Gaceta médica Madrid | viernes, 20 de junio de 2014 h |

La pancreatoscopia, un novedoso procedimiento médico que consiste en la realización de una endoscopia dentro del páncreas gracias a la introducción de unos tubos de apenas 3 milímetros —que contienen una luz y una óptica— en el conducto pancreático, ha sido una de las técnicas protagonistas del 73º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), celebrado en Valencia del 14 al 16 de junio. Y es que, gracias a esta técnica, que todavía se oferta en muy pocos centros españoles, es posible la detección de lesiones en el páncreas en estadíos aun premalignos.

Esta técnica es especialmente eficaz en la detección de estos tumores de menor tamaño (de 3 o 4 milímetros, que aun son benignos) o de tumores que, por su morfología, suelen pasar desapercibidos mediante el uso de otras técnicas de exploración por contraste o escaneo (tumores planos que se extienden por la pared del conducto pancreático, por ejemplo). Incluso se ha demostrado su utilidad en la localización de un tipo de tumor pancreático productor de moco que dilata el conducto pancreático. “En este caso, esta prueba es especialmente rentable ya que hasta ahora, como era imposible detectar dónde estaba el tumor, la única solución era extirpar todo el páncreas”, ha explicado Enrique Domínguez, gastroenterólogo del Hospital Clínico U. de Santiago, que ha señalado también que la pancreatoscopia podría ser también eficaz en patologías de difícil diagnóstico en fases tempranas como, por ejemplo, la pancreatitis crónica.

Por todo ello, los expertos reunidos en el Congreso expresaron su deseo de que, en los próximos años, esta técnica se utilice de manera rutinaria para la exploración del páncreas, de la misma manera que se utiliza la endoscopia en la exploración del estómago y el colon.

Terapias biológicas en EII

Si bien la llegada de los fármacos biológicos para el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) ha significado importantes mejoras en la calidad de vida de estos pacientes, todavía hay un 10 por ciento de pacientes que no responden al tratamiento y un 30 por ciento que deja de responder a él entre seis meses y un año después de comenzar a tomarlo. Un problema al que hay que añadir el de los efectos secundarios de estos tratamientos, que alteran la capacidad inmunológica del intestino, favoreciendo la aparición de infecciones oportunistas yo el desarrollo de lineamos. Actualmente, existen estudios en nuevas terapias para pacientes graves de difícil control en fases ya avanzadas de la investigación que permitirán, dicen los expertos, individualizar mucho más los tratamientos en EII.

En los últimos años, los profesionales sanitarios han detectado un aumento de casos de resistencia de la bacteria Helicobacter Pylori (responsable de la úlcera gástrica y duodenal y de la gastritis crónica y relacionada con el cáncer gástrico y el linfoma gástrico MALT) a los antibióticos. Actualmente, el tratamiento estándar para acabar con esta bacteria es la administración de un inhibidor de la bomba de protones (IBP), en combinación con un conjunto de antibióticos como amoxicilina, claritromicina, levofloxacino y/o metronidazol, entre otros. Una combinación que resulta efectiva en entre el 70 y el 85 por ciento de los pacientes, pero no en el restante 15-30 por ciento, que se hacen resistentes y pueden necesitar un segundo e incluso un tercer tratamiento. El problema, explican los especialistas, es que “ese porcentaje está aumentando y es necesario llamar la atención a profesionales y población general para que utilicen adecuadamente esta medicación”.