Otorrinolaringología/ 62º Congreso de la Seorl-PCF y 1º de la Confederación Europa de la especialidad

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El diagnóstico temprano logra tasas de curación completa del 90% de los pacientes a los cinco años

La importancia de los implantes cocleares en niños sordos antes de los seis años fue otro asunto abordado

| 2011-07-08T18:07:00+02:00 h |

La poliposis nasal es una enfermedad de origen desconocido que presenta síntomas muy diversos, desde los más comunes como obstrucción nasal y pérdida de olfato, hasta otros secundarios como presión facial, halitosis o dolor dentario. Por ello, desde el congreso insistieron en la necesidad de manejar esta patología de forma multidisciplinar desde las especialidades de Neumología, Alergología y Otorrinolaringología, además de Atención Primaria, para lograr un correcto diagnóstico y una estrategia terapéutica unificada. “La poliposis nasal es una patología muy prevalente que no siempre está bien diagnosticada”, señaló Antonio Luis Valero, alergólogo del Hospital Clínic de Barcelona y presidente de la Sociedad Catalana de Alergia e Inmunología Clínica, durante el simposio Abordaje de la poliposis nasosinusal en el S. XXI, celebrado en el marco del congreso con la colaboración de MSD. De hecho, cuando las manifestaciones son leves, se confunde con una rinitis o una rinosinusitis y no se emplean los métodos diagnósticos necesarios. Según este especialista, “cuando un otorrino determina que hay poliposis, hay que descartar que haya problemas de asma o intolerancia a AINEs; en el caso del alergólogo, cuando ve una rinitis hay que valorar si hay poliposis; y el neumólogo debe preguntar si hay problemas nasales cuando diagnostica un asma alérgico”.

Adolfo Sarandeses, presidente de la Comisión de Rinología y Alergia de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, recordó que el grado de adherencia a la terapia en el caso de la poliposis nasal es tan irregular como ocurre con el resto de enfermedades crónicas, a pesar de su impacto en la calidad de vida.

C. Ossorio

Barcelona

Los tratamientos agresivos, como la laringuectomía o la traqueotomía, son hoy en día “perfectamente evitables” en la mayor parte de los pacientes que padecen cáncer de laringe, de los que se diagnostican unos 2.100 nuevos casos cada año. Así lo considera Primitivo Ortega del Álamo, presidente de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Patología Patología Cérvico Facial (Seorl-PCF), que celebró en Barcelona su 62º Congreso Nacional y el 1º Congreso de la Confederación Europea de esta especialidad.

El experto hizo hincapié en que el diagnóstico precoz y las actuales terapias avanzadas han logrado mejorar de forma importante la supervivencia de estos pacientes, así como su calidad de vida, y explicó que desde hace dos décadas están tratando estos tumores mediante cirugía mínimamente invasiva, por vía oral y asistido con láser CO2, lo que permite realizar resecciones parciales del órgano, conservando las partes esenciales para realizar la fonación y la deglución “sin deterioro alguno o con un mínimo deterioro”.

Por otro lado, el avance de la radioterapia combinada o no con quimioterapia ha registrado un progreso incluso en los casos de tumores avanzados. Ahora bien, Ortega del Álamo incidió en el diagnóstico precoz como “el mejor tratamiento”, ya que la supervivencia de los pacientes a los que se diagnostica un tumor incipiente o en fase muy temprana llega a alcanzar cifras próximas al 90 por ciento de curación completa a los cinco años. El diagnóstico actual no es agresivo, pues se realiza mediante procedimientos de endoscopia.

Como el principal responsable del cáncer de laringe es el tabaco, se está comprobando en poblaciones estudiadas que han abandonado el consumo un descenso en el número de casos, llegando incluso a desaparecer.

También se baraja la influencia de contaminantes ambientales, aunque no se ha podido demostrar plenamente, si bien “el consumo de alcohol sí está implicado en este tipo de tumor, pero su influencia es más notoria en los cánceres de hipofaringe y de esófago”, añade.

En otro sentido, durante el congreso se presentó el implante coclear en encapsulado de titanio más pequeño del mundo (de Med-EL), que ya está disponible en España.

En comparación con sus predecesores, es un 25 por ciento más fino y está diseñado para procedimientos quirúrgicos mínimamente invasivos. Cuenta con guías de electrodos finas y flexibles y un audio procesador externo que transforma los sonidos en señales eléctricas.

Implante coclear al año

Esta es la última innovación, aunque de un modo más genérico, Javier Cervera, otorrinolaringólogo del Hospital Universitario Niño Jesús de Madrid y presidente de la Sociedad Europea de ORL, explicó que los implantes cocleares actuales, que son multicanales, consiguen la percepción de todas las frecuencias, y por tanto codifican todos los sonidos.

Ahora bien, resaltó que la edad recomendable de la cirugía es alrededor del año de vida, con el objetivo de que el niño tenga ya facilitada la audición en el momento del desarrollo del lenguaje, que es a partir de entonces. Antes resulta complicado, ya que el diagnóstico no es seguro y se necesita que el niño tenga el suficiente desarrollo del cráneo donde se va colocar el implante mastoideo, así como de la cavidad de la mastoides por donde se va a llevar la guía de electrodos hasta el oído interno.

Hay una edad crítica, que son los seis años, a partir de la cual disminuye la efectividad del implante. “Si un niño se opera con un año, llegará a una discriminación del 100 por cien de las palabras y sonidos, pero a partir de los seis años el porcentaje de discriminación puede ser incluso tan solo del 20 por ciento. Por eso es muy importante la implantación precoz”, declaró Cervera.

Por último, añadió que el implante está indicado en todos los niños sordos, excepto en aquellos en los que exista una malformación del oído interno que sea la causa de la sordera, o que tengan fibrosis u osificación coclear debido a una meningitis. Entra dentro de las prestaciones de la Seguridad Social, como prestación ortoprotésica, y se contempla su renovación cada siete años.