Rocío chiva Madrid | viernes, 19 de septiembre de 2014 h |

Si bien la medicina personalizada es una línea de investigación con amplia tradición en oncología, no lo es tanto en el campo de la psiquiatría. De ahí que el 16º Congreso Mundial de Psiquiatría, celebrado en Madrid, haya concentrado parte de sus ponencias en este tema. Así, por ejemplo, Giampaolo Perna, profesor asociado de universidades de Italia, Países Bajos y Estados Unidos, presentó una serie de predictores de la aparición de ataques de pánico —niveles en sangre del tratamiento en curso, respuesta temprana a fármacos y trastornos de personalidad comórbidos a esta patología— que podrían ayudar a personalizar un poco más la terapia. Asimismo, Perna presentó ensayos que muestran “diferencias en la tasa cardiaca de estas personas unos 45 minutos antes de que se produzca un ataque de pánico”.

Por su parte, María Nobile, responsable del Instituto de Excelencia en Psicopatología del Adolescente, presentó nuevos estudios GWAS que apuntan hacia la conjunción de una serie de variantes genéticas “raras”, diferentes en cada paciente, para explicar la aparición del autismo. “Quizás haya que cambiar de paradigma”, subrayó Nobile, dejando atrás la búsqueda de una variante genética común a todos los pacientes con autismo.

Además, Jerónimo Sáiz, jefe del Servicio de Psiquiatría del Ramón y Cajal, destacó también la presentación de un nuevo fármaco en el tratamiento del alcoholismo y el desarrollo de fórmulas de administración de fármacos antipsicóticos, vía inhalada y no parenteral, además de fórmulas de administración prolongada con inyecciones de depósito. Unas ventajas a las que hay que añadir también los estudios de farmacogenética, que están consiguiendo que los fármacos aumenten su eficacia y reduzcan sus efectos secundarios.

Pero no todos los avances se han producido en el laboratorio, sino que muchas de las mejoras han tenido que ver con la adición de nuevos recursos como, por ejemplo, la aplicación de técnicas cognitivas en pacientes con psicosis o la aparición de la telepsiquiatría. Con respecto a esto último, Miguel Gutiérrez, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), señaló un programa piloto con presos de la cárcel de Álava que ha obtenido “resultados satisfactorios”. Este programa de contacto psiquiatra/paciente a través de la tecnología, utilizado como coadyuvante de los tratamientos en muchos casos, libera tiempo clínico y ahorra costes, si bien tampoco excluye el contacto físico con el psiquiatra en determinados momentos.

Entre tanta novedad, también hubo tiempo para un debate más clásico: ¿es la medicación antipsicótica o la propia enfermedad la causante de la pérdida de volumen cerebral? Sobre esto, Matti Isohanni, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Oulu, en Finlandia, presentó una serie de estudios con resultados contradictorios para terminar recomendando una disminución de las dosis de estos medicamentos en los casos en que sea posible ya que, como mostró Isohannni, un estudio a siete años de seguimiento demostró que los pacientes en tratamiento discontinuo o a menores dosis mostraban una mejor capacidad cognitiva, si bien es cierto que tenían una tasa de recaídas dos veces mayor.

Cerca del 2 por ciento de la población —más de 140 millones de personas— en el mundo padece trastorno bipolar (TB), superando por tanto en prevalencia a otras patologías físicas como el sida o la esclerosis múltiple e incluso a otras psíquicas como la anorexia nerviosa o la esquizofrenia, mucho más conocidas que el TB que, sin embargo, sí que tuvo un papel protagonista en este Congreso. Eduard Vieta, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona (en la imagen), expuso ante un auditorio prácticamente lleno los últimos avances en el manejo de este trastorno que afecta a los estados de ánimo. Así, además de confirmar la conveniencia de comenzar el tratamiento en estadíos precoces de la enfermedad, Vieta habló de un futuro marcado por la llegada de nuevos fármacos como la lurasidona, la cariprazina o la ketamina. Pero el jefe del servicio de Psiquiatría del Clínic no se quedó ahí y habló de nuevas técnicas de estimulación cerebral e incluso de estudios de relativa eficacia a largo plazo en el índice de polaridad con la administración de terapias de tipo psicosocial.