Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ | viernes, 25 de octubre de 2013 h |

Guiados quizás por una suerte de optimismo antropológico, algunos conocidos médicos y presidentes de sociedades científicas no tienen reparos en asegurar que la época dorada de los congresos médicos revivirá pronto con todo su esplendor en España. Los que así opinan fundamentan tal aserto en la recuperación económica que empieza a asomar por el horizonte y en la necesidad perentoria que tienen las compañías de publicitar sus productos. Las cosas, sostienen ufanos, volverán a ser como antes, aunque la transformación se produzca despacio, de forma apenas perceptible, sin que se note. Obviamente, los que piensan de tal forma se equivocan de cabo a rabo. Aunque posiblemente atraviesen su época más oscura desde la creación del Sistema Nacional de Salud (SNS), los eventos y simposios científicos y de formación continuada no han recibido aún la estocada de muerte definitiva, sino que la sufrirán en breve. El golpe de gracia, la puntilla final, no vendrá de los cada vez más escasos recursos con que cuentan las empresas para financiar cursos, reuniones y otros actos formativos. Tampoco lo hará de la merma continua del poder de prescripción que está sufriendo el médico como consecuencia de las acometidas autonómicas. Ni por las dificultades cada vez mayores que imponen los servicios de salud para permitir desplazamientos y ausencias del puesto de trabajo. El descabello último va a venir de Europa, de la Efpia, en forma de un código ético que, como ya se apuntó en El Global, revolucionará la relación médico-industria que ha existido hasta ahora y que, en la práctica, abocará a su disolución. La clave no está en los límites que se fijarán a dichos contactos, sino en una disposición que se trasladará a España y que es de vital importancia. Casi revolucionaria. Una vez aprobado el código en nuestro país, cada compañía farmacéutica tendrá que hacer públicos bien en su propia web o bien en la de Farmaindustria -aún no se ha especificado- la identificación y los datos de los perceptores de las ayudas, con lo que el mismo quedará señalado de forma pública. En líneas generales, el procedimiento será el siguiente: cuando un facultativo solicite una ayuda deberá firmar un documento en el que autoriza al laboratorio benefactor a utilizar sus datos personales para divulgarlos posteriormente. La conclusión a la que aboca dicho proceso es que muchos facultativos no querrán figurar en listas públicas, aunque la ayuda recibida tenga fines de investigación pura y dura.

Aunque bastantes sociedades científicas desconocen este cambio trascendental que va a operarse en la Sanidad española, otras, en cambio, empiezan a conocerlo por la pericia de sus directivos o, simplemente, a intuirlo. No es difícil aventurar que con el nuevo sistema la asistencia a congresos a lugares exóticos dentro de la geografía española va a quedar mermada o, simplemente, eliminada. La puntilla final puede venir también de la mano de Hacienda. No es descabellado pensar que una vez hechas públicas las listas de ayudas, el Ministerio de Hacienda decida someterlas a una especial fiscalización, con el fin de lograr de que las compañías y los beneficiarios tributen por esta suerte de pago en especie. Aunque no hay postura oficial al respecto, tanto las compañías como los médicos conocedores de este giro que va a experimentar su relación con la industria farmacéutica se ponen en lo peor.

¿Qué alto cargo del Ministerio no salía de su estupor cuando se enteró de que Carlos Lens ha escrito una novela policiaca con la industria farmacéutica como protagonista?

¿Qué directivo de la industria es partidario de emitir una crítica ante la ministra por la temática de dicha novela?

¿Qué conocido médico deambulaba como alma en pena por el último Congreso de Derecho Sanitario, a la vista del desdén que provocaba en muchos de los que le conocen?

¿Qué promesa falsa ha recibido Javier Fernández Lasquetty por parte de un personaje con ínfulas de nuevo rico?

¿Qué consejero del PP va al alza en su partido pese al rechazo profesional de sus medidas?