José A. Rodríguez Barcelona | viernes, 17 de octubre de 2014 h |

Una investigación liderada por el Vall de Hebrón Instituto de Oncología (VHIO) ha demostrado por qué la combinación de quimioterapia y trastuzumab, terapia selectiva contra receptores HER2, es efectiva para disminuir los tumores de un subtipo específico de cáncer de mama HER2 + que se conoce como p95HER2. Como señala Joaquín Arribas, director del estudio e investigador principal del grupo de Factores de Crecimiento del VHIO, “la quimioterapia hace que se estabilice HER2, que es la diana terapéutica, y, por eso, trastuzumab tiene más fácil atacar a esta diana”. Gracias a la quimioterapia, los receptores HER2 se acumulan en la membrana celular. De este modo, es más sencillo que el fármaco llegue a ellos y pueda tener un efecto más elevado en las células tumorales.

El subtipo de tumor p95HER2 afecta aproximadamente al 10 por ciento de las pacientes que sufren cáncer de mama. Además de expresarse HER2, se expresa un fragmento de esta proteína, que es p95HER2. Son dos entidades diferentes, “como si fueran una antena y el fragmento de una antena”, explica Arribas, que, al presentarse de forma conjunta, hacen que el cáncer sea especialmente agresivo. Además, este tumor es resistente a la terapia si sólo se aplica trastuzumab, pero no cuando se trata con quimioterapia y trastuzumab.

Para averiguar cómo funciona exactamente esta combinación, los investigadores usaron dos tumores reales de dos pacientes. Un tumor HER2+ pero negativo en p95HER2 y un tumor HER2+ y positivo en p95HER2. Y los implantaron en las mamas de dos ratones. “De este modo, trabajábamos sobre modelos reales, puesto que expandíamos los tumores pero no los modificábamos”, añade Arribas. Comparando la evolución y la respuesta al tratamiento de quimioterapia más trastuzumab pudieron demostrar por qué esta terapia, que es el estándar para los tumores HER2+, es tan eficaz en el subtipo p95HER2. Los ratones utilizados en la investigación fueron los llamados “avatar”. Éstos son un tipo de ratones que se usan como si fueran un espejo del tumor real de las pacientes estudiadas. Así se puede observar cómo responde el tumor al tratamiento, pero, también “predecir cómo responderá en el futuro”, señala Arribas. Esta investigación se encuentra, como apunta este experto, “a caballo entre la preclínica y la clinica”. Los resultados del trabajo han sido publicados recientemente en el Journal of National Cancer Institute (JNCI).

Cómo señala Arribas, este tipo de investigaciones sólo se pueden realizar en “centros grandes, donde el espacio de investigación está muy cerca del hospital”. Se trata de un factor fundamental, puesto que, desde que se extirpa el tumor hasta que se implanta en las mamas de los ratones, no puede pasar más de media hora.