Entrevista/ ”Las patologías crónicas obligan a recuperar al paciente como persona”
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josé garcía
Madrid
La medicina industrial ha llegado a su fin. Los hospitales se han convertido en “fábricas con líneas de producción y operarios: los especialistas. Este sistema ha funcionado en un sistema de agudos, pero ahora con la epidemia del siglo XXI, la de los pacientes crónicos, hay que ir a un “nuevo modelo postindustrial”, que obliga a recuperar al paciente como persona sin fragmentarlo en órganos y a desarrollar nuevas habilidades por parte del médico, sobre todo el internista, donde la parte humana vuelve a adquirir un valor muy importante.
Es la teoría que el colombiano canadiense Alejandro Jadad, fundador del Centro para la Innovación Global en e-Salud, defendió durante el recién celebrado Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), donde impartió una conferencia magistral sobre el internista del futuro.
Al hablar del futuro, éste no se puede predecir, pero sí se pueden considerar distintos escenarios posibles, dijo el también especialista en anestesiología, alivio del dolor y cuidados paliativos. En la actualidad, explicó, existen dos tendencias extremas: los transhumanistas, que defienden que las tecnologías GRIN —Genética, Robótica, Informática y Nanotecnología— nos van a hacer vivir para siempre a finales de este siglo y que en 30 ó 40 años nos harán ganar un año de expectativa de vida por cada año que pase; y los apocalípticos, que apuntan a que los humanos no van a ver el final del siglo XXI y serán responsables de su extinción debido al conflicto armado, el deterioro del medio ambiente, las enfermedades crónicas y los problemas asociados al envejecimiento.
“Estamos en la mitad de esos dos extremos y ahora hay que ver cómo podemos transformar el sistema sanitario para contribuir a que los humanos tengan el mejor futuro posible”, aseveró Jadad.
Y una forma de transformar el sistema sanitario es reinventando la especialidad de Medicina Interna. Jadad advirtió del síndrome de Títono en el que se encuentra inmersa la sociedad. “Vivimos mucho más, no tenemos juventud eterna y nos estamos deteriorando. Tendremos mucha población envejecida con pluripatologías complejas, y se producirá una brecha muy grande entre lo que espera el ciudadano al envejecer y lo que va a recibir en cuanto a capacidad funcional. Más del 90 por ciento de las personas tendrá una patología crónica a los 65 años”.
Gestionar la enfermedad
Por tanto, el internista debe volver a adquirir el protagonismo perdido y desarrollar nuevas habilidades para gestionar las “incurables” enfermedades crónicas, ya que le educaron, sobre todo, “enfatizando el diagnóstico y el tratamiento”. Entre esas habilidades, deberá manejar la anorexia, la fatiga, el suicidio asistido y la eutanasia.
Las cifras hablan por sí solas. Alrededor de un 50 por ciento de los ancianos sufre anorexia y tienen problemas muy serios de desnutrición. “¿Qué sabe el internista del manejo de esta enfermedad? Muy poco”, alertó Jadad. “Tampoco saben tratar la fatiga o afrontar nuevos desafíos como que un paciente le pida morir”. Por ello, Jadad instó al internista del futuro a adquirir estas nuevas habilidades, ya que “se convertirá en compañero de viaje del paciente en este viaje que se llama vida”. Y no debe olvidar que ha de estar preparado para aprender de los jóvenes, expertos gestores del conocimiento, sin resistirse al cambio para no quedarse obsoleto.
Una de las herramientas, “muy poderosa”, para que el profesional se ajuste a las necesidades de la población se encuentra en España. Se trata del Observatorio de Prácticas Innovadoras para el Manejo de Enfermedades Crónicas Complejas (Opimec) desarrollado por la Consejería de Salud de Andalucía, del que Jadad es líder y donde participan personas innovadoras que comparten un gran interés en realizar esfuerzos colaborativos para mejorar mundialmente la gestión de enfermedades crónicas complejas. Opimec responde a la necesidad de crear y consolidar un observatorio y un instrumento de red que dé a conocer a gestores, innovadores, profesionales de la salud y a pacientes y personas cuidadoras, prácticas y organizaciones relacionadas con la gestión de enfermedades crónicas complejas, facilitando así la mejora continua de la calidad en la atención a la salud.