r.C. Madrid | viernes, 16 de mayo de 2014 h |

El edema macular diabético (EMD), un tipo de retinopatía diabética, es una de las causas de ceguera más frecuentes entre los menores de 50 años y una patología que, según varios estudios, podría afectar a más del 11 por ciento de pacientes con diabetes, tanto de tipo 2 como de tipo 1 de largo tiempo de evolución. Por eso, Marta S. Figueroa, presidenta de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV), pide a pacientes y profesionales mayor concienciación para que “todos los pacientes con diabetes sean vistos por el oftalmólogo para comprobar si existen o no lesiones en la retina”.

De esta forma, el EMD se detectaría precozmente y sería posible empezar antes el tratamiento, lo que se traduciría en mejores resultados. Actualmente, se utiliza la tradicional fotocoagulación con láser y, más recientemente, han aparecido tratamientos dirigidos contra el factor de crecimiento endotelial vascular (anti-VEGF) que, si bien consiguen buenos resultados, su efecto dura solo unos meses y son necesarias inyecciones frecuentes. Además, también es posible la inyección de corticoides en el ojo que, aunque con muy buenos resultados, pueden presentar complicaciones posteriores tales como cataratas o elevaciones de la presión intraocular.

La buena noticia es que, tal y como apunta Figueroa, existen ensayos clínicos con nuevos fármacos para esta patología que podrían llegar en breve a nuestro país. Pero, para que lleguen a todos los pacientes, es necesario el desarrollo de políticas que garanticen este acceso al tratamiento del EDM y, por ello, la Federación Internacional del Envejecimiento (IFA) y la Federación Internacional de Diabetes (IDF) han puesto en marcha un proyecto, cuyos resultados verán la luz en enero de 2015, de evaluación de la prevalencia y el impacto de esta patología en el mundo.

En una primera fase, se realizarán un total de 120 entrevistas a profesionales, pacientes y líderes de opinión en ocho países de alta, media y baja renta para, en una segunda fase, realizar encuestas basadas en los datos ya obtenidos en 40 paíeses. Con estos resultados en la mano, ambas entidades intentarán concienciar a los gobiernos sobre la necesidad de implementar programas de cribado, fomentar la investigación y garantizar el acceso a tratamientos.