Almudena Fernández Madrid | viernes, 06 de noviembre de 2015 h |

La figura de la enfermera gestora de casos (EGC), un modelo instaurado en muchos países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido o Australia, está también en auge en España. Aunque comenzó en 2002 en atención primaria y en 2003 en el ámbito hospitalario, y las primeras comunidades en reconocerla fueron Andalucía y Canarias, posteriormente se ha difundido a otras regiones como Cataluña, País Vasco, Alicante, Castilla y León, Murcia o la Comunidad de Madrid.

Así lo explicaron a GM Maribel Casado y Ángeles Pastor, presidentas del Comité Científico y Comité Organizador del 1º Congreso Internacional y Nacional de Enfermeras Gestoras de Casos, respectivamente.

Casado subrayó que las personas con enfermedades crónicas complejas son las idóneas para beneficiarse de los servicios de esta profesional. Se trata de pacientes con una alta complejidad en los que el sistema deja espacios sin cubrir en lo relacionado con la integralidad y la continuidad. Estos vacíos provocan que la complejidad aumente, ya que a más proveedores de cuidados y entornos en los que es tratado un mismo paciente, mayor complejidad y más necesidad de gestión del caso.

La EGC facilita la accesibilidad y la integración de los múltiples servicios gracias a una orientación proactiva, teniendo como base la valoración de necesidades de la persona, así como la ayuda a la toma de decisiones para pacientes y las personas que los cuidan en situaciones de alta complejidad. Todo ello colaborando con todos los profesionales del equipo “y teniendo como adalid la continuidad de cuidados y el acceso a los servicios”.

Este trabajo, agregó Pastor, ha demostrado no ser solamente rentable, sino que además aporta “eficacia, calidad y la satisfacción por parte del usuario es elevada”. Incidió en que, además de con el paciente, también se trabaja siempre con el cuidador que está detrás del crónico complejo, y gracias a esta labor se están obteniendo buenos resultados en la salud del paciente, en su calidad de vida, en la atención al final de la vida, y se produce una mejora en las intervenciones que se llevan a cabo.

En esta línea, la presidenta del Comité Científico del congreso apuntó a que el estudio sobre la efectividad del manejo del paciente en casa por parte de la enfermera gestora de casos en el modelo de atención primaria (Enmad, según sus siglas en inglés), realizado en Andalucía, evidenció cómo la persona que contaban con el servicio de gestión de casos mejoraró significativamente en su autonomía para las actividades de la vida diaria, incrementó ampliamente el manejo del régimen terapéutico, aumentó su accesibilidad a los servicios y disminuyó en gran medida la sobrecarga de la persona cuidadora.

Para que esta figura se generalice, ambas expertas señalaron que hay que integrar la figura de EGC dentro del catálogo de puestos de los sistemas sanitarios, regular y homogeneizar su práctica y ampliar su nivel competencial. Además, será imprescindible avanzar en la estratificación de pacientes susceptibles de beneficiarse de la gestión de casos. Para todo ello, se requiere una mayor inversión.

Un ámbito poco explorado en el que también tiene cabida la gestión de casos son los servicios de urgencias, dada su complejidad y la multitud de proveedores que intervienen en el mismo, tal y como señaló Casado. “Es necesario coordinar la atención dentro del servicio y asegurar la continuidad de cuidados de personas muy vulnerables y coordinar la continuidad de cuidados desde urgencias al domicilio”, remachó.