Antibioticoterapia/ Farmacia y la subcomisión de antibióticos vigilan los protocolos

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Expertos del Hospital del Mar confían en el nuevo potencial de viejas moléculas

Un programa informático revela los casos tributarios de terapia secuencial

| 2011-02-25T17:36:00+01:00 h |

C. Ossorio

Barcelona

La aparición de cepas de bacterias resistentes a prácticamente la totalidad de los antibióticos disponibles en la actualidad genera una elevada preocupación y un constante reto en los hospitales.

Por este motivo, la limitación de nuevas moléculas de cara al futuro fue uno de los temas candentes tratados durante el 40º Curso Intensivo sobre Antibioticoterapia, organizado por el Hospital del Mar y dirigido por L. Drobnic que, habiendo sido jefe de Servicio de Medicina Interna y Enfermedades Infecciosas durante más de 30 años, se considera un gran impulsor de los estudios sobre antibióticos de nuestro país. Así lo subrayó Santiago Grau, representante de Farmacia de la Comisión Asesora del curso.

Según apuntó este experto, la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas (IDSA, en sus siglas en inglés), así como las europeas y en concreto la española, están incentivando la investigación por parte de la industria farmacéutica, pero la laguna es tal que “difícilmente podrá cubrirse el objetivo de la IDSA, que pretende que en el año 2020 existan 10 nuevas moléculas que solventen el problema”.

Uno de los mayores problemas lo constituyen las infecciones producidas por microorganismos gramnegativos multirresistentes, así como la aparición de cepas en terobacterias que codifican la enzima Nueva Delhi Metalobetalactamasa-1 (NDM-1), que, si bien surgió en la India, ya se ha registrado en diversos países europeos —a finales del año pasado en España— y en Norteamérica.

En este escenario, se da la necesidad de recuperar antiguas moléculas como la colistina, un polipéptido que tiene casi 60 años, y que se había abandonado durante los años 80 debido a su pefil de toxicidad y a la aparición de nuevas moléculas activas frente a microorganismos gramnegativos. “Se ha tenido que recuperar porque nos encontramos que hoy en día hay microorganismos gramnegativos, resistentes a todas las familias de antibióticos, excepto a la colistina”, explicó Grau.

Pero esta molécula no está libre de polémica, ya que en los últimos estudios clínicos aparecen resultados controvertidos. “No está claro si existe beneficio en administrar este fármaco de forma concomitante por vía intravenosa y por vía inhalada en pacientes que tienen neumonía por microorganismos gramnegativos multirresistentes”, aclaró el farmacéutico.

Otros ejemplos de moléculas antiguas que se están retomando como nuevas son la fosfomicina sódica, que se emplea por vía parenteral y se ha recuperado por razones similares a la colistina —principalmente y en tratamiento combinado para el abordaje de infecciones por gramnegativos— o la nitrofurantoína, un antiséptico urinario. Ahora bien, esta última está siendo objeto de un seguimiento por parte de las agencias reguladoras de diversos países ya que el perfil de seguridad que se le ha atribuido es superior al que, en realidad, se está observando en recientes estudios.

Pero entre tanta veterana también están surtiendo efecto los antibióticos jóvenes, que han surgido en los últimos años. Una de ellas es daptomicina, activa específicamente frente a microorganismos grampositivos, así como antifúngicos como micafungina o posaconazol.

Desescalonamiento

En una época en la que prima el ajuste de presupuestos, la recuperación de viejos antibióticos parecería una medida favorable en este sentido.

Ahora bien, como puntualizó Grau, “no es que al ser baratos disminuyan la presión económica global, porque muchas veces fallan y se ha de recurrir a moléculas que actúan como tratamiento de rescate cuando ya han fallado todas, lo cual lleva implícito un incremento en los costes de la terapia antibiótica y de la prolongación de la estancia hospitalaria”. Pero destacó que existe una proporción de enfermos, sobre todo los que presentan shock séptico, que se pueden beneficiar del llamado desescalonamiento terapéutico, es decir, ser tratados inicialmente con antibióticos de amplio espectro para después cambiar, a raíz de los resultados del estudio microbiológico, a moléculas de un espectro más estrecho y que suelen tener un precio más asequible.

Desde el servicio de Farmacia, a través de la subcomisión de antibióticos, trabajan con diversos protocolos disponibles en la intranet, que van adecuando al patrón de resistencias bacterianas del centro. Además, tienen un programa informático avanzado a través de la prescripción electrónica, que “permite valorar si en algunos casos se puede recurrir a modificaciones en el tratamiento, ya no sólo de la molécula, sino aplicar terapia secuencial, pasando de un antibiótico por vía intravenosa a vía oral”, aclaró Grau. Esto se relaciona con unos costes inferiores y un ahorro de vías innecesarias a los enfermos, lo que disminuye su riesgo de adquisición de nuevos patógenos.