Gaceta Médica Barcelona | martes, 06 de mayo de 2014 h |

Cada vez hay más estudios que apuntan a una relación entre asma y obesidad, y durante la celebración del Día Mundial del Asma, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) ha querido recordar varios factores que pueden explicar la asociación entre ambas patologías.

El primero, y puramente mecánico, es la reducción de la capacidad de adaptación o elasticidad pulmonar del sujeto asmático cuando aumenta de peso. Al ampliarse el tejido adiposo y con ello la masa de tejido que se debe movilizar, se merma la ventilación pulmonar. Además, el propio tejido adiposo favorece una situación de inflamación crónica que repercute a nivel pulmonar.

La mayoría de los estudios prospectivos demuestran que la obesidad es un factor de riesgo para el diagnóstico de asma, con un incremento del 1,1 y 3 veces. En el estudio con mayor número de sujetos incluidos y con un seguimiento más prolongado (135.000 pacientes durante 21 años) la incidencia del asma aumentó un 10 por ciento y un 7 por ciento por unidad de incremento de Índice de Masa Corporal (IMC) en hombres y mujeres, respectivamente . Sin embargo, no siempre se confirma esta relación.

En población pediátrica, el estudio prospectivo más reciente realizado en niños (4.393 niños sin síntomas de asma durante los primeros dos años de vida, seguidos durante 14 años) demostró que en el grupo con un IMC elevado —por encima de percentil 85— en el momento del reclutamiento desarrolló asma en una proporción mayor que los niños incluidos con un IMC bajo. “Este dato confirma que la obesidad es una factor de riesgo para la aparición de asma durante la primera infancia, que es el momento en el que desarrollan la enfermedad una gran parte de los pacientes”, comenta Javier Ruiz Hornillos, jefe de Unidad de Alergología en el Hospital Universitario Infanta Elena de Madrid.

En este sentido, Ruiz Hornillos afirma que “merece la pena valorar los beneficios que en el niño asmático tendría realizar un ejercicio físico de forma regular y moderada, en concordancia con sus características personales, el cual le permitiría disminuir la severidad del asma. Además, se ha observado una correlación entre el IMC y el aumento del consumo de corticoides inhalados y broncodilatadores de rescate”.

A nivel epidemiológico, estudios realizados en España muestran que entre un 3 y un 7 por ciento de la población adulta tiene asma. Esta cifra es algo más elevada (entre un 5 y un 10 por ciento) en la población menor de 6 años. El hecho de que en las últimas cuatro décadas se haya triplicado el número de casos de asma convierte a esta enfermedad en un problema de salud pública.