BARTOLOMÉ BELTRÁN,
Jefe de los servicios
médicos de A3media
| viernes, 04 de abril de 2014 h |

La gestión clínica es una exigencia profesional, jurídicamente posible, necesaria y que precisa financiación suficiente

Recuerdo el gran éxito que tuvo el ‘V Curso de Gestión de Proyectos’ de Adiges, donde se transmitió a más de cien responsables de gestión de los principales hospitales españoles la importancia de trabajar por la eficacia y la eficiencia en estos tiempos de crisis. Ahora, con la VI Edición de estas jornadas acreditadas por la URJC, bajo la Dirección de la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria, y que cuentan con el respaldo de Janssen, hemos tenido una nueva oportunidad de actualización.

Se ha puesto de moda hablar de Gestión Clínica. Me refiero al mecanismo de control a todos los niveles de la Gestión Clínica en el marco del Sistema Nacional de Salud. Se trata de un espacio laboral y asistencial en el que inciden muchos factores, se gasta mucho dinero, tiene una gran variabilidad, es difícil de medir la calidad de los servicios y tiene un alto número de trabajadores.

Puestas así las cosas quiero ponerle ventilador y las luces adecuadas a lo que manifestaron algunos expertos en torno a la revista de la OMC. Entre lo que deduzco se inscriben tres elementos esenciales. De una parte, que las Administraciones Públicas deben practicar en este ámbito políticas muy rigurosas y tienen que concretar a la hora de delegar entre los gerentes de los hospitales para que finalmente los profesionales se sientan libres y autónomos, cosa harto difícil porque marcar territorios en la decisión puede ser coercitivo mientras que gestionar desde protocolos o indicaciones contrastadas y evaluadas libera al profesional. Pero también es importante conocer el coste de las cosas y los profesionales de las distintas disciplinas médicas tienen que conocer el valor real de cada prescripción a fin de que conozca cuál es su precio para utilizarlas adecuadamente, en el bien entendido de que hay muchas terapéuticas parecidas y otras que pueden superar por exceso las necesidades de los pacientes.

La vertebración de la reunión tuvo muchos matices. El Dr. Eduardo García Prieto aseguró que “las UGC no pueden considerarse una medida de contención del gasto, sino que lo que se pretende con ellas es asegurar la sostenibilidad del sistema”. Pero también hay que considerar lo que dijo el Dr. Juan Manuel Garrote que señaló que “los profesionales tienen cierto recelo a la hora de integrarse en estas Unidades, tal vez por no estar adecuadamente informados y el cambio produce inquietud”.

Fue muy inteligente el aspecto que aportó el Dr. Carlos Macaya, quien precisó que “estoy seguro de que si se forma un órgano colegiado dentro de una unidad de gestión clínica, la gente va a tomar mayor interés por el liderazgo”.

El Dr. Tomás Toranzo subrayó que “la gestión clínica es una cuestión necesaria, es una exigencia profesional, es posible con la relación jurídica que tenemos actualmente, y precisa de una financiación suficiente”, cuestión que refleja la patética realidad de la situación. Porque lo curioso en este tiempo de la historia es que estamos ordenando nuestra actividad debido a la crisis cuando deberíamos habernos arremangado sin necesidad de ella. Así que cobra carta de doctrina lo que dijo finalmente el Dr. Serafín Romero, que sentenció aquello de que “para el funcionamiento de una UGC no se puede depender de avatares políticos ni de cambios de gobierno, ni mucho menos de la politización”. Es lo que hay. Seguro.