R.C. Madrid | viernes, 23 de octubre de 2015 h |

Para conocer con precisión la naturaleza y magnitud de la acumulación de daños en el genoma, que terminan provocando un cáncer, “el mejor camino que hoy ofrece la ciencia es la secuenciación del genoma completo del tumor de cada paciente”, explica Carlos López Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo.

Un trabajo complejo si pensamos, destaca este investigador, que “en cada una de nuestras células, el genoma está construido por más de 3.000 millones de nucleótidos”. Por eso, se hace necesario descifrar toda esa información para lograr identificar las mutaciones exactas y solo entonces ser capaces de definir tratamientos personalizados y distintos para cada paciente oncológico.

Y es en la personalización de estos tratamientos donde entran los Servicios de Farmacia Hospitalaria de los hospitales, tal y como se ha puesto de manifiesto durante la jornada ‘Innovación en Farmacia Oncológica’, patrocinada por Amgen. Como ha señalado López Otín, “igual que se han ido incorporando las nuevas aplicaciones surgidas de la investigación oncológica más reciente, ahora se abre el reto de hacer lo mismo con los trabajos relacionados con la investigación genómica”.

Así, ha continuado este profesional, es muy probable que la Farmacia Oncológica tenga que incorporar en sus estanterías nuevos tipos de fármacos como “células reprogramadas con los factores de Yamanaka y editadas con la ayuda de sistemas bacterianos, células inmunitarias educadas y potenciadas para luchar contra tumores específicos,virus modificados genéticamente para actuar como agentes oncolíticos u oligonuclétidos antisentido para bloquear la actividad de ciertos oncogenes”.

Retos en investigación genómica

Durante la jornada, se ha destacado también qué queda por hacer y hacia dónde va la investigación en genómica. Entre los retos para el futuro, López Otín ha señalado la importancia de identificar, entre los miles de mutaciones encontradas en cada tumor, cuáles son las impulsoras de la transformación maligna y cuáles son unas meras acompañantes del proceso. Y, por supuesto, aún queda un largo camino por delante para lograr la transformación de todo ese conocimiento genómico en aplicaciones clínicas, una labor en la que se vuelve a poner de manifiesto el papel crucial de la Farmacia Oncológica para “la implementación adecuada y ordenada de todos estos avances”, concluye este investigador.