Gaceta Médica Madrid | viernes, 06 de noviembre de 2015 h |

La cartografía óptica es una forma de estudiar las propiedades electrofisiológicas del corazón utilizando un contraste voltaje-sensitivo. Esto es, una sustancia que se inyecta en las coronarias en los corazones explantados de animales en los que se ha provocado un infarto, llega al interior de las células y cuando la actividad eléctrica interna de la célula cambia (potencial de membrana), la sustancia contraste cambia de color. Este cambio de color se puede registrar con una cámara situada cerca de la superficie del órgano. Estudiando los cambios de color, se conoce lo que está ocurriendo en el corazón tras el infarto. Esta técnica podría cambiar la forma en que se estudia el corazón infartado.

Como explica Ángel Arenal, investigador de la Red de Investigación Cardiovascular (RIC) y cardiólogo en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, la ventaja de la cartografía óptica es que no tiene ninguna de las limitaciones que presenta la electrofisiología clásica. Por ejemplo, el efecto de campo lejano. Los electrogramas que registra un catéter están influenciados por los campos eléctricos lejanos. “Con la cartografía óptica lo que estamos viendo es lo que sucede célula a célula y cómo es la secuencia de activación de las sucesivas células de una determinada cavidad. La imagen que obtenemos es mucho más próxima a lo que realmente está pasando”, señala.

Por el momento esta técnica sólo se puede emplear con corazones explantados. Pero trabajar con ella está ayudando a los investigadores de la RIC a descubrir diversos fenómenos. Ángel Arenal comenta que “está permitiendo conocer cuáles son las características electrofisiológicas de la cicatriz provocada por un infarto. Ahora somos capaces de analizar la electrofisiología de la cicatriz, cosa que hasta hace poco no se podía hacer”.

Sobre si será posible aplicar la técnica en seres humanos, Arenal se muestra optimista. “Es posible, porque se acabarán desarrollando contrastes electrosensitivos que se podrán utilizar en vivo. Ya hay endoscopios que se introducen dentro del corazón y sirven para ver el endocardio, pero todavía los contrastes son tóxicos. Si en el futuro tuviéramos contrastes no tóxicos y la posibilidad de hacerlos llegar al interior del corazón, seríamos capaces de ver cómo el endocardio se activa”.

Por otro lado, utilizando imágenes de resonancias magnéticas reales, los investigadores de la RIC están desarrollando la electrofisiología virtual, es decir, programas que simulan los circuitos eléctricos que aparecen dentro de una cicatriz postinfarto. La importancia radica en que utilizando una imagen de resonancia magnética se puede predecir donde van a estar localizadas las arritmias de un paciente.