Rocío chiva Madrid | viernes, 12 de septiembre de 2014 h |

Su facilidad de aislamiento y de expansión, además de su potencial terapéutico en numerosas patologías, han convertido a las células de la placenta en un objetivo de investigación importante en los últimos años, tal y como se ha puesto de manifiesto estos días en Granada, durante la celebración del 3º Iplass Meeting, un congreso bienal en el que se ha hablado de las futuras aplicaciones clínicas que podrían tener las células madre de la placenta y el endometrio.

Así, por ejemplo, Enrique García, director del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular III e Inmunología de la Universidad de Granada y organizador local del congreso, presentó sus últimos resultados en el estudio de las células deciduales estromales, las procedentes de la parte materna de la placenta. A través del estudio de las proteínas de membrana de estas células, García y su equipo han podido demostrar la similitud que existe entre estas y las células madre mesenquimales, que poseen importantes propiedades antiinflamatorias. Una semejanza que García cree que se podría aprovechar para la posible aplicación de células deciduales estromales “en el tratamiento de patologías inflamatorias o autoinmunes”.

Precisamente en la aplicación de células de la membrana amniótica de la placenta en patologías autoinmunes es donde está trabajando Mario Delgado, del Instituto de Parasitología y Biomedicina del CSIC en Granada. En concreto, este equipo de investigadores tiene modelos de ratón en esclerosis múltiple, artritis reumatoide y enfermedad de Crohn en los que han comprobado que la aplicación de estas células es capaz de “controlar la respuesta autorreactiva e inflamatoria del organismo”, destacó Delgado, que también señaló la posibilidad de su uso en “un futuro ensayo clínico con pacientes no relacionados, a partir de un trasplante alogénico”.

Este equipo de investigación ya obtuvo resultados favorables hace unos meses con células mesenquimales del mismo tipo, pero aisladas de tejido adiposo. En este caso, el ensayo se hizo con pacientes con artritis reumatoide en un estadío muy avanzado y los resultados fueron satisfactorios, por lo que Delgado considera que el estudio con células de la membrana amniótica “debería tener la misma eficiencia”. Además, este investigador también señaló la abundancia de este tejido placentario, que “ahora se está tirando”, como fuente de donante de células madre mesenquimales.

Otras aplicaciones

Pero ésta no es la única aplicación de la membrana amniótica, capaz de favorecer la “curación” de heridas muy grandes que no epitelizan de manera espontánea. Esta técnica pionera en el mundo y realizada de momento en 14 pacientes del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia —entre los incluidos en un ensayo clínico actualmente en marcha y los tratados por uso compasivo— ha dado resultados positivos “incluso en una paciente de 82 años, una edad en la que la epitelización es realmente mala”, apuntó Francisco José Nicolás, del Laboratorio de Oncología Molecular del hospital. El tratamiento habitual es una terapia de vacío para rellenar el hueco y, posteriormente, la realización de un trasplante de piel, con el riesgo que siempre existe de rechazo. Nicolás también destacó la capacidad de las células de modular la ruta de señalización del factor de crecimiento transformante (TGF-beta), actuando sobre los queratinocitos que van a dar lugar posteriormente a la nueva epidermis.

Y también en oncología, concretamente en cáncer de mama, parece que podrían tener aplicación las células de la placenta, concretamente las células deciduales. Con una idea inicial de utilizar estas células como vehículos transportadores de quimioterápicos, el Grupo de Medicina Regenerativa del Instituto de Investigación del 12 de Octubre, liderado por Ana Isabel Flores, descubrió que, en modelos murinos con cáncer de mama hormonodependiente, estas células lograban la reducción del propio tumor e incluso la aparición de nuevos tumores, además de aumentar la supervivencia. Como explicó Flores, “eran agentes antitumorales terapéuticos en sí mismas”, al conseguir la disminución de los factores de crecimiento tumoral tanto en el propio tumor como en el plasma y la reducción incluso de los factores que ayudan al proceso de angiogénesis.