20º Congreso Internacional de Nutricion

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RoCío Chiva Madrid | viernes, 20 de septiembre de 2013 h |

“No podemos cambiar nuestros genes, pero sí darles la mejor alimentación posible”. Así resumía José Ordovás, director del Laboratorio de Nutrigenética y Nutrigenómica de la Universidad de Tufts, en Boston, el modus operandi de esta especialidad, la nutrigenética, durante la celebración del 20º Congreso Internacional de Nutrición, celebrado en Granada.

Así, mediante el estudio del genoma y el análisis del riesgo de cada uno a padecer ciertas enfermedades, es posible “implementar determinadas pautas o hábitos saludables para cada individuo, basadas precisamente en esa individualidad genómica”, apuntaba Ordovás. De esta manera, es posible indicar a una persona si, por ejemplo, tiene que tomar una cantidad mayor de omega 3 o reducir su ingesta de hidratos de carbono para evitar una determinada patología, lo cual permite “un tiro más certero acerca de lo que cada uno necesita”.

Más centrada por el momento en obesidad y patologías cardiovasculares, Ordovás augura que, de aquí a unos tres o cuatro años, la nutrigenética también podría tener aplicación en oncología o incluso en osteoporosis y enfermedades neurológicas, estando estas dos últimas investigaciones “todavía en un estadío muy primitivo”, puntualizó.

Concretamente en obesidad, se han logrado caracterizar más de cuarenta genes asociados al desarrollo de esta patología. “Una persona que tenga treinta de estos marcadores genéticos será obeso si no cuida la dieta, mientras que alguien con 5 o 10 no tendrá que ser tan estricto con la dieta para mantener un peso saludable”, aseguró este especialista.

También sobre obesidad, en concreto sobre el papel de la “grasa parda”, habló Jan Nedergaard, del Departamento de Biociencias Moleculares del Instituto Wenner-Gren de Estocolmo. Este tipo de grasa, que hasta hace poco solo interesaba a unos pocos investigadores, se acumula sobre todo en los primeros años de vida para ayudar a mantener una buena temperatura corporal. Y ahora recientes estudios apuntan a que podría tener también un papel importante en el metabolismo de triglicéridos y glucosa.

“Todos los estudios publicados demuestran la gran capacidad de la grasa parda para captar y asimilar la glucosa circulante, lo que la convierte en un arma para la diabetes”, apuntó durante su intervención Nedergaard. Además, esta grasa también parece poder quemar la energía extra ingerida durante la comida.

El problema ahora es, tal y como evidenció este profesional, que todavía no se sabe hasta qué punto es importante este descubrimiento y cómo puede regularse, además de que aún no se ha encontrado la manera de “modificar la cantidad de este tipo de grasa en humanos con un fármaco, por ejemplo”. Y a la investigación en grasa parda y grasa blanca (la común), hay que añadir también la reciente aparición de la grasa beige, compuesta por células de grasa normal que adquieren propiedades de grasa parda, aunque con una menor capacidad. Su importancia, como la de la grasa parda, está todavía en discusión.

Inmunología

La nutrición podría tener también un papel determinante en la inflamación crónica. Durante su conferencia, Charles N. Serhan, director del Centro de Terapéutica Experimental y Cirugía de Reperfusión de Boston, presentó una serie de estudios que demuestran que los ácidos grasos omega 3, el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido eicosapentanoico (EPA) son “precursores de potentes mediadores bioactivos locales que se producen en la fase final de los procesos inflamatorios”.

En sus estudios, Serhan identificó incluso tres de estos mediadores locales (resolvinas, protectinas y maresinas) que estimulan la inflamación para terminar con ella finalmente. Su identificación demuestra además que la resolución de la inflamación aguda es un proceso programado activo, dando la vuelta al concepto que se tenía hasta hace poco de que la inflamación es un proceso pasivo.

Además, también se presentaron los últimos resultados del estudio Predimed, de evaluación de la dieta mediterránea en la prevención de enfermedades cardiovasculares (ver GM núm. 475) y se anunció la puesta en marcha del ensayo Predimed-Plus, que evaluará “si una dieta mediterránea con restricción de calorías en combinación con estrategias de pérdida de peso y ejercicio físico es capaz de reducir el riesgo de eventos cardiovasculares”, apuntó Miguel Ángel Martínez-González, de la Universidad de Navarra.

Otra investigación interesante fue presentada por dos investigadoras de la Universidad Autónoma de Madrid que, tras el análisis de diversos estudios, concluyeron que existe una relación inversa entre el consumo de azúcar y la ganancia de peso. Además, en un simposio paralelo, se presentaron resultados preliminares de un estudio internacional (Iscole) de evaluación de la relación entre el estilo de vida y la obesidad infantil en niños de diez años de edad de los cinco continentes.

La grasa parda y su papel en el metabolismo de la glucosa y los triglicéridos, también muy debatido

Los coordinadores del estudio Predimed ponen en marcha ahora el estudio Predimed-Plus

Es de sobra conocido que la nutrición es capaz de determinar los años de vida de una persona e incluso la calidad de esta durante la vejez. Pero ¿hasta qué punto? Para contestar a esta pregunta, el proyecto Chances (Consorcio en Salud y Envejecimiento: Red de Cohortes en Europa y Estados Unidos) se encuentra actualmente analizando datos de quince cohortes de pacientes con el objetivo de conseguir “una estrategia integrada para el estudio de la salud en la vejez”, aseguró Antoni Trichopoulu, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Atenas. Centrado en las cuatro patologías crónicas que mayor carga de enfermedad suponen durante la vejez (enfermedades cardiovasculares y diabetes, osteoporosis y fracturas, función cognitiva y trastornos psiquiátricos y cáncer), el Congreso sirvió de escenario para presentar los primeros resultados de este proyecto multicéntrico. En concreto, se presentaron investigaciones sobre marcadores sanguíneos indicadores del estado de envejecimiento del cuerpo, sobre la relación que existe entre los niveles en sangre de la hidroxivitamina-25 D y el envejecimiento y sobre la influencia de la nutrición en fracturas osteoporóticas.