C. S. Madrid | viernes, 30 de octubre de 2015 h |

Los asistentes al encuentro expusieron una ecuación en la que relacionaron la información que reciben los pacientes, su respuesta al tratamiento —entendida como disminución de discapacidad, reducción de brotes, etc.— y el cumplimiento terapéutico.

Así, plantearon diferentes operaciones que, aun no siendo matemáticas, son exactas. Por un lado, a más información, más adherencia terapéutica. Por otro, cuanto mayor sea este parámetro, más eficacia se obtendrá del tratamiento, más rentable se considerará y menor número de brotes sufrirá el paciente.

Es más, en palabras de Oreja-Guevara, el hecho de invertir en estas alternativas y que después la persona con EM no sea responsable consigo misma y con la enfermedad es un problema. “Es importante que el paciente se informe y pueda tomar decisiones consensuadas con el neurólogo”, afirmó.

En este punto, el director médico de Merck subrayó que dentro de los objetivos de la compañía no solo se encuentran la investigación, el desarrollo y la innovación de nuevos productos que puedan contribuir a mejorar los síntomas de la patología, sino que están volcados en dar con nuevos mecanismos que ayuden a facilitar el control de la adherencia, al tiempo que permitan conocer las necesidades no cubiertas de los pacientes.

Al respecto, Torredemer hizo hincapié en la necesidad de establecer “un clima y una relación de confianza” en donde pueda existir un diálogo bidireccional entre el médico y el paciente.

“Además, de que esto es básico para el tema de la adherencia, los pacientes tienen que asumir los efectos del tratamiento a corto y también a largo plazo; son factores de decisión importantes”, puntualizó la presidenta de EME, añadiendo que los especialistas deben informar sobre el tratamiento y su administración de “una forma clara y sencilla”. Palabras suscritas por Meca, quien zanjó el tema, diciendo que la adherencia, a fin de cuentas, es responsabilidad, de modo que es importante lograr que los pacientes sean cada vez más corresponsables y conscientes de su patología.

Salvador se mostró de acuerdo con Torredemer e incidió en que “siempre se ha de hacer un uso racional de los medicamentos y conseguir que el paciente entienda que va a convivir con la EM durante décadas, por lo que las decisiones de hoy importarán mañana”. Nuevamente, Meca se mostró de acuerdo con el director de la farmacéutica e hizo hincapié en que también las actuaciones de los profesionales tendrán influencia en el futuro de los pacientes.

Asimismo, los asistentes comentaron que aún existe una cierta estigmatización en torno a la EM y que ya es hora de desmitificarla. Hay que desterrar la idea de que la enfermedad sigue en el mismo punto que hace 20 años, destacó Salvador.

Equipo multidisciplinar

Otro de los temas que no pasó inadvertido fue la importancia de contar con equipos multidisciplinares para abordar la EM. Logopedas, urólogos, psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales, enfermeras, etc., forman parte del entramado que permite que el paciente esté más cuidado y mejor tratado.

Todos dejaron patente que la medicina de enlace; la interdisciplinar, es clave para seguir avanzando y que el paciente se sienta amparado. Con el abanico actual de opciones (tecnológicas) que existen, “si el paciente no tiene movilidad, que se mueva la información”, aseveró López de Silanes, al tiempo que recalcó que lo fundamental es fomentar el “tú a tú”.

En este punto, se habló de la labor que desempeñan las asociaciones de pacientes. Así, el experto insistió en que por muy pequeñas que sean las organizaciones el camino a seguir debe tender hacia la profesionalización. “Cuanto más profesionalizadas estén, más se podrá conseguir”, concluyó Oreja-Guevara, advirtiendo de que aunque el panorama es “muy alentador”, se precisa más consenso y trabajar conjuntamente en pro del paciente.