r.C. Madrid | viernes, 11 de septiembre de 2015 h |

Después de un desarrollo “escasísimo” de nuevos antimicrobianos en la década de los 90, actualmente parece que podemos hablar de “un futuro mejor”. Así lo ha destacado Rafael Cantón, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, durante el curso “Antibióticos y resistencias: un reto recurrente”, celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Como él mismo ha señalado, en la década de los 90 se comercializaron solo cuatro antimicrobianos —entre ellos, linezolid y vancomicina—, un número que se ha duplicado entre 2010 y 2015. Un aumento exponencial en la investigación que, en opinión de Cantón, se debe fundamentalmente al “esfuerzo de los profesionales en recoger los datos y poner el problema encima de la mesa”. La Administración recogió entonces este problema y cambiaron los criterios de exigencia en ensayos, lo que permitió que las farmacéuticas volviesen a investigar en unos fármacos que, comparativamente con otros, no llegan a tantos pacientes. A pesar de ello, Cantón advirtió de la importancia de “no bajar la guardia”, ya que las bacterias crean multirresistencias rápidamente.

Entre las novedades en este campo, Cantón destacó sobre todo la combinación del betalactámico ceftolozano con el inhibidor de beta-lactamasa tazobactam. “Es un fármaco interesante porque aúna actividad frente al mecanismo de resistencia por producción de betalactamasas de espectro extendido con actividad también frente a la pseudomonas aeruginosa, uno de los patógenos más importante a nivel hospitalario”, apuntó este profesional, quien también destacó la llegada de tedizolid, un análogo de linezolid, pero con mejoras tanto a nivel de espectro de actuación como de evitación de resistencias. Además de estos, Cantón destacó también la llegada de oritavancina, ceptarilina o la combinación de ceptazina con cefixima.