de Historia de la Medicina en la Universidad UPV/EHU, relata y pone en su contexto al Prof. Granjel que con casi un siglo de arduo trabajo, como dice el autor, “la huella dejada en la ciudad del Tormes es palpable, desde el famoso Palacio Fonseca, su Instituto de Historia de la Medicina, la docencia universitaria tanto en la Universidad Civil como en la Pontificia. Riguroso, modelo de docente, volcado en la transmisión del saber histórico-médico, forjador de escuela en Salamanca, Valladolid, Cádiz, Madrid y el País Vasco”. Es lo que hay.