Almudena Fernández Madrid | viernes, 27 de junio de 2014 h |

Evaluar a los residentes de manera novedosa, no tanto de forma sumativa como se ha hecho históricamente, sino a través de un método de evaluación formativa, tal y como solicitan tanto la comisión nacional de la especialidad como la propia profesión: hacerlo adaptando más el plan a cada uno de los residentes, individualizando este trabajo. Así se lo aseguró a este suplemento el vicepresidente de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), Miguel Ángel Calleja, en el marco de la ‘Jornada de Actualización de tutores de Residentes de Farmacia Hospitalaria’.

Por ello, el Grupo de Tutores de la SEFH ha elaborado una nueva herramienta que se podrá utilizar para llevar a la práctica este nuevo modelo. Plantea una evaluación por competencias, no sólo de los conocimientos, sino también de las habilidades y actitudes que tiene el residente en cada una de las 18 áreas competenciales elaboradas que son, además, las mismas que establece el plan de formación actual. “La mayor innovación es esa, poder evaluar conocimientos, habilidades y actitudes en la práctica habitual”, subrayó Calleja.

En este sentido, desde la SEFH quieren dar a los tutores algunas herramientas para adaptar el plan formativo y poder motivar a los residentes de cara a ser mejores profesionales, a ser más eficientes en su trabajo, a estar más satisfechos con la labor que llevan a cabo, y a adaptar todo el plan formativo a las necesidades de cada uno de los residentes. Esta herramienta es aplicable en cualquier hospital y, de hecho, ha sido pilotada ya en los primeros 14, y permite mostrar los déficits formativos que tiene cada uno de los residentes, no ya plantear que el FIR no está haciendo bien su trabajo, sino cómo deberá modificarse el plan formativo que se le está dando para que lo aproveche mejor. En definitiva, se trata de evaluar formativamente para corregir el plan y conseguir mejores resultados en el residente.

En cuanto al perfil del tutor, debe ser un profesional con experiencia en la profesión, tener él mismo una amplia formación en docencia, investigación y evaluación, ya que durante la formación inicial de los farmacéuticos de hospital no se les aportan a estos profesionales conocimientos para ser tutores, sino para ser buenos en su trabajo, pero esa es la base para después poder enseñar correctamente.

Las capacidades evaluadoras del farmacéutico de hospital deberá enfocarlas desde el punto de vista formativo y con el fin de hacer un seguimiento individualizado y continuado a los residentes. Además, es necesario que la persona esté motivada para poder transmitírselo a los nuevos farmacéuticos, así como contagiarles la ilusión por mejorar. Asimismo, es importante que negocie tanto con el propio residente como con su servicio y su hospital para que la actividad formativa tenga un papel prioritario.