C. OSSORIO Barcelona | miércoles, 30 de abril de 2014 h |

Si hasta hace algunos años no se podía hablar de tratamientos efectivos para la esclerosis múltiple, resulta sorprendente que en la actualidad se empiece a discutir sobre una posible profilaxis de esta patología. Sin embargo, como apunta Xavier Montalbán, director del Centro de Esclerosis Múltiple de Cataluña (Cemcat) y jefe de Neurología-Neuroinmunología del Hospital Universitario Vall d’Hebron, existen algunos factores, como ciertos virus, el tabaquismo, el sobrepeso o incluso cuestiones dietéticas como una excesiva ingesta de sal que, unos con mayor evidencia que otros, implican mayor susceptibilidad a padecerla y también peor pronóstico de esta enfermedad. Un listado al que se añade el nivel de vitamina D, según un trabajo del que Montalbán es firmante, presentado en la 66ª Reunión Anual de la Academia Americana de Neurología (AAN), celebrada en Filadelfia.

Como ejemplifica, en el caso de dos gemelos idénticos genéticamente, si uno tiene la enfermedad y el otro no, “en muchos ocasiones la diferencia estriba en que el que la tiene es fumador, o que hay una distinción en niveles de vitamina D entre ambos”. En concreto, niveles bajos de vitamina D no sólo se asocian a una mayor predisposición a desarrollar esclerosis múltiple, sino que es un factor predictivo de empeoramiento de la patología, tanto a nivel de progresión como de discapacidad.

El estudio presentado en el congreso, denominado Benefit, no estaba enfocado a priori a analizar la vitamina D, sino a estudiar el efecto de la terapia con interferón beta frente a placebo en pacientes con primeros episodios sugestivos, obteniendo resultados positivos. Es decir, los pacientes que recibieron esta terapia sufrieron menos conversión a EM. Pero, como aclara Montalbán, utilizaron las muestras de sangre de los pacientes del estudio para analizar los niveles de vitamina D (25-hidroxicolecalciferol) en sangre periférica y observar su efectividad como predictor de progresión, como ya había sido sugerido en análisis previos.

Pues bien, de esta forma pudieron concluir que niveles bajos de vitamina D, independientemente de la terapia con interferón beta, favorecen la conversión a esclerosis múltiple en un plazo de cinco años en aquellos pacientes que presentan síndrome clínico aislado.

En este sentido, los investigadores de este estudio, cuyo primer firmante es Alberto Ascherio, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, sugieren que se administre suplementos de vitamina D a estos pacientes con primeros episodios de EM.

De momento, aunque algún estudio parece demostrar que la administración de vitamina D mejora la evolución de la enfermedad, no se ha podido demostrar de manera concluyente, y Montalbán indica que hay dos estudios, uno en Australia y otro en Francia, que se están realizando en estos pacientes comparando vitamina D versus placebo. Aunque este experto considera que la demostración de que la vitamina D sea un “fármaco activo” en la EM será “muy complicado de demostrar”, puesto que no se puede realizar un estudio versus placebo cuando ya hay muchos fármacos que funcionan, la evidencia que apoya que es un factor de susceptibilidad y de empeoramiento avala que se suplemente la terapia con esta vitamina.

Bandas oligoclonales IgM

Otro estudio presentado en el congreso, auspiciado por la Red Española de Esclerosis Múltiple (REEM) y liderado por el Hospital Ramón y Cajal de Madrid —la primera firmante es la inmunóloga Luisa María Villar— revela cómo las bandas oligoclonales IgM, analizadas en el líquido cefalorraquídeo de los pacientes con EM, ayudan a identificar qué casos no presentan riesgo de leucoencefalopatía multifocal progresiva (LMP) cuando son tratados con natalizumab.

Una cuestión que no deja de ser llamativa, según Montalbán, puesto que, si estas bandas se han asociado a una peor evolución, con lo cual estos pacientes seguramente estarán tratados con natalizumab por ser un fármaco muy potente, ahora se sabe que, a su vez, su presencia protege del desarrollo de esta infección tan grave y se convierte en un biomarcador de seguridad.

Un estudio presentado durante el congreso, liderado por Bajesh Lal, cirujano vascular del Centro Médico de la Universidad de Maryland, aporta nuevos datos que apoyan el impacto de la estenosis de la carótida asintomática en la función cognitiva de los pacientes. Aunque esta hipótesis ha sido muy controvertida, ya que hasta el momento sólo ha existido información basada en comparaciones con controles sanos e inadecuada estandarización de parámetros, en esta ocasión el estudio utiliza datos transversales de una cohorte propectiva para realizar la primera comparación entre pacientes con la citada estenosis, frente a pacientes con comorbilidades vasculares similares, pero sin estrechamiento de la arteria carótida. En concreto, se realizó test de comprensión cognitiva a 67 pacientes con estenosis y 60 controles con afectación vascular, para demostrar que los primeros presentan peores resultados en todos los parámetros cognitivos estudiados. Así, se observa impacto en la velocidad motora y de procesamiento de información, en la capacidad de memoria y aprendizaje y en la atención en el trabajo. Donde no se registraron diferencias fue en el dominio del lenguaje.